Buenos Aires- Los cristianos iniciaron hoy la Semana Santa con la tradicional bendición de palmas y ramos de olivo, siete días en que se conmemora la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo.

Buenos Aires- Los cristianos iniciaron hoy la Semana Santa con la tradicional bendición de palmas y ramos de olivo, siete días en que se conmemora la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo.
El comienzo de la fiesta mayor de la catolicidad fue con misas en las principales catedrales del país, donde los obispos esparcieron agua bendita sobre los ramos de olivo y presidieron la misa que recuerda la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén.
En la Catedral metropolitana, la celebración eucarística fue presidida por el vicario general de Buenos Aires, monseñor Joaquín Sucunza, quien instó a los fieles a dedicar los tres primeros días de la semana a la relectura del relato de la muerte de Jesús según el evangelio de San Mateo.
“Es una tarea que les dejo, si es en familia mejor, y haciendo pausas en cada detalle, porque cada escena es interpeladora y nos revela la pobreza y grandeza del hombre”, aseguró.
Tras recordar que la bendición de ramos y la pasión del Señor están “inseparablemente unidas”, explicó que los ramos “acompañan un proceso que arranca hoy y llega hasta el Miércoles de Ceniza”.
Monseñor Sucunza aclaró, sin embargo, que el ramo “no es un amuleto sino el misterio pascual de Jesús llevado a la vida cotidiana, para sentir cómo imaginamos ha de ser nuestra vida durante el año”.
El prelado porteño destacó, además, el “gesto religioso de la comunidad católica de la Ciudad de Buenos Aires” que ayer bendijo a la gente y los negocios durante una procesión por las calles, desde Once y Liniers hasta converger en la basílica de San José de Flores donde el cardenal Jorge Bergoglio presidió la misa.
“Qué bueno es que Jesús haya entrado a la ciudad y nuestros hogares”, exclamó Sucunza, al tiempo que precisó que la semana santa “no es santa por decreto”, sino porque reedita “aquel camino redentor de la realidad humana”.
Los cristianos celebraron este domingo, según la tradición, la entrada de Jesús en Jerusalén para realizar la obra de la Redención, dado que allí iba a padecer, morir y resucitar.
Jesús entró en la ciudad, según relatan los evangelios, montado en un
burro, y fue recibido triunfalmente por el pueblo que con ramos de olivo en las manos
gritaba: “Hosanna al hijo de David; bendito el que viene en nombre del Señor”.
La celebración tiene dos partes: la bendición de los ramos, que se emplean en la
procesión en honor de Cristo Rey, y la Misa.
El lenguaje, los signos y los símbolos de la liturgia giran en torno de una idea fuerza: en Jerusalén ingresó Jesús y hoy los fieles vuelven a aclamarlo como rey de la paz. La procesión de los ramos es presidida por la máxima autoridad eclesiástica de cada lugar y se efectúa por la calle hacia el templo como expresión pública de fe. La liturgia es una mezcla de alegría y tristeza. (DyN)


