El Mundo

Trump, Kim y la enorme tragedia que amenaza a media Asia si fracasa la negociación

Domingo 03 de Marzo de 2019

No se puede negar que Trump tiene valor, o al menos fuertes dosis de inconsciencia. Su desconfianza visceral hacia los profesionales de la diplomacia lo llevó a chocarse contra la pared en Hanoi. Todo jefe de Estado tradicional y responsable evita este tipo de tropiezos mediante un expediente sencillo: deja negociar a los especialistas de su cancillería, el Departamento de Estado en este caso. Después, si hay acuerdos de base, se sigue adelante con reuniones entre "sherpas" y cancilleres y finalmente, si todo cierra, se hace la cumbre de presidentes. Cierto, siempre puede fallar, sobre todo cuando el tema es muy complejo y de larga data, como este, y el presidente que lidera las negociaciones apuesta a la preeminencia de su figura para forzar un resultado. Algo que no es privativo del volcánico Trump. Un ejemplo de manual: las fallidas negociaciones palestino-israelíes de Camp David en el 2000, impulsadas por Bill Clinton en su último año de mandato. Duraron 14 días, y se estuvo muy cerca de un acuerdo final, que hubiese ahorrado ríos de sangre y padecimientos, pero Yasser Arafat se negó al acuerdo con Ehud Barak.

   Es cierto que el canciller estadounidense Mike Pompeo negocia desde hace mucho tiempo con los norcoreanos, pero es evidente por el abrupto final de la cumbre de Hanoi que había demasiado margen de negociación abierto. Demasiados temas a discutir cuando los documentos ya estaban redactados y listos para la firma de los presidentes. Es que Trump confía solamente en él, en esa fuerza especial que solo tienen los líderes. Transfiere al terreno de las relaciones internacionales entre Estados su modo de negociar en los asuntos empresarios, donde seguramente habrá ganado cientos de veces con esa impronta de jugador de póker. A veces le sale bien: claramente, reformó el Nafta con Canadá y México a su gusto, o sea, "a las trompadas", y contra el criterio de muchos analistas. Después de negociar unilateralmente, incluso humillando públicamente a cada uno de los socios, logró imponer casi todas sus condiciones. Pero no debe olvidarse que se trataba de comercio, un terreno mucho más familiar para el empresario Trump que el de las armas estratégicas, de las que sencillamente no parece saber nada.

   Acá surge un enorme peligro extra: si se cae un acuerdo de comercio TLC, mala suerte, se perderán empleos, o se dejarán de crear, no se abrirán mercados, etc. Pero si se negocia un tratado que debe lograr la "desnuclearización" de una de las zonas más calientes del planeta, los efectos del fracaso serán otros. Todo indica que se seguirá negociando y que habrá una tercera cumbre. La voluntad de llegar a un acuerdo parece estar en las dos partes y en quienes son interesados directos: Corea del Sur y Japón. Pero hay alto riesgo de una escalada si al final fracasan definitivamente las negociaciones. Tal como ocurrió entre Israel y los palestinos aquel año 2000, apenas volvió Arafat de la cumbre en Estados Unidos y estalló una verdadera guerra.

   Estados Unidos tiene gran número de fuerzas en el Pacífico y nadie tiene dudas de cuál sería el resultado final de un conflicto militar. El problema no es este, sino la enorme cantidad de víctimas y daños que dejaría la guerra en toda la región. Y cómo actuaría China ante el aniquilamiento de su pupilo norcoreano, por cierto.

   En una guerra abierta, Corea del Sur vería a su capital, Seúl, reducida a cenizas, aún si se evitara el uso de armas nucleares. Pyongyang ha construido miles de búnkers para su artillería dentro del alcance de Seúl, que queda a solo 60 km de la frontera. Una debilidad estratégica del Sur. Se supone que los misiles norcoreanos con potencial nuclear serían destruidos por ataques aéreos de precisión antes de partir: Se les debe cargar combustible líquido y esto retrasa la operación de lanzamiento. Lo que más preocupa es saber si Norcorea ya tiene misiles intercontinentales con múltiples ojivas de reingreso (MIRVS).Es dudoso que domine esta compleja tecnología, así como la del arma termonuclear que asegura haber alcanzado; lo más seguro es que cargue en sus misiles armas atómicas de fisión de baja potencia. El sistema antimisiles Thaad desplegado en Surcorea por EEUU debería dar cuenta de los misiles de corto y medio alcance, pero una parte siempre pasará. Y si llevan armas químicas la devastación en Corea del Sur y eventualmente en Japón sería aún de mayor escala. En cuanto a los misiles de largo alcance, los ICBM, Obama anuló el "escudo" antimisiles de Bush, el único que podía contrarrestar este tipo de armas. Ni el Thaad ni el sistema SM-3 de la Armada pueden detener un ICBM. Si sonaran las alarmas en California, blanco seguro de los ICBM de Kim, los habitantes del Estado demócrata deberían recordar esta decisión del presidente mejor tratado por la prensa global en décadas.

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