Educación

La lectura como puerta para imaginar otros mundos posibles

Docentes y escritoras coinciden en alentar la lectura por placer y rescatan la multiplicidad de soportes para leer

Sábado 08 de Febrero de 2020

¿Por qué leer? ¿Qué leer en la escuela? ¿Qué rol tienen las familias? ¿Compiten libros impresos y pantallas? Un grupo de docentes y escritoras comprometidas con la promoción de la lectura coincide en alentar esta práctica por placer, casi de manera contagiosa y más bien alejada de imperativos morales, además de recomendar una buena selección de historias y cuentos. Consultadas por La Capital, rescatan también la multiplicidad de soportes y lenguajes en que hoy también se pueden disfrutar buenos textos literarios. Opiniones que suman al Plan Nacional de Lecturas que se presentó esta semana en Rosario.

Paola Piacenza es doctora en letras, coordina el área de lengua en el Colegio San Bartolomé y afirma que la lectura importa "porque es una ocasión para encontrar palabras e historias para nombrar el mundo y a nosotros mismos, lo que resulta indispensable en la infancia y adolescencia". Para la docente, que en 2017 fue una de las ganadoras del Premio Nacional Vivalectura (categoría "Comprensión lectora"), esas historias, personajes, poemas, citas o una obra completa "permanece en la memoria de los adultos como parte de su imaginación, es decir, como su posibilidad para comprender situaciones propias y ajenas, crear nuevas ideas, acceder a otras lecturas, inventar (no solo literatura, también, ciencia)".

En este camino de formación de lectores, para Piacenza "la familia debe estar atenta a los intereses y búsquedas de los chicos para acompañar con buenos libros y lecturas (literarias, de divulgación científica, periodísticas, de historietas y novelas gráficas) que alimenten, multipliquen y expandan esos temas o preocupaciones", porque de ese modo "leer pasará a formar parte de la vida genuinamente como otras actividades (las deportivas, de la vida escolar, del tiempo libre)". La docente opina demás que, en el mismo sentido, se debe exigir a la escuela que la lectura sea una práctica esencial del aula y apoyar sus propuestas. "La lectura de la escuela —explica— debe continuar en la casa como parte de las conversaciones familiares; de la exploración de la biblioteca familiar o una biblioteca pública cercana". Y aclara: "Una mala idea es alentar la lectura en términos morales: la lectura no nos vuelve mejores personas y no mejora necesariamente la ortografía; tampoco es un castigo porque tiene malas calificaciones en la escuela. La lectura vuelve más interesante la vida: lo que no es poco".

Otros mundos posibles

¿Cuál es la importancia de incentivar a la lectura desde los más chicos? Para Carolina Musa —escritora, directora de la editorial local Libros Silvestres y coordinadora de los talleres de escritura para niños de la Biblioteca Vigil— "si hablamos de leer literatura, lo que sabemos es que permite imaginar otros mundos posibles", y que "más allá del dominio de una técnica (la lectoescritura es un piso en que se asienta el mundo en que vivimos), la literatura —a diferencia de otras lecturas— abre puertas, la posibilidad de reflexión y toma de posición, la imaginación de futuros/ideas/mundos diferentes a los que la propia experiencia nos enfrenta". Consultada por el rol que debe cumplir la familia en este tema, señala: "No creo que haya ningún deber ser en relación a un rol familiar. Donde hay familiares cercanos que son lectores (mamás papás abuelxs otrxs) posiblemente vamos a tener niñxs lectores. Pero esa tampoco es una fórmula. Para mí la literatura (la lectura de) está ligada a una experiencia del placer, y en ese sentido mi única recomendación es no convertirla en una obligación".

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Derecho a la imaginación

El año pasado, la docente Valeria Zaffaroni obtuvo el segundo premio del Vivalectura en la categoría “Estrategias de promoción de la lectura en entornos digitales” por el proyecto “Los dibu perdidos”, una propuesta que apunta a fomentar la lectura y escritura con alumnos de primaria con situaciones de sobreedad. Maestra de la Escuela Nº 1.280 Soldado de Malvinas, Zaffaroni entiende que las buenas prácticas de lectura les otorgan a los niños “el derecho a la imaginación y la expresión por sí mismas, como un medio natural para desarrollar las capacidades intelectuales al máximo”, y que las mismas “constituyen en el hacer diario un puente favorecedor de la comunicación, la relación con el otro (estableciendo vínculos afectivos), y la afirmación de la personalidad y el aprendizaje”. Asimismo, dice que la escuela invita a repensarla como un espacio placentero, cuyas estrategias de promoción incluyen lo fantástico, lo informativo y lo científico, “para que sea posible construir nuevas miradas sobre el mundo”.

“Estas prácticas cotidianas nos enfrentan a distintos tipos de lecturas, con una finalidad o propósitos diferentes. Cada una de ellas requiere diversas formas de abordarla, sumadas a los muchos tipos de textos, lugares desde donde se lee y múltiples lectores. Pero particularmente en el aula, necesitan de un docente mediador y modelo de lectura, que no solo los invite a leer sino que les contagie las ganas y el gusto por la misma”, agrega sobre el papel de la escuela en la promoción de esta práctica. Respecto del rol de las familias, sostiene que “es la base de toda buena educación, por lo que la familia que promueve buenos hábitos de lectura promueve al mismo tiempo seres reflexivos, comprensivos, expresivos y —sobre todo— personas facilitadores de la comunicación y la socialización”.

Formas de habitar el mundo

“Ante todo, repensar algunos conceptos. Los libros y las lecturas no son bienes o prácticas naturales, sino formas de habitar el mundo que son transmitidas de generación en generación, a través de vínculos de curiosidad, necesidad, fuga, placer, comprensión, búsqueda de conocimiento (del mundo, de los otros, de sí mismos). El libro, como objeto cultural, y la lectura, como práctica que habilita los múltiples sentidos de la palabra, son cosas inventadas, a las que las personas acceden porque abren o porque alguien les abre las puertas de la lectura letrada”. Quien así lo explica es Claudia Martínez, educadora y coordinadora de la Biblioteca Popular Cachilo, de Virasoro al 5600, institución que cuenta con un taller literario, otro de juego y lectura y una bebeteca que estimula el placer por los libros en los más pequeños.

“Desde que miramos por primera vez el mundo —dice Martínez— nos leen y estamos leyendo, nos armamos de sonidos, canciones, ritmos, gestos, voces; fragmentos de material sensible que las personas llevamos impresos en nuestro espíritu y que nos construyen como sujetos, que nos hacen quienes somos. Como dice Laura Devetach así construimos, sin saberlo quizás, nuestro camino lector. Nuestra textoteca interna se moviliza, retumba, se transforma con cada nueva lectura encontrada u ofrecida”.

La coordinadora de la Cachilo dice que si bien la práctica lectora tiene muchas bondades, no alcanza con subrayar sus cualidades para generar interés. Sobre todo, “porque leer no es una práctica sencilla”. “La lectura —agrega— es una experiencia a la que llegamos por deseo o por necesidad. Necesidad de compartir, de saber, de pertenecer, de encontrar, de transmitir y, por qué no, de enamorar. La experiencia de la lectura es un impulso vital que surge desde adentro hacia afuera. Pero también es cierto que los impulsos ajenos entusiasman y cuando alguien necesita y comparte su necesidad con pasión y convicción, puede despertar en los otros nuevos impulsos. Esta práctica cultural puede transmitirse y aprenderse en el vínculo entre persona; incluso las lecturas más solitarias están articuladas en tramas socioculturales. Y si es una práctica cultural es un derecho a ejercer. Tener acceso a libros o diferentes soportes de lectura y ofrecer un tiempo-espacio cotidiano para probarlos es una oportunidad para disponer de este derecho cultural”.

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Lecturas y pantallas

Las docentes y talleristas consultadas por La Capital reflexionaron además acerca de cómo trabajar la promoción de la lectura en un mundo atravesado por imágenes y pantallas. Paola Piacenza aclara que lo más importante es no presentar una disyuntiva entre el mundo de papel y el digital: “Las pantallas son otro soporte más para la lectura y, en ese sentido, extendieron la posibilidad de leer. Las imágenes son también objetos de lectura. De hecho, hoy hay un gran desarrollo de libros álbum para chicos y de novelas gráficas para los más grandes que comprendieron que era una buena idea seguir leyendo más allá de las palabras, en relación con las imágenes”. Dice también que lo que importa es apropiarse de los nuevos lenguajes para expandir la lectura y que “a los chicos les gusta leer, están esperando la ocasión de encontrarse con maestros y familias que lean con ellos con entusiasmo e interés verdaderos, con buenos libros y con tiempo para leer”, por lo que “el problema no son las imágenes y las pantallas, es la falta de tiempo no solo físico sino cierta ‘temporalidad’ caracterizada por el detenimiento, la atención sostenida, ocio”.

“En la actualidad —dice por su parte Valeria Zaffaroni— los docentes debemos ingeniárnosla para presentar propuestas atractivas para que al niño le llame la atención leer: ¡Todo un desafío!”. Para la maestra de la Escuela Soldado de Malvinas, “pueden pensarse actividades donde se mezclen la lectura con la tecnología, por ejemplo a partir de la lectura de un cuento corto que elijan los niños poder buscar una edición digitalizada de la misma y luego comparar en qué se parecen y en qué se diferencian, generando así un debate”.

Carolina Musa plantea su disenso con la palabra “trabajo” de la pregunta. Y agrega: “Francamente para mí no entran en competencia pantallas y libros. Ni todas las pantallas son malas ni todos los libros son buenos. Porque el problema no es el soporte sino la calidad de la ficción que acercamos a los chicos, y la calidad de la experiencia que habilita. En el caso de los libros, sobre todo con chicos pequeños, abre la posibilidad de compartir un momento muy íntimo con ese lector/a adulto, de inventar las historias a través de los dibujos, de contar y volver a contar mil veces una historia reinventándola cada vez. Se dice mucho que los chicos no leen (insisto: ficción). Creo que es una cuestión muy compleja para tan poco espacio, en la base misma está el hecho de que los adultos no leen (insisto: ficción) en parte porque el ritmo vertiginoso del mundo actual hace difícil un momento de relax, concentración y abstracción como exige la lectura. Creo que dos claves posibles son 1) generarse ese tiempo, y 2) ¡elegir muy bien qué leemos!”.

Sobre el tema de lecturas y pantallas, Claudia Martínez (Biblioteca Cachilo), opina que hoy la literatura infanto juvenil toma préstamos de muchísimos lenguajes, en especial en el nuevo género del libro álbum. “Hermosos libros que pueden ir acompañados de buenos compañeros de ruta: la televisión, internet, los videojuegos, los celulares y muchas otras tecnologías. Sin embargo, creo más que el rechazo mayor es a la lectura obligatoria, la lectura predigerida, la lectura de única interpretación y sentido y a la de mala calidad o muy dirigida”, apunta la docente. Recuerda al respecto a “la gran susurradora” Mirta Colángelo cuando contaba que un joven en taller en la cárcel le decía: “En el cielo te leen poesía, en el infierno te la explican”. También cita a la escritora Laura Devetach, “que nos dice que hacer leer significa, la mayoría de las veces, dejar leer. Y agrego, ofrecer una buena carta, convidar, tentar y dejarnos leer y vernos leer”.

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>> Libros recomendados para niñas, niños y adolescentes

Las docentes consultadas por La Capital también recomendaron lecturas para chicas y chicos no lectores de la primaria y para adolescentes. Estas son sus respuestas:

Paola Piacenza: “Para los más chicos, hay una literatura infantil argentina extraordinaria que puede interesarles no solo porque cuenta buenas historias sino porque están escritas en una lengua cercana: el humor de Ema Wolf y Ricardo Mariño; las historias de Graciela Montes y Graciela Cabal. Para los adolescentes que no leen sugeriría empezar por las novelas que les gustan “a los que sí leen” porque de ese modo, leer pasará a formar parte, también, de una sociabilidad con otros lectores (amigos, compañeros de escuelas, las recomendaciones de booktubers adolescentes que se encuentran en la red). Recomendaría las sagas que nutren al cine y los videojuegos: las de J. K. Rowling, Suzanne Collins, Rick Riordan y de Andrezj Sapkwoski.

Claudia Martínez: “En primaria, primero leer poesía es a la vez música y palabra, y decir “palabra” o “música” es casi tanto como decir “humanidad”. La poesía es un país en el que crecemos y del que somos desterrados al crecer. Ofrecer a grandes poetas como María Elena Walsh, María Cristina Ramos, Laura Devetach. También a cuentistas maravillosos como Gustavo Roldán, Ricardo Mariño, Silvia Schujer y tantos escritores argentinos. No olvidar Libro álbum maravillosos como Donde viven los monstruos, todos los libros de Anthony Browne; para los pequeñitos, la colección Duraznos de Pequeño Editor. Los clásicos siempre presentes en todas sus versiones... menos las lavaditas e insulsas Un pequeñito paneo para empezar y podemos seguir edulzando nuestros ojos con ilustraciones de Rebeca Dautremer, Benjamin Lacombe ¿Y para los adolescentes? Como los viajes iniciáticos de los cuentos clásicos, los adolescentes abandonan la infancia, para comenzar un viaje y transformarse. Y como dice nuestra querida Bodoc: “No es lo mismo crecer con Alicia que sin ella. Porque no es lo mismo cumplir años si conocemos los no cumpleaños. Es indispensable caerse por un pozo infinito sin lastimarse. Porque duele menos crecer si sabemos que hay un bocado de hongo que puede regresarnos a la infancia. Y desde ese viaje podemos llegar a la Saga de los confines de su autoría y llegar a la saga del Señor de los anillos, grandes relatos míticos. Volver a los mitos para pensarnos y encontrarnos en el viaje como Ulises. No abandonar nunca las aventuras para el buen viaje”.

Valeria Zaffaroni: Para los niños que comienzan, historias cortas. “Las cajas para el aula” que hay en las escuelas poseen una gran variedad de títulos y están muy bien pensadas para ellos. Libros de fantasía, historias realistas, cómic. Es mucho lo que circula pero podría mencionar algunos como Silvia Schujer, Nik, Chanti. Mientras que para los adolescentes también existe una muy buena diversidad de textos como por ejemplo Emilio Salgari y su Corsario negro, Liliana Bodoc y El espejo africano.

Carolina Musa: “Recomendar lecturas a alguien que no lee es un completo desafío por no decir una quimera. Hay tanto para recomendar!!! Pienso que para las familias una buena pista es fiarse de algunas editoriales que tienen catálogos muy sólidos, incluso de algunos/as libreros/as especializados en literatura infantil y juvenil. En mi experiencia como coordinadora de espacios de lectura y escritura con chicos, uso mucho material muy diverso, que incluye clásicos (de los hermanos Grimm a Horacio Quiroga, Roald Dahl o María Elena Walsh), autores contemporáneos (David Wapner, María José Ferrada, Nicolás Schuff, Roberta Iannamico) o textos escogidos de autores que usualmente no se consideran infantiles (Storni, García Lorca, Prévert, Bradbury, Wilde, entre muchos otros)”.

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