Educación

Estudiantes que celebran tener una escuela abierta a la vida

Los secundarios de la Bernardino Rivadavia valoran poder hablar y debatir de todos los temas en las aulas.

Sábado 28 de Octubre de 2017

En la Escuela Secundaria Nº 432 Bernardino Rivadavia se respiran aires renovados. En pleno mediodía, el concierto de bocinas de Boulevard Oroño contrasta con la música suave de un piano. En el patio del colegio, que se ve desde la calle, un grupo de chicos juega a la pelota y un jardinero alto y flaco riega las flores del parque. Al ingresar al edificio se desvela el misterio: el que toca el piano es un estudiante que está sentado en el hall principal. Su melodía genera encanto. En ese mismo lugar hay una foto grande que cuelga de la pared, son alumnos que sostienen carteles. A simple vista no se leen muy bien pero al acercarse un poco más, las consignas se hacen visibles. "No soy un color, soy un ser humano. Los prejuicios son los que me ponen color", "Ser jóvenes no nos convierte en irrespetuosos. El prejuicio te envenena el juicio", "Ser boliviano, paraguayo o peruano no es sinónimo de vago. Los prejuicios no te ayudan a pensar".

Los chicos y las chicas que diseñaron los carteles se sienten orgullosos de ser de la Rivadavia. Dicen que en esta escuela se habla de todos los temas, que no hay ninguno que esté prohibido. Dicen que se habla de todo porque lo que pasa en la escuela es lo que pasa en la vida, y por eso celebran que los directivos y los profesores entiendan que su función social es prepararlos a ellos para afrontar justamente eso que les pasa en la vida.

El proyecto educativo del colegio se sostiene en un compromiso con la formación ciudadana y esa premisa incluye que los docentes estén atentos y sensibles al clima que se vive en las aulas. Percibir los conflictos, las necesidades que hay en cada curso y a partir de ahí, trabajar en conjunto desde las distintas materias que se dictan en clase. Desde el año pasado la escuela participa de la experiencia piloto para trabajar con Núcleos Interdisciplinarios de Contenidos (NIC), una modalidad de enseñanza diseñada por el Ministerio de Educación de Santa Fe, que propone desarrollar la currícula a partir de problemáticas propias del contexto escolar. Con estos nuevos modos, los salones se transforman en espacios de debate. Los jóvenes intercambian y desnaturalizan ciertas formas de mirar al mundo, construyen pensamiento y sobretodo aprenden a convivir en la diversidad y a respetar al otro.

El origen de los prejuicios

Micaela Dellacasa tiene 16 y está en segundo año. Cuenta que en su curso marginaban a un compañero por la forma en que se vestía. Dice que si el chico venía dos días seguidos con la misma ropa le decían "sucio" y lo cargaban a través de las redes sociales. Detectar la situación fue clave para que los docentes, desde sus diferentes disciplinas, abordaran el problema de la discriminación. En el salón se habló de las miradas erradas que construyen los prejuicios, hubo debates que duraron horas y al tiempo, nació la intervención de los carteles que repartieron por toda la escuela. "Te das cuenta lo que siente el otro y ahí empezás a pensarlo. Finalmente los chicos que lo molestaban fueron y le pidieron perdón", recuerda Micaela y piensa que estas actividades son importantes porque hacen que entre todos puedan revisarse los comportamientos y actitudes que lastiman a un compañero.

"Para mí sirve. Pero hay que ver por qué el otro hace lo que hace y dice lo que dice". Con la frase, Micaela ubica en el lugar exacto el aporte que hace el colegio y apunta a revisar el origen de los prejuicios. Joaquín Mateo tiene 13 y desde su primer año en la secundaria ensaya una primera respuesta. El cree que muchas de las ideas que circulan entre los chicos provienen del mundo adulto, es algo que está "arraigado" y que se repite, dice y por eso le entusiasma que su escuela se preocupe cada día por desarmar los estereotipos sociales. "Todos los estudiantes somos iguales, no hay superiores o inferiores. No se puede apartar a alguien porque sea gay, porque se vista de una manera determinada o porque venga del Barrio Toba. Nosotros como compañeros tenemos que respetarnos", reflexiona Joaquín y celebra que las diferentes materias que tiene en la escuela instalen a diario estos temas haciendo partícipes a todos los estudiantes.

Suyai Videla tiene 17 y está en quinto año. En su curso dedicaron gran parte del ciclo lectivo a estudiar la violencia de género y la igualdad en el acceso a los derechos. Indagaron el tema en profundidad y se tomaron el tiempo para analizar el discurso publicitario. Observaron cómo ese lenguaje comercial, pero también político, determina de manera imperceptible los roles sexuales de hombres y mujeres y refuerza la construcción de estereotipos sociales. Suyai cuenta que en la clase vieron muchas publicidades. "Cuando vos las ves en la tele, no lo pensás. Te reís quizás, pero cuando después las empezás a analizar, te das cuenta de que son machistas". Como si los debates fueran un espejo donde empezar a mirarse, el intercambio con los profesores y los compañeros la llevó directamente a revisar qué pasaba en su hogar. "En mi casa siempre tenía que cocinar mi mamá y hacer los mandados ella. Con mi hermana, que también vino a esta escuela y trabajó estos temas, empezamos a plantear esto en la familia y la cosa como que se invirtió un poco. Ahora mi papá también cocina, sale a hacer los mandados y se hace más cargo de la casa". Suyai dice que muchas costumbres y formas de pensar "se traen de la casa, de los adultos que lo inculcan" y reconoce la potencia que tiene su escuela para observar los trayectos recorridos y tener la posibilidad de repensarlos incluso al interior de las propias familias.

La escuela es el mundo

En el grupo que habla con LaCapital hay estudiantes que cursan desde primero a quinto año, hay del turno tarde y mañana. En todos los casos el amor que sienten por su escuela se manifiesta en cada respuesta. Valentina Aguilera tiene 17 y está por terminar la secundaria. Entró recién este año al colegio y participa del Centro de Estudiantes. Cuenta que lo primero que le llamó la atención al ingresar fue la cantidad de afiches sobre trata de personas y otras cuestiones sociales que nunca antes había visto en un establecimiento educativo. "Yo venía de una escuela privada que nunca tocó esos temas. A mí me gusta lo que hacen nuestros profesores. Nos dejan el material teórico para que lo leamos y nos dicen que están abiertos al debate. Se permite el debate, se permite hablar de política. Yo sé bien que en otras escuelas, eso cuesta un montón". ¿Por qué es importante dar estos debates en el colegio? Valentina no duda: "Porque es el lugar en donde pasamos la mayor parte del tiempo y porque la escuela no está aislada de lo que pasa en el mundo. Estamos tratando las cosas que nos pasan en la vida".

Los chicos defienden la propuesta educativa de la Bernardino Rivadavia y hablan de su directora, Sandra Bembo, como una "copada". Ellos dicen que tienen la suerte de tenerla a ella como una persona que habilita la duda, la pregunta, la posibilidad de pensar en conjunto. Sin embargo, consideran que esa forma de trabajo debería ser parte de una política pública que llegue a todos los establecimientos educativos en lugar de quedar librado a la suerte de la autoridad que le toque a cada colegio. "Esta escuela es un ejemplo. La levanto por todo lo que hace pero creo que debería ser así en todos lados. Nosotros luchamos muchísimo para que eso pase", dice Valentina desde el Centro de Estudiantes.

Todos los estudiantes somos iguales, no hay superiores o inferiores. Nosotros tenemos que respetarnos como compañeros".

Polémica por los baños mixtos

La Escuela Secundaria Nº 432 Bernardino Rivadavia cobró notoriedad a principios de este mes al conocerse la noticia de que el colegio había inaugurado baños mixtos en sus instalaciones. Tras la novedad, fueron muchas las personas que, con una variedad de argumentos, salieron a criticar la iniciativa cuestionando la decencia de directivos y alumnos y sugiriendo que la idea de un baño mixto alentaba la promiscuidad entre los jóvenes. La mayoría de esas manifestaciones los chicos las leyeron de los comentarios que dejan los lectores en los diarios online.

"Yo creo que la gente opinó así porque no conoce lo que nosotros hacemos en la escuela", dice Facundo Nota de cuarto año y explica que los baños mixtos son la parte visible —y mediática— de un trabajo largo y comprometido que viene llevando adelante la escuela en materia de igualdad de género y de respeto a todas las diversidades sexuales. "Los que opinaron así no ven el gran cambio que estamos haciendo acá que es el de desarmar los estereotipos sociales". Facundo cuenta que el día que se hizo el corte de cintas en los baños mixtos, se izó en la escuela la bandera del arcoiris (símbolo del orgullo gay y lésbico desde fines de los '70).

Dice que por primera vez muchos estudiantes se sintieron incluidos. "Había chicos con una gran sonrisa en la cara, estaban recontentos y ese recuerdo a nosotros no se nos borra más".

Desde tercer año, Noelía Reynoso opina que "los comentarios que decían que a un baño mixto los jóvenes iban a ir solamente a tener sexo, habla mucho de cómo se subestima a los pibes. A mí me molestó que piensan mal de nosotros. Creo que la perversión aparece mucho más en el mundo adulto que en el de los jóvenes".

Sulay Videla, de quinto año, también se sintió ofendida por los comentarios. "A la gente que dice que esta escuela es un desastre y que no quiere mandar a sus hijos acá, yo le propongo que se tomen el tiempo de venir a conocerla. Les aseguro que cuando lo hagan se van a enamorar de nuestra escuela tanto como nosotros".


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