Prácticamente todo el comercio internacional está regulado. Aquél que quiera comprar o vender frutas, pantalones o autos en el mercado internacional tiene que cumplir con complicadas reglas que están por encima de las leyes de cada país. Sin embargo, y aunque parezca increíble, no hay reglas globales para encuadrar el tráfico de armas. La consecuencia de esto es que tampoco se controla el uso que le dan a las armas los gobiernos en distintas partes del mundo y su desvío al terreno ilegal, en el que terminan en manos de delincuentes comunes, terroristas.
Esta situación podría cambiar si llegan a un acuerdo los representantes de 193 países que se reúnen a partir de hoy en la sede de las Naciones Unidas, en Nueva York. Está previsto que la Conferencia sobre el Tratado de Comercio de Armas dure hasta el 27 de julio. A la cabeza del equipo que redactó el borrador del tratado estuvo el diplomático argentino Roberto García Moritán, quien fue vicecanciller durante el gobierno de Néstor Kirchner. Desde 2009 se hicieron cinco reuniones del comité que preparó el texto que se discutirá.
Desde hace no menos de veinte años, organizaciones internacionales que representan a la sociedad civil en 125 países están exigiendo a los gobiernos que se sienten a discutir un Tratado de Comercio de Armas. Las trabas no han sido pocas, porque los principales beneficiados en términos económicos por el tráfico de armas son los países más poderosos del mundo. De hecho, los seis países que exportan las tres cuartas partes de las armas que circulan por el mundo son los cinco miembros del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (Estados Unidos, China, Rusia, Francia y Gran Bretaña) más Alemania. Así lo indican estimaciones extraoficiales, porque no hay cifras globales oficiales sobre el tráfico de armas.
Las organizaciones de la sociedad civil estarán presentes durante las negociaciones en Nueva York y lanzaron una gran presión durante las últimas semanas. Dos de ellas —Amnistía Internacional y Oxfam- consiguieron que una cantidad de figuras internacionales del espectáculo firmaran una carta dirigida al secretario general de las Naciones Unidas, Ban Ki-Moon, en la que le piden la aprobación del tratado.
Entre los firmantes de esa carta figuran los integrantes de la banda argentina de rock Los Fabulosos Cadillacs; los actores Scarlett Johansson, Gael García Bernal; los cantantes Annie Lennox y Miguel Bosé; los integrantes del grupo Coldplay y la célebre pacifista Yoko Ono, viuda de John Lennon.
"Cada año se produce un promedio de dos balas por cada persona que vive en nuestro planeta. Habiendo tan pocas normas globales para regular el comercio de armas, nadie puede saber realmente dónde van a terminar esas balas o qué vidas van a destruir", dice la carta.
"Exhortamos a los gobiernos a que acuerden un tratado que ponga fin a las innecesarias muertes y heridas que ocurren cada día como resultado de la violencia armada. Las decisiones que se tomen en este tema son verdaderamente una cuestión de vida o muerte", agrega el texto firmado por los artistas.
El miércoles pasado, organizaciones de derechos humanos organizaron un día de acción en distintas ciudades del mundo para pedir la sanción del Tratado. En Londres, por ejemplo, un tanque blindado paseó por distintas calles de la ciudad y fue hasta la puerta de cuatro embajadas, para ilustrar sobre la facilitad con la que ese vehículo circula por el mundo.
"Esta Conferencia que se inicia en Nueva York es histórica, porque nunca el mundo estuvo tan cerca de tener un tratado sobre comercio de armas. Nuestra organización está pidiendo que el incluya una regla de oro, que obligue a los Estados a no autorizar ventas de armas, cuando exista un riesgo sustancial de que éstas vayan a ser utilizadas para cometer o facilitar violaciones de derechos humanos", explicó Mariela Belski, directora ejecutiva de Amnistía Internacional Argentina.
Según organizaciones humanitarias, un promedio de una persona muere a cada minuto en algún lugar del mundo, como resultado de la violencia armada, mientras otros miles son abusados, heridos o forzados a huir de los lugares donde viven. Se estima que el tráfico de armas mueve al año 60.000 millones de dólares, que no sólo son combustible para la violencia, sino que también estimulan la corrupción y obstaculizan el progreso y desarrollo de los países más pobres.
Entre los países que más han cuestionado el texto que se discutió en las reuniones preparatorias del tratado de armas figuran algunos de los más grandes exportadores de armas, como Estados Unidos y China, y algunos de los principales importadores, como Egipto y Siria, que objetaron que se incluyan las municiones entre el equipamiento militar cuyo tráfico se restringirá si el tratado es sancionado. El borrador discutido hasta ahora no prohíbe la exportación de ningún tipo de armamento ni se involucra con la forma en que cada país regula la posesión por parte de los civiles, aunque obliga a evaluar cuidadosamente cualquier autorización de venta de armas y a hacerla pública.
Fuente: Amnistía Internacional