Educación

La alfabetización, un derecho y un acto de justicia social

El Centro Cultural Qué Te Pasa convoca a voluntarios para enseñar a leer y escribir en barrios populares y cárceles

Sábado 07 de Marzo de 2020

Para ellos saber leer y escribir es un derecho humano básico e ineludible. Algunos son estudiantes y otros educadores jubilados, pero comparten un denominador común: se sumaron como voluntarios alfabetizadores con la convicción de que si hay personas vulneradas en sus derechos es urgente la necesidad de justicia social.

El programa Alfabetización Santa Fe, que depende del Centro Cultural Que te Pasa (QTP), la Multisectorial de Solidaridad con Cuba y Patria Grande, tiende una amplia red de capacitadores en los barrios más vulnerables de la ciudad, constituyéndose en una referencia real en alfabetización de adultos. Lanzaron una convocatoria para sumar alfabetizadores con el objetivo de ampliar esa red y expandir su tarea en más barrios y cárceles de la zona.

Basado en el método cubano "Yo sí puedo", el programa tiene como objetivo incluir a las personas una vez alfabetizadas, en la escuela primaria o los centros de alfabetización y educación básica para adultos de la provincia de Santa Fe. La primera etapa del proceso consiste en realizar un relevamiento de las personas analfabetas en los barrios y las cárceles que lo requieran, para luego asignar en esos lugares los capacitadores necesarios.

El programa funciona desde 2013 en la Unidad Penitenciaria Nº 6, pero con el paso del tiempo los alfabetizadores también se hicieron presentes en distintos barrios de la ciudad como Santa Lucía, Las Delicias, Tío Rolo, Itatí y Empalme Graneros. Actualmente el desafío asumido son los barrios Ludueña y Tablada, para los cuales se realizó una convocatoria de voluntarios para el próximo 10 de marzo en el QTP. Los interesados pueden contactarse a través de la página de Facebook Alfabetización Santa Fe, o dirigirse a la sede de QTP, en Richieri 340, teléfono 3415201524.

Por la justicia social

El equipo de voluntarios con los que cuenta el programa es diverso. Estudiantes, jóvenes, trabajadores y trabajadoras de mediana edad y mayores también. El compromiso es el mismo: acompañar el proceso de alfabetización como un acto de justicia social y restitución de derechos.

Florencia Bambi tiene 36 años, es técnica superior en familia y niñez y desde hace casi un año forma parte del programa brindando un taller de cuentos en la unidad penal Nº 6. Para ella, la experiencia de alfabetizar "es positiva siempre" y remarca que cada trabajo que hacen lo realizan desde una perspectiva de derechos: "Siempre decimos que cuando vamos a un penal o a un barrio estamos ejerciendo un acto de justicia social. No podemos creer que en los tiempos que corren personas de determinadas edades no sepan leer y escribir y que no tengan acceso a los bienes culturales". A Florencia la motivó el compromiso hacia el otro. Un deber que, entiende, "tenemos que tener como ciudadanos por una patria mas igualitaria".

La conciencia del compromiso con el otro es una máxima que guía el trabajo cotidiano que realizan los alfabetizadores

Fanny Tissembaum es docente jubilada y se acercó al grupo de voluntarios pensando en un camino a recorrer que no quedara lejos de la educación y que la conmoviera. También es alfabetizadora en el penal Nº 6 y con unas cuarenta personas más realiza distintas tareas. "La actividad fundamental es la alfabetización pero no es la única. Tenemos una biblioteca, donde vienen los delegados de cada pabellón, se crean espacios donde se trata de promover la lectura, también hay talleres de derechos humanos, de teatro, y de cuentos, entre otros", dice Fany, para quien alfabetizar no es hacer beneficencia sino restituir derechos.

Estudiante de Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional de Rosario (UNR) y militante de la agrupación Febo Asoma, Emanuel Navarro se sumó hace poco a la campaña de relevamiento en el barrio Empalme Graneros. "Me motivaron a acercarme mis convicciones y la idea de restituir derechos, porque no saber leer y escribir cierra puertas, y ojalá podamos llegar a la mayor cantidad de gente posible", dice el joven, uno de los más recientes voluntarios que se incorporó al programa.

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Acompañamiento

Guillermo Cabruja es coordinador del programa Alfabetización Santa Fe y explica que durante el relevamiento inicial los capacitadores pueden encontrarse con diversas situaciones. Desde los analfabetos puros que no conocen las letras porque no han ido nunca a la escuela, hasta analfabetos funcionales, "que han ido hasta tercero, cuarto o quinto grado, pero tienen mucha dificultades para pasar un pensamiento a la escritura y comprender un texto", apunta. Además dice que hay una tercera opción que es el analfabeto con alguna discapacidad: "En estos casos a veces no se logra el objetivo, pero lo importante es el acompañamiento realizado a esa persona y su familia".

Pero en el transcurrir del proceso siempre pasan cosas que tienen que ver con los vínculos, lo afectivo y los lazos creados. Y cuenta el caso de Josefa, una vecina de barrio Las Delicias que fue asistida por cuatro alfabetizadores: "Teníamos cuatro voluntarios para una sola persona. Con esto quiero decir que en esta tarea no hay una cuestión de eficiencia, simplemente sucedía que para nosotros Josefa era lo mas importante en ese momento y ella tenía que aprender a leer y escribir. Entonces si somos uno o cincuenta por uno, no nos importa". En el relato del coordinador está siempre presente la conciencia del compromiso con el otro como una máxima que guía el trabajo del alfabetizador, y deja en un segundo plano los conceptos de eficiencia y maximización de recursos.

Un trabajo artesanal

El relevamiento casa por casa, ese primer paso del proceso, es un trabajo artesanal de salir al barrio y golpear puerta a puerta. Preguntar a los vecinos si les interesa aprender a leer y escribir, si es que no saben, e invitar a participar a aquellos que saben. En esta tarea los alfabetizadores valorizan la idea de comunidad y ponen de manifiesto una perspectiva de educación entendida como un derecho de todos.

"Alfabetizar es la restitución de un derecho y por lo tanto un acto de justicia. El derecho a la educación es como el derecho al agua, como el derecho a la libertad, como el derecho a circular. Además la educación es la base de muchos otros derechos. No saber leer y escribir te obliga a mentir continuamente para acceder a derechos. Que un adulto no sepa leer y escribir también es un acto de injusticia", dice el coordinador de Alfabetización Santa Fe.

Hace poco mas de un año, el Centro Cultural QTP, junto a la Dirección de Inclusión y Desarrollo Sociocomunitario de la UNR y la Biblioteca Popular Juanito Laguna, realizaron un relevamiento en el barrio Santa Lucía, con resultados preocupantes sobre el analfabetismo. "Convocamos a voluntarios y fuimos casa por casa en todo el barrio Santa Lucía, las dieciocho manzanas, eran 450 casas de las cuales relevamos 300. En esas casas detectamos 84 analfabetos, un tercio de ellos eran menores de 30 años y otro tercio tenían entre 30 y 50 años. Lo que quiere decir —explica Cabruja— es que tenemos cinco analfabetos por manzana en Santa Lucía". Este año hicieron un relevamiento similar en Las Delicias, donde en ocho manzanas detectaron treinta personas que sabían leer y escribir. Y en la cárcel, de 432 personas que relevaron, 108 dijeron que no sabían leer y escribir, lo que representa un 25 por ciento de esa población. En tío Rolo rastrillaron dos cuadras y ya detectaron más cantidad de analfabetos de las que podían atender.

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Un libro para Fidel

Si Cabruja tiene que mencionar una experiencia de alfabetización que lo haya marcado no lo duda y dice: "Los muchachos de la Unidad 6". Y recuerda: "Empezamos a alfabetizar en la unidad carcelaria Nº 6 en diciembre de 2013, en el pabellón nueve que es evangélico, y ahí capacitamos a dieciocho personas. En junio del 2014 terminamos el proceso con una graduación que fue una verdadera fiesta".

Nueve de esos muchachos que se graduaron iniciaron un taller literario. Empezaron a escribir y producir textos. Por eso Ariana Daniele —quien conducía el espacio— les propuso hacer un libro, que se llama Entre mandarinas y tumbas (2016). El libro, que tenía una autobiografía de cada uno de ellos, llegó a Cuba. "Lo llevamos para los noventa años de Fidel Castro y el que se lo entregó fue (Miguel) Díaz Canel, que ahora es el presidente de la isla. Todo ese recorrido, desde el 23 de diciembre de 2013 que entramos a la unidad hasta que entregamos el libro en manos de Fidel fue todo un proceso enriquecedor", recuerda Cabruja.

El coordinador destaca además que la experiencia de Cuba no sólo fue emotiva sino que además contribuyó a formarlos aún más en la propia tarea alfabetizadora, porque en ese momento el trabajo que habían comenzado en los barrios tenía resultados distintos a los esperados: "En un principio cuando llegábamos a un barrio íbamos a la biblioteca o al merendero, convocábamos a la gente y ellos venían al lugar. La gente empezaba a ir pero a la décima clase comenzaban a abandonar. Cuando viajamos a Cuba vimos un documental y entendimos como había sido el proceso de alfabetización que se había hecho en la isla en lo años 60. El analfabetismo radicaba en la gran ruralidad que tenía Cuba en ese entonces, los capacitadores iban a las casas y se instalaban en los hogares de lunes a viernes, de día ayudaban a las familias a trabajar y de noche enseñaban a leer y escribir, por eso el símbolo de la alfabetización en la isla es un farolito, porque se realizaba cuando no había luz". "Ahí entendimos porqué nosotros en la cárcel lográbamos los objetivos y en los otros destinos como los barrios no, entonces dijimos hay que ir a las casas. A partir de ese momento empezamos a tener resultados más favorables".

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Hijos del neoliberalismo

La reflexión sobre el rol del Estado no tardó en llegar, especialmente en los años donde fue conducido por gobiernos neoliberales que no se han ocupado de proteger a la ciudadanía. La década de los noventa y los cuatro años del gobierno nacional anterior tienen para Cabruja mucha responsabilidad en este estado general de derechos vulnerados de una gran porción de la población.

Para el referente del programa, si bien la ley argentina dice que es obligatorio que toda persona acceda al jardín, la primaria y la secundaria, en el marco en el cual se mueven "existe una situación general de vulneración de derechos", donde queda claro que el Estado "no está cumpliendo con su obligación de instruir a la población".

"La mayoría de los pibes que atendemos en la cárcel son producto del neoliberalismo de la década del 90. Son aquellos que por esos años eran niños que estaban en la calle o pidiendo mientras la escuela pública se transformaba en grandes comedores, que con el esfuerzo de los docentes trataban de retenerlos", dice Cabruja. Y agrega: " Lo vivido en estos últimos cuatro años con la eliminación de planes como conectar igualdad, la destrucción de las escuelas técnicas, la eliminación de las escuelas del delta, fue toda una cantidad de políticas tendientes a quitarle recursos al sistema educativo, y que contribuyó a que nuestra comunidad no aprenda a leer y escribir". Completa estas ideas al sostener que "no saber leer y escribir es una indignidad", y que en consecuencia "el alfabetizador trabaja para reparar esa situación". El coordinador afirma que ese "acto de amor y de atención del otro" puede generar grandes transformaciones. Pequeñas revoluciones en cada una de aquellas personas que luego del proceso alfabetizador sienten una reparación.

Cabruja toma el libro entregado en Cuba entre sus manos y dice tener allí la evidencia de que esas revoluciones son posibles. La evidencia es la autobiografía escrita en ese libro por uno de los presos alfabetizados en la unidad Nº 6. Cabruja la cita con orgullo: "Mi nombre es Iván Ezequiel Galarza, siempre fracasando, hoy gané".

   

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