Educación

Escuela bomba, una metáfora pedagógica

Un documental producido por la Universidad de Luján recuerda la explosión en Moreno, donde murió una docente y un auxiliar.

Sábado 14 de Septiembre de 2019

Faltaban minutos para que suene el timbre de entrada, cuando el 2 de agosto de 2018 por la mañana los chicos y chicas que estaban camino a la Escuela N° 49 de Moreno (Buenos Aires) sintieron que la tierra tembló. En la escuela se había producido una explosión por un escape de gas y murieron la vicedirectora de la institución, Sandra Calamano, y el auxiliar Rubén Rodríguez. Desidia y abandono del Estado fueron algunas de las palabras que se empezaron a escuchar con fuerza en medio del dolor. Porque el desperfecto había sido advertido desde hacía tiempo. Y no solo en esa escuela.

Pero desde el minuto uno de la tragedia, desde el Departamento de Educación de la Universidad Nacional de Luján (UNLu) comenzaron a registrar todo: lo que informaban los medios y lo que pasaba en la escuela. Así nació Escuela Bomba, dolor y lucha en Moreno, el documental que relata lo ocurrido en la institución bonaerense, pero también las marchas y la lucha que unió a docentes, alumnos y familias por enseñar y aprender en condiciones dignas y seguras.

El título de la película, producida por el Departamento de Educación de la Universidad Nacional de Luján (UNLu) y dirigida por Juan Mascaró, remite a uno de los testimonios recogidos en el filme, que advierte que, por sus condiciones de infraestructura, hay escuelas que son "bombas de tiempo".

Paula Spregelburd es docente e integrante del Departamento de Educación de la UNLu y en diálogo con La Capital cuenta cómo se gestó el documental y señala que el gobierno bonaerense conducido por María Eugenia Vidal intentó "ocultar la situación".

—¿Cómo surgió la idea de registrar apenas ocurrió la explosión?

—Es una característica del departamento de Educación de la Universidad tener una vinculación con el sistema educativo y sus problemáticas. Esa es una decisión previa, por eso se estaba alerta a cómo intervenir. Moreno es un distrito cercano a Luján, es parte del área de influencia de la Universidad. Entonces cuando sucede la explosión hubo una decisión rápida de estar ahí, con la intención de registrar lo que estaba pasando desde el primer momento. Al principio no se sabía cómo se iba a desarrollar, se pensó que iba a ser un corto de diez minutos y terminó siendo una película de una hora, porque fue acompañando todo ese proceso.

—La idea entonces fue no solo contar lo de ese día sino acompañar esa protesta que duró meses

—Claro, porque primero está el hecho concreto de la explosión. Pero rápidamente comienza un proceso muy importante de nucleamiento y acuerdos de distintos actores y organizaciones. Moreno es un distrito muy grande con una historia de movilización y organización de docentes y padres que participaron de distintas formas. Las marchas fueron multitudinarias y se conformó un comité de crisis que iba acompañando todo el proceso. En muchas escuelas se hicieron ollas populares, porque hubo una decisión de no dictar clases en las escuelas que no estuvieran en condiciones. Y prácticamente ninguna podía, porque la explosión lo que hace es visibilizar cómo estaban las escuelas.

—De hecho se habló mucho de las alertas que se habían hecho antes de la explosión.

—Eso en la Escuela N° 49 donde sucedió el hecho. Pero eso puso un alerta acerca de qué pasa en el resto de las escuelas. Si se revisan los doce puntos acordados por la paritaria de Ctera con respecto a la habitabilidad de los establecimientos y uno los aplica, ninguna escuela estaría en condiciones de funcionar. De hecho se resolvieron las situaciones más complejas para poder reiniciar las clases, pero no está todo resuelto. Ahí el comité de crisis se plantó firme diciendo que no se volvía a las escuelas hasta que no estuviera atendida la situación. Muchas estuvieron meses sin clases y entonces surgió el tema de cómo atender eso desde lo pedagógico, porque genera un montón de discusiones y debates sobre si había o no que darles actividades a los chicos. Porque dejar a los chicos sin ningún tipo de atención es gravísimo. Pero aceptar que si le das la actividad el chico la hace solo en casa es decir que puede funcionar el sistema educativo sin que estemos en la escuela.

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Paula Spregelburd, docente de la UNLu.
Paula Spregelburd, docente de la UNLu.

—¿En ese proceso fue clave el trabajo con las familias?

—Absolutamente, porque se generó una situación complicada, porque las familias también necesita que los chicos estén en las escuelas. Se fueron dando distintas situaciones, porque los procesos no son homogéneos y no en todos lados se resolvió de la misma manera. Sí hubo posibilidad de establecer acuerdos entre distintos actores y organizaciones que tienen posiciones políticas o sindicales diferentes.

—"Las escuelas son bombas de tiempo", dice uno de los testimonios ¿Coincidís con esa figura?

—Sí y de alguna manera es como muy fuerte esa expresión para referirse a una escuela. Pero lo importante era llamar la atención sobre esa situación, un alerta sobre lo que pasa en muchos otros lugares, porque hay condiciones estructurales que atraviesan a todo el sistema educativo ¿En qué pudo intervenir la Universidad? En darle visibilidad. Porque está el hecho puntual, pero después está lo previo, las condiciones que llevan a que esto haya sucedido e inscribir eso en algo mayor, que son las políticas con respecto al sistema educativo y las características del distrito Moreno. Pero también construir hacia adelante, porque las marchas las protagonizaron los que estaban directamente implicados y la película lo que intentó fue mostrarlo. Para poder conservar eso en la memoria.

—¿Cómo evaluás la respuesta del gobierno de la provincia de Buenos Aires?

—Me parece que lo que intentó en todo momento fue ocultar la situación. El tema de asegurar el tiempo de clases es una decisión que venía teniendo desde antes de este acontecimiento. Pero la verdad es que no hay una preocupación muy grande sobre lo que pasa adentro de la escuela. O sea, se pide que los chicos estén adentro y que el problema no se note. Entonces, en escuelas que llegaron a estar ocho meses sin clases la conmoción fue muy grande. Por eso una primera reacción fue que no se extienda, que no se conozca, aislar o invisibilizar la situación. La Escuela 49, donde sucedió el hecho, se arregló más o menos rápidamente y volvieron a clases en tres meses. Y podría ser la que hoy está en mejores condiciones, pero el resto no, donde hubo arreglos parciales. Atendieron el reclamo puntual y el resto que no se note.

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Presentación y censura

A un año de la explosión, Escuela Bomba estaba prevista para presentarse oficialmente en una sala del cine Gaumont. Sin embargo, dos días antes del estreno, las autoridades del Incaa bajaron de cartel la película, alegando que no había sido producido por este organismo.

“Nosotros decimos que hubo un acto de censura, porque en el cine se presentan otras producciones que no son del Incaa”, apunta Spregelburd. A principios de agosto, día previsto para el estreno, se proyectó en la vereda del Gaumont, ante un público de unas mil personas que asistieron al evento. En Rosario se iba a proyectar el 5 de septiembre, pero fue suspendido por el paro nacional docente en contra de la represión en Chubut.

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