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EEUU finalizó su retirada militar de Irak tras nueve años de guerra

Ayer partieron las últimas tropas que quedaban en el país árabe. Así se cumplió la promesa de Obama. El conflicto se cierra con una frágil democracia que aún debe luchar contra los insurgentes.

Lunes 19 de Diciembre de 2011

Bagdad.- El último convoy con soldados estadounidenses partió ayer de Irak, poniendo fin a casi nueve años de guerra que costaron la vida a cerca de 4.500 militares del país norteamericano y a decenas de miles de iraquíes. El conflicto armado que comenzó en marzo de 2003, cuando los misiles cayeron sobre Bagdad para derrocar al entonces presidente Saddam Hussein, se cierra con una frágil democracia que aún lucha contra los insurgentes, afronta tensiones sectarias y el reto de definir su lugar en una región árabe en plena convulsión.

La columna final de unos 100 vehículos blindados resistentes a las minas MRAP que llevaba unos 500 soldados rodó por el desierto del sur de Irak desde su última base en plena noche y hasta el amanecer a lo largo de una autopista vacía hacia la frontera kuwaití.

Haciendo sonar las bocinas, los últimos 25 camiones y trailers que llevaban tanques Bradley cruzaron la frontera en la madrugada de ayer y sus tripulantes saludaron a otros soldados en el camino.

"No puedo esperar para llamar a mi mujer y a mis hijos para que sepan que estoy a salvo", dijo el sargento de primera clase Rodolfo Ruiz cuando la frontera estaba a la vista. Poco después, le dijo a sus hombres que la misión había terminado: "Hey chicos, lo lograron", agregó.

Realidades diferentes. Para el presidente estadounidense, Barack Obama, la retirada supone cumplir su promesa electoral de devolver a los soldados a casa tras un conflicto heredado de su predecesor, la guerra más impopular desde la de Vietnam y que ha manchado la reputación de EEUU en todo el país.

Sin embargo, para los iraquíes supone una sensación de soberanía atemperada por los temores persistentes a que su país pueda volver a hundirse en el tipo de violencia sectaria que casi provocó una guerra civil entre 2006 y 2007.

El gobierno dirigido por el primer ministro Nuri al Maliki sigue lidiando con un delicado acuerdo para compartir el poder entre partidos shiítas, kurdos y sunitas, que deja al país vulnerable a la interferencia de naciones sunitas como Arabia Saudita y shiítas como Irán.

La intensidad de la violencia y de los atentados suicidas ha remitido, pero la tozuda insurgencia islamista sunita y las milicias shiítas rivales siguen siendo un peligro y cometen ataques casi a diario, a menudo contra objetivos del gobierno y de las fuerzas de seguridad.

Sin capacidad. Irak sostiene que sus efectivos pueden contener la violencia, pero carecen de capacidad en áreas como defensa aérea y recopilación de información. Un acuerdo para que varios miles de militares estadounidenses se quedaran como capacitadores fracasó debido al delicado tema de su inmunidad legal.

Para muchos iraquíes, la seguridad sigue siendo su principal temor, al igual que la falta de empleo y de energía eléctrica en un país en el que sólo hay unas pocas horas de luz diarias a pesar de su enorme potencial petrolero.

Varias empresas estadounidenses y de otros países ya están ayudando a Irak a desarrollar sus reservas, las cuartas mayores del mundo, pero su economía necesita inversión en todos los sectores, desde los hospitales a la infraestructura.

"Un país destruido". "No pensamos en Estados Unidos... Pensamos en la luz, en trabajos, nuestro petróleo, nuestros problemas diarios", dijo en Bagdad el funcionario Abas Jaber. "La guerra ha dejado un caos", sostuvo.

"Con este retiro, los estadounidenses dejan detrás un país destruido", se lamentó por su lado Mariam Jazim, una shiíta cuyo padre fue muerto por un disparo de mortero en la Ciudad Sadr. "Los estadounidenses no dejaron escuelas modernas ni grandes fábricas. Dejaron en cambio miles de viudas y huérfanos", afirmó.

Las tropas estadounidenses, que habían terminado las misiones de combate en 2010, pagaron 100.000 dólares al mes a los jeques tribales para asegurar las autopistas que llevaban al sur y reducir el riesgo de ataques y bombas contra los últimos convoys.

En Irak llegó a haber más de 170.000 soldados estadounidenses en más de 500 bases. El sábado quedaban menos de 3.000 y sólo una base, Adder, a unos 300 kilómetros al sur de Bagdad. Ahora sólo permanecerán 150 en una misión de formación y cooperación en la enorme embajada estadounidense en Bagdad, a orillas del río Tigris.

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