Escenario

"Los fans de los Stones son un caso curioso, único e irrepetible"

En su nuevo Libro, el periodista Juan Cruz revello refleja las historias de los fans de Los Rolling Stones alrededor del mundo y a través del tiempo.

Domingo 11 de Agosto de 2019

Los Rolling Stones son la banda de rock más longeva del mundo. Sus 60 años de historia quedaron grabados en cientos de biografías y libros de todos los formatos, con páginas que contaron cómo cinco chicos enamorados del blues y el rock & roll cambiaron la música del siglo XX para siempre. Corrieron ríos de tinta sobre sus éxitos, su talento, su rebeldía y sus excesos. Pero poco y nada se escribió sobre los que están del otro lado, los fans, los que siguen a la banda a través de las décadas y transformaron sus canciones en un estilo de vida. El periodista Juan Cruz Revello (nacido en Junín pero "nacionalizado" rosarino) decidió saldar esta deuda y dedicó más de tres años a seguir la ruta de los más diversos fans de los Stones que viajan por el mundo para ver al grupo. El resultado es el libro "La lengua universal", que llegó a las librerías a través de la editorial Gourmet Musical y del que este diario publicó un fragmento el 21 de julio.

En su recorrido Revello encontró a un fan alemán que vio hasta 300 shows de la banda, gente que atravesó todo tipo de peripecias para conseguir una entrada o un autógrafo y europeos que harían lo imposible por verlos en Argentina (el país más stone del mundo, se sabe). También cuenta cómo nació el bar porteño 40x5, el único bar tributo a Jagger y compañía en Sudamérica, y narra en primera persona cómo fue el histórico recital en La Habana, en marzo de 2016. En charla con Escenario, el periodista especializado en rock habló de la génesis del libro y criticó los prejuicios contra "los rolingas".

—¿Cuándo y cómo se te ocurrió escribir sobre los fans de los Stones?

—En el 2015 viajé a Orlando con un grupo de personas nucleadas por el Fan Club de los Stones en Argentina, We Love You, a ver un concierto de los Stones ahí en Orlando, porque realmente no creía que fueran a volver a tocar en Argentina. Para financiar parte del viaje realicé coberturas. En una de esas coberturas me sugirieron que el relato no esté centrado en el show, sino en cómo viajaban los fans de diferentes partes del mundo a verlos. Así fue que me conecté con muchas personas con historias maravillosas y sentí la necesidad de contarlas. De verdad me pasó eso de "alguien tiene que contar esto". Entonces empecé un domingo a la mañana del 2015 y estuve casi tres años y medio recolectando testimonios y viajando a donde podía. Llegué a más de ciento cincuenta personas y a treinta y tres países. En la edición final privilegié las historias que mejor podía contar y encajaban dentro del todo que forma el libro.

—¿Tenías alguna teoría sobre los fans antes de empezar el libro? ¿La pudiste confirmar?

—No tenía ninguna teoría antes. Pero apenas comencé lo que más me llamó la atención fue cómo personas de realidades socioculturales y socioeconómicas muy diferentes sentían la misma pasión por una banda de rock con casi 60 años de historia permanente. Es un caso muy curioso, único y seguramente irrepetible. Si bien la pasión no es patrimonio exclusivo de los Stones, la cantidad de años de vigencia y la masividad del grupo en cualquier parte del planeta automáticamente los hace distintos. A ellos y a los fans.

—Del recorrido que hiciste por países y recitales para escribir el libro, ¿cuál fue el momento que más te conmovió y por qué?

—Cuba fue muy especial. Hasta que no vi la gráfica del show por internet no lo podía creer realmente. Además, en lo profesional, fue un poco "pánico y locura en La Habana". Fueron 72 horas sin parar haciendo entrevistas de todo tipo: a castristas, anticastristas, fanas del rock, personas que no tenían ni idea, periodistas, otras que conocían la banda sólo de nombre, pibes de 18 años que abren puertas de coches en la madrugada, una revolucionaria que estuvo en Sierra Maestra... De todo. Y todos los testimonios coincidieron en que era impresionante e impensado tener a los Stones en su país.

—¿Cuáles fueron las figuritas difíciles? ¿A quién no pudiste encontrar?

—No me hice rollo con eso. Quien no quiso estar como testimonio no sufrió insistencia. En el libro hablo de que no existe un fanómetro, y que sería un horror si existiera. No me interesó para nada medir quién es más fan que quién. Si bien no soy inocente, y hay una elección de personas, lo cierto es que privilegié historias. Una persona de Londres allegada a ellos no quiso aparecer con su nombre, otra de Estados Unidos me dijo que saque info de su blog, otra sólo me daba la entrevista en el museo que tiene en Alemania... Esa gente no está. Pero sí fue muy amable Bill German, por ejemplo, que tuvo un fanzine muy conocido y un acercamiento privilegiado a la banda, y es uno de los testimonios más ricos del libro. De Argentina nadie me dijo que no. Bah, una persona nunca me contestó el correo que le envié a su secretaria (risas).

—En el libro se toca un tema polémico: la identidad y el estereotipo del rolinga y sus diferencias con los demás fans de los Stones. Algunos testimonios aportan una visión crítica del rolinga. ¿Cuál es tu mirada personal?

—En general me parece que hay bastante prejuicio y un dedo acusador que no me gusta. En particular no soy de las personas que creen que los rolingas no saben nada de la banda o cosas por el estilo. No reniego ni ahí del rolinga. Básicamente es una marca de época, de la cual formé parte como tantos otros adolescentes de la década del noventa. Nunca fui rolinga, pero sí fui parte de ese mundo donde, para muchos, la música era un refugio. Tampoco creo en eso de "te sigo desde Cemento", ni en la apropiación de los artistas, me parece aburridísimo caer en eso. A mí me gusta compartir y entender los gustos de las otras personas, aun cuando difiero. Y si esas personas son rolingas o marcianas, bueno, me interesa saber qué opina una marciana de "Paint It Black". Sí entiendo que tal vez hoy se transformó en un estereotipo: es posible que haya trascendido las barreras del rock y la estética rolinga hoy forme parte de una escenografía urbana no sólo ligada al rock ni propiedad exclusiva de los Rolling Stones. Es un tema divino, del cual se podrían hablar horas.

—Se ha escrito mucho sobre Jagger y compañía. Ahora vos escribiste sobre sus fans. ¿Qué aspecto de la banda faltaría descubrir?

—Me gustaría leer un libro sobre las letras de los Stones. Sobre la relación de las letras y realidades sociopolíticas de diferentes épocas, donde se tejan relaciones entre lo que cantan y las relaciones de poder. Y el vínculo con la literatura universal y con la cultura popular. Sobre todo para desmitificar que sus letras no son buenas, porque no es cierto.

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