El Mundo

El informe Bachelet y el caso Afiuni dañan al chavismo

El reporte de la ONU fue un golpe muy duro para el régimen. Y la liberación de la jueza recordó su alevosa detención por orden de Chávez.

Domingo 07 de Julio de 2019

La jueza María Lourdes Afiuni debe ser la única magistrada en el mundo que pasó de su despacho a una celda por una orden dada en cadena nacional por el dictador del país. Fue Hugo Chávez en 2009, furioso porque Afiuni había concedido la libertad a un empresario adversario del caudillo. A inicios de este año, Afiuni, en libertad condicional desde 2013, fue condenada a cinco años de prisión por "corrupción espiritual" (sic: el derecho penal chavista es una burla hasta en las figuras que se inventa). Pero frente su debilidad ya inocultable, el régimen de Maduro la liberó bajo el peso del demoledor informe de la ONU redactado por el equipo de Michelle Bachelet. Vale detenerse en dos puntos sobre este reporte: primero, el régimen intentó rebatir a Bachelet el mismo día de su publicación, que ya incluía la réplica de Caracas, pero se dio cuenta que no le llegaba ni a los tobillos, ni en datos ni en poder comunicacional. Al otro día, este viernes, llegó la liberación de Afiuni y de otros 21 presos políticos, la mayoría estudiantes detenidos por las protestas de 2017 que se saldaron con más de 125 jóvenes asesinados. En segundo lugar, las críticas feroces de los sectores radicalizados de la oposición venezolana a Bachelet por su visita de tres días a Venezuela (estuvo entre el 19 y el 21 de junio) se demostraron erradas. El "poder de fuego" de Bachelet y su informe fue imposible de deslegitimar por el chavismo y sus aliados estatales y mediáticos en toda América. Se necesitan más Bachelet, no menos. El radicalismo anti-MUD puede ser muy satisfactorio en las redes sociales, pero es totalmente inefectivo para combatir a la dictadura en la vida real.

Hoy, el régimen está a la defensiva y debe refrenar a sus verdugos del Sebin, el Faes y los "colectivos", al menos por unas semanas. Esta lucha es así, día a día, semana a semana. Hoy, Guaidó está un poco más fuerte y Maduro y sus militares torturadores, un poco más débiles. La soledad del acto militar del 5 de julio es una prueba: Maduro saluda a las tropas que desfilan en un enorme escenario rodeado de interminables gradas vacías. Es cierto que el alevoso asesinato bajo tortura del capitán Rafael Acosta Arévalo potenció la denuncia de Bachelet y atravesó su visita. Arévalo estaba siendo torturado a muerte en el

DGCIM cuando Bachelet llegaba a Caracas. Una escena digna de una película de Costa Gavras, si existiera hoy un Costa Gavras, que no lo hay, por el conformismo moral de cineastas y artistas y escritores en general. Así como nadie en ese sector se escandaliza con el castrismo, tampoco hay reacción con el chavismo, por más horror íntimo que causen sus torturas y desapariciones. Esas son cosas solo imputables públicamente a la derecha, jamás a la izquierda.

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