Educación

"La escuela debe ser la principal herramienta de ruptura de las desigualdades"

El ministro de Educación de la Nación, Nicolás Trotta, adelantó los ejes de su gestión y destacó el vínculo con los docentes.

Sábado 01 de Febrero de 2020

Infraestructura escolar, el Plan Nacional de Lecturas y el regreso de la paritaria nacional docente fueron algunos de los ejes de trabajo desplegados por Nicolás Trotta desde el 10 de diciembre, cuando asumió como ministro de Educación de la Nación. Un Ministerio que —recordó— durante la gestión de Cambiemos incumplió con las leyes educativas, al tiempo que rompió “todos los puentes” de diálogo con los gremios docentes.

En una entrevista con La Capital, Trotta dijo que “el enfrentamiento irracional” con el sector docente “obstruye cualquier implementación de las políticas educativas”. Confirmó que en las próximas semanas se anunciará un nuevo plan nacional de conectividad y afirmó que “las mejores escuelas tienen que estar en los lugares de mayor necesidad”. También instó a hablar en las aulas sobre lo ocurrido en Villa Gesell (el crimen de un joven por el que fueron imputados diez rugbiers), dijo que esa violencia desplegada en la ciudad balnearia “se vincula a una violencia machista” y aseguró: “Frente a estos hechos siempre miramos a la escuela, pero también le tenemos que dar mucho más a la escuela, como sostenimiento de las políticas, formación de nuestros maestros e inversión”.

—¿Con qué Ministerio se encontró al llegar?

—Nos encontramos con un Ministerio que había tenido una enorme pasividad frente a lo que implicó el incumplimiento de leyes centrales que marcaron el consenso que empezó a transitar la Argentina en términos educativos en 2005 y 2006, como la ley de financiamiento, la ley de educación nacional o la de educación técnica. Leyes programáticas que a partir de la asunción del gobierno de Cambiemos se empezaron a incumplir. Un ejemplo objetivo y concreto de eso es el fuerte retroceso en términos de inversión educativa que transitó la Argentina en los cuatro años de gestión de Macri. El 2015 fue el primer año que se logró cumplir lo que marca la ley de inversión del 6 por ciento del PBI (producto bruto interno) solo en educación, porque los años previos se incluía el componente de ciencia y tecnología. Entonces, 2015 es el primer año que se supera el 6 por ciento, lo que nosotros consideramos un piso en inversión educativa. A partir de entonces comenzó un retroceso que dejó a la educación en 2019 con una inversión del 4,8 por ciento. Eso en cabeza no solo de la pasividad del Ministerio de Educación en términos de inversión propia del ejecutivo nacional, sino también de la baja inversión de las jurisdicciones educativas de las provincias. Y al mismo tiempo encontramos un Ministerio que había roto todos los puentes con las organizaciones sindicales docentes y que había una marcada ausencia de diálogo con la mayoría de las jurisdicciones educativas. Si uno no tiene la posibilidad de dialogar y de construir consensos en la diversidad de miradas que puede haber es muy difícil imaginar un proceso de recuperación de nuestra educación. Entonces, para nosotros el eje que debe tener nuestra gestión es el diálogo, el consenso, el sostenimiento de esos consensos y lograr un camino que permita que en los próximos cuatro años se cumpla la ley de financiamiento educativo y todo el plexo normativo que implicaron consensos profundos que la Argentina supo consolidar y construir en el Congreso Nacional.

"Cuando llegamos encontramos un Ministerio que había roto todos los puentes con las organizaciones sindicales docentes"

—Cuando en diciembre presentó su gabinete en el Palacio Pizzurno dijo “nunca más a los enfrentamientos con los docentes” ¿Qué consecuencias trajo esa política del gobierno saliente?

—Creo que el conflicto con el sector docente, la falta de diálogo o el enfrentamiento irracional obstruye cualquier implementación de las políticas educativas. Creo que ese es un punto a tener en cuenta. Eso no implica que no hay tensiones o que no va a haber diferencias, pero lo que no se pueden abortar son los canales de diálogo, porque cualquier iniciativa pedagógica ingresa al aula de la mano de los maestros. Y el conflicto con las organizaciones sindicales obstruye un vínculo con un sector fundamental de los maestros y maestras. En ese sentido creemos que es fundamental institucionalizar todos los espacios necesarios para lograr los consensos y que el Ministerio de Educación nacional pueda ejercer un liderazgo positivo de marcar el camino en lo que deben ser las políticas pedagógicas. Esos consensos que hay que construir es un poco lo que pretendemos hacer, no solo a partir de la agenda que estamos impulsando, sino también a partir del trabajo y de la labor del Consejo Federal de Educación, que para nosotros es una herramienta central, además de la paritaria nacional docente.

—Además de la cuestión de la infraestructura escolar planteada esta semana ¿Cuáles son los otros ejes de la agenda inmediata de la gestión?

—Son diversos. Como eje más sustantivo, obviamente la lógica de construir consensos, de lograr trazar un camino que permita el cumplimiento de la ley de financiamiento educativo. También planteamos un esquema de avance de la escolarización temprana. No solo en el cumplimiento de la obligatoriedad en la sala de cuatro, sino avanzar en la sala de dos y la de tres, poniendo el foco en los sectores de nuestro país con mayor nivel de vulnerabilidad por lo que todos sabemos: que la escolarización temprana tiene un impacto muy positivo en las trayectorias educativas de todos esos niños y niñas que acceden a la escuela. Otro eje importante es la jornada extendida de nuestro secundario, en un vínculo fuerte con el mundo del trabajo, con actividades deportivas y culturales mientras se va subsanando la problemática de la infraestructura. Porque eso te permite la articulación con organizaciones de la sociedad civil que posibiliten que nuestros adolescentes estén dos, tres o cuatro horas adicionales en tareas educativas, no necesariamente pedagógicas, pero si organizadas por la escuela. Y otro punto importante es una agenda relacionada a la formación de nuestros maestros y maestras, respetando la tradición de nuestros institutos de formación. Creemos que hay que ordenar toda la propuesta de formación que hay en la Argentina, con la multiplicidad de institutos que hay y, desde el gobierno nacional, a partir del Instituto Nacional de Formación Docente que asume un liderazgo importante. Cómo trabajamos en garantizar que la formación inicial de nuestros maestros y maestras garantice el acceso a una formación de calidad. Eso también implica trabajar con cada una de las jurisdicciones educativas. Hay más de 1300 institutos de formación docente en todo el país con características muy disímiles.

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—¿Cómo plantea el vínculo entre la masividad del sistema y la calidad?

—No creo que exista contradicción alguna entre inclusión, universalización y calidad. Lo que sí tenemos que ser conscientes es que nuestro sistema educativo vive su momento de mayor democratización de acceso en todos los niveles, desde el inicial hasta el universitario, más allá de las particularidades del desgranamiento que están sufriendo algunos de estos niveles como puede ser el secundario y donde hay que poner el foco en particular. Y también la realidad es que nuestra escuela no está exenta de la crisis social que atraviesa la Argentina. Cuando el país se derrumba y se desfinancia nuestro sistema educativo, el derrumbe es acorde al de la sociedad. En ese sentido, uno piensa por qué en ciertas en instancias de evaluación, que algunos sectores de los medios ponen mucho el foco en vez de ponerlo en las políticas que se implementan para mejorar nuestra escuela, los resultados no son positivos. Porque tenemos una profunda crisis social y porque los procesos educativos son de largo aliento y hay que sostenerlos. Cuando analizamos los procesos de inversión educativa, los 90 se caracterizaron por una baja inversión educativa y por terminar un proceso de provincialización de la educación que inició la dictadura en los 70. Transitamos la crisis profunda de 2001 y 2002. Los ochenta tampoco fue una década de priorización en la inversión educativa. Llegamos a 2002 y 2003 en una profunda crisis. Allí se hace eje en hacer posible lo imposible, que era poner una centralidad en términos de la educación. A partir de ese marco legislativo acompañado por todas las fuerzas políticas se empezó a transitar un camino distinto, siempre con la posibilidad de ser mejorado, pero que implicaba ciertos consensos. Ahora, los resultados no aparecen de la noche a la mañana, hay que sostenerlos. Sostener el proceso de desarrollo en la Argentina, las políticas educativas y los procesos de inversión. Y no llegamos a una década de una inversión sostenida y mínimamente necesaria para la mejora de nuestro sistema, cuando se volvió a retroceder en ese sentido. Creo que ahí nos tenemos que llevar un aprendizaje social que si queremos seguir profundizando la calidad educativa lo que tenemos que hacer es no solo hablar sino construir esos consensos que se traduzcan en el sostenimiento de las políticas y en los procesos de inversión.

—Cuando se habla de la escuela muchas veces se dice que son instituciones del siglo XIX con alumnos del siglo XXI ¿Coincide con esta mirada?

—Nosotros tenemos desafíos del siglo XIX, del siglo XX y del siglo XXI de manera simultánea en nuestra escuela. Tenemos escuelas públicas que están en la vanguardia no solo de la tecnología sino ediliciamente, en los servicios y prestaciones, y en el propio capital social y educativo de sus estudiantes. Y después tenemos escuelas que no solo no tienen conectividad sino que tienen letrina y no tienen agua potable. En esa realidad un punto que tenemos que tener centralidad es que hoy la escuela no está pudiendo romper la desigualdad con la que llegan nuestros niños y niñas. Y muchas veces la escuela termina asemejándose a la realidad social en la que está emplazada. Las mejores escuelas están en los lugares de mayor ingreso. Las escuelas con mayor necesidad son las que están en las regiones más vulnerables, porque muchas veces la propia comunidad es la que permite la mejora del establecimiento educativo. Pero la realidad es que si nosotros queremos que sea ese espacio de ruptura de la desigualdad, las mejores escuelas tienen que estar en los lugares de mayor necesidad. Cuando hay más necesidad tiene que haber más escuela, tiene que haber mayor inversión prioritaria. Es ahí donde uno observa que tenemos un sistema educativo por momentos del siglo XIX con maestros del siglo XX y alumnos del siglo XXI. Eso tenemos que lograr abordarlo simultáneamente. No nos puede detener la agenda del siglo XIX para no abordar los desafíos del siglo XXI. Ni los desafíos del siglo XXI hacer no visibilizar los problemas sociales profundos que nuestra escuela tiene en distintos lugares de la Argentina. Que no hay que irse muy lejos de las grandes ciudades. Uno recorre los lugares más vulnerables de Rosario o del gran Buenos Aires y observa esos niveles de profunda inequidad. Cómo también los observa en muchas regiones de nuestro NEA y NOA.

"Las mejores escuelas tienen que estar en los lugares de mayor necesidad”

—¿Qué va a pasar con el plan Conectar Igualdad?

—Vamos a estar presentando en las próximas semanas un plan nacional de conectividad. Estamos terminando de evaluar la experiencia del plan Conectar Igualdad, la experiencia de los últimos cuatro años de la gestión de Macri y experiencias de distintas provincias de la Argentina para poder presentar un nuevo programa nacional vinculado a la conectividad, el acceso a hardware, a la producción de contenidos educativos tecnológicos, el uso de TICs en el aula y un sinnúmero de propuestas. Creemos que más allá de esta realidad de condicionamiento fiscal es fundamental poder avanzar en una agenda de esas características.

—Un ministro de la anterior gestión se presentó ante empresarios como un gerente de recursos humanos ¿Cómo le gustaría presentarse ante la población?

—Como un ministro de un gobierno que asume la responsabilidad de que la escuela sea la principal herramienta de ruptura de las desigualdades que tiene la Argentina. Si no logramos que la escuela rompa esas desigualdades vamos a seguir siendo un país que no puede desarrollarse con plenitud. Y a diferencia de las gestiones anteriores, siempre sostenemos que somos un Ministerio que tiene 56 mil establecimientos educativos, más de 10 millones de estudiantes y más de un millón de maestros y maestras. Por eso para nosotros una definición central es que hay que federalizar las políticas educativas, para que podamos avanzar en las rupturas de desigualdades sociales y educativas que hay en la Argentina. Tenemos un deber moral y ético de garantizar una educación transformadora en toda la Argentina. Uno no puede estar condicionado por la cuna en la que nace y que no haya una escuela que ayude a romper esa realidad, porque sino vamos a seguir viviendo en una Argentina donde las desigualdades se profundizan. Y con una desigualdad profunda nunca vamos a poder ser una sociedad plena.

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>> El crimen de Villa Gesell y la violencia machista

El ministro de Educación de la Nación, Nicolás Trotta, se refirió también al homicidio de Fernando Báez Sosa ocurrido en Villa Gesell, por el cual están imputados diez jóvenes jugadores de rugby.

—¿Qué reflexión hace sobre lo ocurrido en Villa Gesell y lo que puede hacer la escuela sobre el tema?

—Hay que hablarlo. Hace poco lo dije y generó algún tipo de rispideces en algunos sectores marcados por la intolerancia. Creo que son cuestiones que hay que hablarlas. No hay una única herramienta que permita el abordaje de esa problemática. Lo que sí merece una reflexión es que, frente a estos hechos, siempre miramos a la escuela. Y es justo que así lo hagamos. Pero cuando miramos a la escuela también implica que le tenemos que dar mucho más a la escuela. Le tenemos que dar sostenimiento de las políticas, formación de nuestros maestros y procesos de inversión. Creemos que tiene que haber un abordaje en la escuela. Creo que la violencia desplegada en Villa Gesell se vincula también a una violencia machista, a estos estereotipos de machismo que están impregnados en nuestra sociedad. Parte del desafío para romper con ese estereotipo es la responsabilidad que tiene la escuela de respeto al otro, de la valoración positiva de la diversidad en sus más amplias expresiones, desde la diversidad sexual, de origen, social y la ruptura de estos procesos de violencia que están intrínsecos en ciertos sectores de nuestra sociedad. Parte del desafío lo tiene que asumir la escuela, como también la problemática relacionada a los consumos problemáticos como el alcohol, que no se le da la centralidad que se le debería dar como a otros consumos problemáticos. Me parece que ahí nuestra escuela tiene una responsabilidad primaria y es un desafío que asumimos desde nuestra gestión. Y una de las herramientas que se vinculan a trabajar sobre la violencia machista es la aplicación de la ESI en el aula. Por más que a ciertos sectores no les guste comprenderlo, la ESI es mucho más que educación sexual vinculada al respeto del cuerpo, a la mirada tradicional de la educación sexual. También es una herramienta de lucha contra toda expresión de violencia, intolerancia y discriminación. Es una mirada mucho más amplia que ciertos sectores reaccionarios parece que no logran comprender y piensan que la educación sexual tiene un vínculo retrógrado vinculado a lo reproductivo.

—Bueno, incluso está ese eslogan que dice “con mis hijos no te metas”.

—Bueno, pero me parece que tenemos que ser conscientes de los enormes beneficios que tiene la ley de educación sexual integral y cómo también ha permitido que a partir del respeto de la niñez y al cuerpo de cada chico y chica, se han podido detectar muchísimos casos de abusos a niños y niñas que en la inmensa mayoría son intrafamiliares. Entonces, ahí también la ESI es una herramienta fundamental para darle visibilidad a una problemática subterránea y escondida. Y ese es un rol del Estado que nosotros debemos asumir.

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>> Hacia una nueva oleada democratizadora en el acceso a la universidad

—¿Qué universidad sueña para esta etapa del país?

—Creo que nuestra universidad es un ejemplo para América Latina. Es el nivel educativo que objetivamente mejor funciona en la Argentina, que mejor respuesta da. Hoy tenemos un sistema universitario federal, pujante, robusto. Que obviamente hay que seguir avanzando en lograr el mayor involucramiento en nuestras universidades. No solo en la formación de nuestros ciudadanos y en los futuros profesionales, sino también en que las universidades sigan siendo actores centrales en la recomposición del perfil de desarrollo de las comunidades que integran. En eso también vivimos un proceso de democratización y de acceso como nunca antes en la historia, como las nuevas universidades del Bicentenario. En algunas de ellas más del 95 por ciento son primera generación de estudiantes universitarios los que transitan por sus aulas. Yo creo que eso tiene un efecto transformador inconmensurable en el presente y de suma trascendencia. En lo que tenemos que seguir trabajando, y que muchas universidades lo vienen haciendo, es que el perfil del ingresante, tan democratizante y representativo de este nuevo sector social que está ingresando a la universidad, también se vea reflejado en el perfil del egresado. Que el desgranamiento no termine golpeando tanto a aquellos que son los primeros en sus familias en ingresar a la universidad. Eso demanda por un lado un acompañamiento pedagógico en la universidad y obviamente un proceso de recuperación de la economía en términos generales de la Argentina. Pero también demanda que repensemos nuestra escuela secundaria, para que pueda haber una nueva oleada democratizadora de acceso a la universidad, no solo vinculado a lo que son el acceso a esos saberes valiosos que el secundario debe garantizar, sino también para que nuestra escuela secundaria sea un espacio que permita que quienes egresen se perciban como estudiantes universitarios. Que se pueda romper esa barrera que muchas veces hace que el sector popular no se sienta en condiciones de traspasar la puerta de la universidad.

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>> Puiggrós, Gentili y Diker, en el gabinete

Apenas dos días después de asumir en el cargo, Nicolás Trotta presentó en el Palacio Pizzurno a los integrantes de su gabinete en el Ministerio de Educación. Entre ellos, se destaca la presencia de Adriana Puiggrós, reconocida educadora de extensa trayectoria en el ámbito académico que ocupa la secretaria de Educación. Por su parte, Gabriela Diker (doctora en Educación y exrectora de la Universidad Nacional de General Sarmiento) fue designada como secretaria de Evaluación e Información Educativa, Pablo Gentili (exsecretario ejecutivo de Clacso) como secretario de Cooperación Educativa y Acciones Prioritarias, la tucumana Mercedes Leal como directora del Instituto Nacional de Formación Docente (Infod), Graciela Morgade en la Subsecretaría de Participación y Democratizacion Educativa, y el científico y divulgador Diego Golombek como titular del Instituto Nacional de Educación Técnica (Inet). Asimismo, la especialista Graciela Frigerio fue designada como asesora en el Ministerio.

Por su parte, Jaime Perczyk (hasta ahora rector de la Universidad Nacional de Hurlingham y ex viceministro de Educación durante la gestión de Alberto Sileoni) ocupa la Secretaría de Políticas Universitarias.

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