Hacer cumbre en el volcán Lanín, el pico emblemático de la cordillera neuquina, es un desafío para escaladores, pero también una aventura al alcance del turista medio sin experiencia en montañismo, siempre que un guía lo lleve por la ruta correcta y tenga buen estado físico.
El Lanín domina todo el parque nacional que lleva su nombre, en el sudoeste de Neuquén —límite con Chile— y desde cualquier punto de esa reserva se puede ver su típica forma cónica, como los volcanes de manuales escolares, azulado en sus laderas y con el bonete blanco de nieves permanentes en la cima.
También se lo ve desde la ciudad más cercana, Junín de los Andes, a unos 60 kilómetros, por encima de bosques de pehuenes y cerros por donde bajan correntosos ríos y arroyos de deshielo.
Su cima, a 3.776 metros de altura es una tentación para el turista de aventuras, a quien los guías de la ciudad allanan el camino, ya que para llevarlo sólo exigen un buen estado físico o entrenamiento como para cargar una mochila de unos 15 kilogramos durante dos jornadas y trekking de hasta 13 horas en un día.
La experiencia comienza en la tarde previa al día de la partida, con la charla a cargo de los guías y el chequeo del equipamiento, y sigue a la mañana, cuando se recorren las rutas 23 y 60 hasta el paso Tromen, donde se hace el rápido trámite de registro en la oficina de Parques Nacionales, que habilita la escalada.
"El Lanín es una montaña y una experiencia que genera un antes y un después en la vida gente", dijo Andrés Holzmann, un guía pionero en las escaladas al gigante de Neuquén, quien inició a cientos de turistas en esta experiencia.
El trekking es lento, con descansos de 15 minutos cada hora y culmina al llegar a los domos del refugio, a 2.300 metros del altura, después de casi cinco horas.
Las noches despejadas, como las de estos días, son ideales para contemplar la bóveda celestial con las estrellas al alcance de la mano o el paisaje iluminado sólo por la natural luz plomiza de la luna.
Sin embargo, esa experiencia conviene dejarla para el inicio de la segunda jornada, ya que el primer día se cena temprano y se duerme desde las 19, para poder levantarse entre las 2 de la madrugada y retomar la caminata rumbo a la cima, aún de noche.
A partir de los 2.600 metros hay hielo y es necesario calzarse los grampones, en tanto se pueden registrar nevadas más arriba según el clima del día, que suele ser cambiante en la altura.
La última jornada, los tramos a caminar son más extensos y se comienza en la oscuridad, pero al llegar a los 3.000 metros los expedicionarios son encandilados por el domo rojo del sol naciente, en unos amaneceres posiblemente irrepetibles.
A veces se descubre que durante la noche se ha nublado, pero las nubes están más abajo que el camino, como una gran llanura grisácea y algodonada en la que sobresalen algunos picos. La mayoría está hacia el oeste y son los gigantes chilenos Villarrica, Quetrupillan, Osorno, Llaima, Mocho Choshuenco y el volcán Puyehue.