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Adriana Puiggrós: "La escuela de la pospandemia debe ser flexible, para adaptarse a lo presencial y lo virtual"

Para la pedagoga, en el futuro próximo el tema de los derechos y el ambiental deben ser centrales en la enseñanza.

Viernes 06 de Noviembre de 2020

Para Adriana Puiggrós, la escuela de la pospandemia deberá ser flexible, capaz de adaptarse a la presencialidad y la virtualidad, pero con el cuidado de no producir discriminaciones al definir los nuevos agrupamientos de estudiantes en el aula. Docente, doctora en pedagogía, exdiputada nacional y una de las investigadoras en educación más reconocidas de Latinoamérica, Adriana Puiggrós fue hasta agosto pasado viceministra de Educación de la Nación. Una experiencia de la que destaca —entre otras cosas— su vínculo con las provincias y con los sindicatos docentes.

En una entrevista a través de Zoom, Puiggrós habló con La Capital y trazó un balance del funcionamiento de las escuelas durante la pandemia. Destacó el trabajo de docentes, alumnos y familias y la necesidad de sistematizar lo aprendido en este tiempo. “Creo que muchos han comprendido la necesidad de la escuela y del docente”, agregó.

Designada como asesora del presidente, Puiggrós considera central ir en busca de aquellos niños, niñas y adolescentes que no tuvieron conexión con la escuela durante este tiempo porque la educación es su derecho. Y adelantó que la escuela de la pospandemia deberá incorporar el tema ambiental como transversal de todas las áreas. También propuso pensar cambios para dejar atrás la modalidad del “docente taxi” e invitó a apropiarse de las tecnologías, “porque sino las tecnologías se van a apropiar de nosotros”. Respecto al concepto de meritocracia fue contundente: “Es contraria a la idea de derechos”.

—Ya van más de siete meses de pandemia. Una situación inédita donde se “inventó” una escuela (clases por WhatsApp, radios escolares, etcétera). ¿Cuál es tu balance de lo hecho hasta ahora?

—Creo que hubo una reacción muy positiva de la sociedad, y en particular de los docentes, de los alumnos y también de las familias. Porque frente a la situación de pandemia podrían haber dicho “esperamos a que termine”. Hubo una actitud muy responsable, porque los docentes han podido cuidar las medidas sanitarias que son absolutamente indispensables, y al mismo tiempo seguir el trabajo con los alumnos. Para lo cual tuvieron que realizar experiencias nuevas y desarrollar nuevas formas de abordaje. Por un lado, hubo una inventiva muy importante, y por el otro un despliegue de experiencias que ya se venían realizando combinando la presencialidad con la digitalidad. Sobre todo la presencia de lo digital en las aulas, de manera positiva y negativa. Positiva donde había computadoras, donde algún docente conseguía que los chicos usaran los celulares como pequeñas computadoras. Y negativas cuando simplemente los celulares servían para desconectarse de la clase. Ahora hay una recuperación de esas experiencias y me parece que es necesario que las universidades, institutos de formación docente, los gobiernos provinciales y el nacional ayuden a los docentes a sistematizar lo que han experimentado y aprendido, muchas veces de manera espontánea, durante este tiempo. Lo mismo los chicos, los docentes tienen que acompañarlos a sistematizar los nuevos aprendizajes.

—Es decir, recuperar aquellas experiencias que se desarrollaron en este tiempo

—Tal cual. Que no se pierdan. De todas maneras, el futuro próximo es trabajar de manera combinada entre lo presencial y lo digital. Y ahí hay que tener mucho cuidado con varias confusiones posibles. Una de ellas es pensar que porque introducimos nueva tecnología vamos a estar haciendo automáticamente cambios pedagógicos. Y esto no es así. Uno puede introducir una nueva tecnología, pero eso es soporte de un desarrollo didáctico y de un enfoque pedagógico. No es necesariamente un cambio en esos órdenes. Creo que hay un reto fuerte en el sentido de poner en juego nuevas ideas pedagógicas y nuevos avances didácticos. Combinados con los dos soportes a la vez: el presencial y el digital.

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—También es cierto que una de las cosas que desnudó la pandemia fue la brecha digital, donde mientras algunos pudieron desarrollar clases por Zoom y WhatsApp, otros lo hicieron desde los cuadernillos ¿Qué conclusión sacás de esta experiencia y qué hacer para que la democratización digital llegue a todos?

—En primer lugar hay que tener en cuenta que cuando llegamos a la pandemia ya había un fuerte déficit y chicos desconectados. Habíamos tenido cuatro años durante los cuáles hubo un retroceso en la inclusión que se había venido desarrollando en los años anteriores. Esto hay que tenerlo en cuenta, porque la pandemia lo que hace es aumentar un problema que ya existía. Afortunadamente los cuadernillos llegaron a muchos lugares del país y fue una herramienta realmente muy buena, de parte del gobierno nacional como de los provinciales, porque hubo cuadernillos y material gráfico. Los propios docentes también produjeron material escrito. Esto hay que destacarlo. Hay que seguir trabajando con material escrito, no hay que abandonar la escritura ni el libro. Ahora, al mismo tiempo es urgente terminar la conectividad. Y por otro lado es necesario equipar. Si no se hubiera interrumpido el plan Conectar Igualdad en este momento tendríamos no solamente muchísimos más chicos y docentes con equipos y conectados, sino que además hubiéramos tenido cuatro años más de aprendizaje de uso de las tecnologías. En ese sentido soy muy firme: creo que hay que aprender y apropiarse de las tecnologías, porque sino las tecnologías se van a apropiar de nosotros.

—En una entrevista antes de asumir el gobierno de Alberto Fernández, dijiste que en la agenda educativa del nuevo gobierno “lo primero es la salud y la alimentación de los chicos”. Cuando se analiza la educación argentina, ¿se puede obviar el dato de que la mitad de los chicos y chicas del país están por debajo de la línea de pobreza?

—Creo que no, y eso es algo que recalcó el presidente. Primero la salud, hablando de la pandemia, y la salud en términos generales. Es obvio que necesitamos chicos bien alimentados, que puedan ir tranquilamente a la escuela, y no que tempranamente tengan que faltar, tener dificultades para seguir el ritmo escolar o abandonar a causa de la pobreza familiar. O a causa de tener que hacerse cargo de tareas que son de los adultos. Dicho de otra manera, el tema central es el de derechos. El conjunto de derechos de niños, niñas y adolescentes. Esta es una obligación del Estado y de la sociedad. La Argentina no solo ha firmado y trabajado activamente en la Convención Internacional de los Derechos de Niños y Niñas, sino que además tiene su propia ley, que garantiza los derechos y hay que cumplirla.

—Ante esta realidad, ¿se cae el concepto de meritocracia?, ¿cuál es tu mirada cuando se habla de eso?

—Me preocupa mucho la idea de ordenar de acuerdo al mérito. A la población en general, pero a la escolar en particular. Esto no empezó ahora ni es nuevo, siempre hubo algún sector de la sociedad que consideró que el sistema educativo debía ser piramidal y trabajar de manera de hacer una selección de los más aptos. Como bien sabemos, en general a quienes seleccionan positivamente es a aquellos que han nacido en hogares con más oportunidades. O sea, los sectores más favorecidos económicamente de la población. Me preocupa mucho esa idea de meritocracia, me parece que es contraria a la idea de derechos. Si quien cursa la escuela secundaria o la universidad ha sido seleccionado por mérito es bastante distinto, por ejemplo, a lo que ha dicho la Conferencia Regional de Educación Superior (Cres) en 2008 en Cartagena de Indias, que estableció que la educación, superior en este caso, es un derecho universal y es un bien social. Ni hablemos de la escuela secundaria, que es obligatoria en la Argentina desde 2006, con la ley 26.206. Me quiero detener en ese punto, porque la escuela primaria tardó 80 años en universalizarse. La obligatoriedad de la primaria es de la ley 1.420, de 1884, pero recién a mediados del siglo XX la escuela primaria llega a ser universal. La secundaria es obligatoria desde hace 14 años, es muy poco tiempo. Por lo que dicen las estadísticas y las últimas informaciones del Ministerio de Educación, hay un lento avance, pero avance, en el sentido de la cantidad de personas que terminan en algún momento de su vida la secundaria. Me parece que hay que valorizar que haya una proporción grande de la sociedad argentina que termina la secundaria, aunque lo haga siendo joven o adulto. Tenemos que trabajar para que todos los chicos y adolescentes puedan cursar y terminarla, pero también hay que valorar el esfuerzo personal, social e institucional que significa terminarla en otro momento. La secundaria requiere de transformaciones importantes. Por ejemplo, que pueda haber docentes por cargo y no nombrados por materia. Que podamos superar la cuestión del “docente taxi” que tiene que ir de una escuela a otra, que se cansa muchísimo.

—Ese es un reclamo histórico.

—Claro. El docente por cargo es un avance en cuanto a los derechos de los docentes, su salud, la organización escolar y el vínculo pedagógico. No es lo mismo tener un vínculo con dos o con tres profesores que tenerlo con diez, a los cuáles uno ve un rato una vez por semana.

"La secundaria requiere de transformaciones importantes. Por ejemplo, que puede haber docentes por cargo y no por materia" "La secundaria requiere de transformaciones importantes. Por ejemplo, que puede haber docentes por cargo y no por materia"

—Recién hablabas del foco en el secundario y hace poco el Ministerio de Educación habló de la importancia de ir a buscar a esos chicos que en este tiempo no pudieron mantener contacto con la escuela ¿Coincidís con esta preocupación?

—Sí, y hay provincias que han avanzado mucho en eso, que tienen programas muy interesantes, con los cuáles están convocando a los suplentes que no han tenido cargo y a alumnos avanzados de los Institutos de Formación Docente. Esto está muy bien, de la misma manera que trabajar con las organizaciones sociales en el territorio. Hay que ir a buscar a los chicos que están desconectados, no esperar a que se transformen en “Ni-ni” (ni estudio ni trabajo) y desarrollar una serie de actividades que conformen un espacio intermedio entre la comunidad y la escuela. Me refiero a actividades deportivas, motivadoras de los chicos, como por ejemplo la música. Que en las escuelas pueda haber instrumentos musicales, que los chicos puedan armar su banda, que tengan la posibilidad de que vayan a trabajar con la computadora y aprender a meterse en el mundo digital. Esto me parece muy importante, incluso como una manera de acercar a chicos que a lo mejor de inmediato no se reintegran a la escolaridad, pero sí a lo mejor lo hacen en el mediano plazo si uno los va acercando a la institución a través del interés de ellos. También hay que trabajar intensamente en el tema derechos. Con aquellos chicos que se han desconectado de la escuela hay que trabajar enseñándoles cuáles son sus derechos, que ellos tienen derecho a tener una buena escuela, que no son alguien que sobra, sino que al contrario, los queremos incluir. Pero no solo porque tenemos una voluntad de beneficencia, sino porque es su derecho.

—En el libro “Adiós Sarmiento” destacabas que el mercado de la educación apuntaba a la desescolarización (home schooling) ¿Cómo quedó esa idea ante lo que pasó con la pandemia, que empujó a hacer “escuela en casa”?

—Una cosa que ha demostrado la pandemia es que la escuela en casa no funciona. Puede funcionar la familia como un apoyo en un momento absolutamente excepcional como es el de la pandemia. Pero la carga que significa para la familia, para la mamá, el papá, el adulto que está en la casa, tener que hacerse cargo de la función del docente ha dejado bastante claro que son funciones distintas. Una es la escuela, la otra es la familia. Ahora, ahí retrocedimos casi 200 años al momento en el cuál fue fundado el sistema educativo. Nos fuimos casi hasta fines de la Edad Media, donde trabajo, escuela y familia estaban en un mismo lugar. Y a raíz de la pandemia muchas personas hicieron trabajo domiciliario, aunque esto ya venía ocurriendo por las nuevas formas de trabajo. Que son formas que atacan el trabajo colectivo, que atacan los espacios en donde se puede trabajar en colaboración con otros. El trabajo individualizado y el fomento al emprendedurismo ya venía ocurriendo. Ahora, cuando le agregamos a la persona que trabaja en la casa la escuela, es una situación muy complicada. Creo que muchos han comprendido la necesidad de la escuela y del docente. Al mismo tiempo, las corporaciones y las empresas productoras de material tecnológico de todo tipo —programas, cursos y plataformas— salieron con todo al mercado. Con lo cual hay escuelas, sobre todo algunas privadas, que en la urgencia de tornar digital al conjunto de la educación compran aquella mercadería que se les ofrece. Ahí hay un terreno muy complicado, donde la defensa de la educación pública se hace crucial. Mi último libro se llama La escuela, plataforma de la patria, porque creo profundamente que en la escuela reside gran parte de la soberanía nacional, la posibilidad de existencia, mejora y desarrollo del país. Para fortalecer nuestro país y mejorar la situación de muchísima gente que está sin trabajo o tiene uno precario, para que la sociedad sea más justa, hace falta que también sea una sociedad culta, donde la cultura sea para todos. Y la única institución que puede garantizar esto, que lo vio Sarmiento cuando le dio el gran impulso a la organización del sistema educativo nacional, es la escuela pública. Esto no quiere decir que no tenga que haber escuela privada, pero el eje y el papel principal lo tiene que cumplir la escuela pública. Otra cosa que subrayo es la institución escuela, porque también hay una corriente, que le viene muy bien al mercado de la educación, que es la desescolarización. El propiciar que la escuela y el Estado tiendan a ser simplemente un lugar en donde se certifica lo que se aprendió en instituciones privadas. Así como es tradicional que los cursos de idiomas se aprendan en academias, también hay una tendencia —y en países como México esto ha avanzado muchísimo— donde uno aprende matemáticas afuera y después va a que se lo certifique la escuela. Hay que llegar a un equilibrio en donde de ninguna manera el mercado invada el espacio de la educación pública.

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—En los últimos meses, y quizás más intensamente en las últimas semanas, hay reclamos por parte grupos de padres y presiones de algunas jurisdicciones (como Ciudad de Buenos Aires) para el retorno presencial a las aulas. ¿En el actual contexto, cuál es tu mirada?

—He tenido la misma desde el primer momento: primero la salud y hay que hacer lo que digan las autoridades sanitarias. El ministro de Salud (Ginés González García) fue muy claro al respecto: va a haber vacunas pero esto no se termina así nomás, hay que cumplir con las medidas sanitarias por muchísimo tiempo. Mi opinión siempre fue que este ciclo escolar tenía que ser virtual, y de hecho ha sido virtual, porque ha habido clases. ¿Acaso no ha habido clases en la provincia de Santa Fe, acaso los docentes no estuvieron trabajando todo el año con un esfuerzo enorme y los chicos no hicieron un esfuerzo por aprender? Eso ocurrió en casi todo el país, que hubo clases desde marzo hasta ahora. Mi opinión es que hay que registrar este año, porque sí hubo clases, y tiene que haber vacaciones en el momento correspondiente. En todo caso empezar un poco antes, pero de acuerdo a las condiciones sanitarias. Si en febrero se ve que se ha podido vacunar a una cantidad suficiente de la población como para que disminuya significativamente el contagio y los chicos pueden ir a la escuela sin que esto represente un peligro para ellos y para el conjunto de la sociedad, a lo mejor pueden empezar las clases a fin de febrero. Pero de ninguna manera creo que algo que no se enseñó este año no se puede enseñar después. Hay que tranquilizarse. Una cosa son los chicos que están terminando, los que están en el último año de la primaria o el último de la secundaria, a los cuáles hay que atender especialmente. Ahí sí tiene que haber un programa especial, y muchas provincias lo tienen, como para que puedan culminar su nivel. Pero para el resto, ¿qué importancia tiene que aprendan un contenido determinado en tercer o cuarto año? Tendremos que rearmar los programas con los que estamos trabajando, que finalmente son arbitrarios en cuanto a en qué momento se enseñan determinados contenidos. Claro que hay un orden, que hay contenidos que son previos a otros. Pero esto es algo que hacemos todos los días. Todo el tiempo estamos rearmando la secuencia de los contenidos.

—Cuando Alberto Fernández te presentó como viceministra de Educación hubo opiniones bastante favorables de gremios docentes, académicos, etcétera. Estuviste allí hasta agosto. ¿Cuál es el balance que hacés de tu paso por el Ministerio?

—Tiene que pasar tiempo para poder analizarla, pero fue una experiencia interesante. Creo que lo más importante para mí fue la vinculación con las provincias. Hay que tener una fuerte vinculación con las provincias, un vínculo que no sea de imposición y tampoco que desdibuje el Ministerio de Educación de la Nación. Un vínculo en el cual realmente haya muchísimo diálogo y construcción conjunta. El programa Seguimos Educando, que estuvo a mi cargo hasta entonces, es un programa que en gran parte funcionó pero que vamos a verlo a través del tiempo. Me gustó sobre todo el hecho de poder compartir con las provincias y por supuesto con los gremios docentes. Esa ha sido siempre mi manera de trabajar. Ahora el cargo que tengo es el de asesora del presidente, otro tipo de tarea. Una tarea muy importante y muy grata.

—También tengo que decir que muchos lamentaron tu salida ¿se puede saber algo de tu alejamiento?

—Ese es un tema que lo dejo para la historia.

—¿Cuáles son algunos acuerdos básicos sobre los que se podría avanzar en materia educativa?

—Uno en el que se debería avanzar justamente es el ciclo escolar. Una cosa elemental: ¿reconocemos o no que este año hubo ciclo escolar? Eso es totalmente ordenador. Sobre algunas cuestiones de organización referidas a este año que está terminando y lo que podemos preparar para diferentes escenarios en el año próximo, eso se podría acordar. Se podría planificar teniendo en cuenta la actividad de los diversos niveles educativos. No me parece que deba avanzarse solo por el lado de grandes programas, sino que hay que avanzar por el lado de darle fuerza a la estructura del sistema. Un acuerdo en ese sentido sería, por ejemplo, el de trabajar fuertemente en el nivel inicial. No solamente con un criterio de cuidados sino también con criterios pedagógicos. Un tema para acordar muy importante es la formación y capacitación docente. Creo que están trabajando bien el Instituto Nacional de Formación Docente y las provincias. Pero me parece que hace falta una reflexión permanente para llegar a acuerdos sobre la capacitación docente.

"Un acuerdo en el que hay que avanzar es trabajar fuertemente en el nivel inicial, no solo con criterios de cuidado sino pedagógicos"

—¿Qué escuela va a necesitar la pospandemia?

—Una escuela muy flexible, capaz de adaptarse a la presencialidad y la virtualidad combinadas, una escuela que va a tener que reagrupar a los chicos. Esto es algo para pensarlo mucho, va a haber que tener nuevos criterios de agrupamiento y tener muchísimo cuidado de no producir discriminaciones. Porque si yo tengo que decidir quiénes son los quince chicos que van a ir a la escuela en determinada franja de horarios —y siempre hay una franja de horario privilegiada— cómo elijo esos quince chicos. O a los quince que van a ir al local escolar y a los que van a estar repartidos en otros locales que fueron prestados por la Sociedad de Fomento o el municipio. Y una escuela con un tema absolutamente central que es el ambiental, que tiene que dejar de ser algo lateral. No se trata solamente que enseñemos a los chicos a lavarse las manos, a no dejar correr el agua más tiempo del necesario, sino que el criterio profundo que atraviese todas las áreas y espacios de conocimiento sea el saber ambiental. Está muy dejado de lado el conocimiento del medioambiente y del mundo en el que vivimos. Voy a dar un ejemplo: hace poco se descubrió agua en la Luna, que es una noticia fantástica que tendría que haber ocupado las planas de todos los diarios. Pero fue una noticia que pasó, corrió, se fue. De la misma manera nos acostumbramos a que sean fumigadas las escuelas. Incluso hace un año murió una docente que era una luchadora ambientalista (Ana Zabaloy, directora de una escuela rural de San Antonio de Areco). Pero se siguen fumigando escuelas y ya casi nos acostumbramos, es un hecho más. Doy estos dos ejemplos de cómo hay una separación entre la enseñanza y el medio ambiente, la tierra, el universo, el hábitat. Este lugar en dónde vivimos, en donde nos jugamos además la vida todo el tiempo. Creo que un cambio importantísimo es ese: hay dos conceptos, que son ambiente y derechos, que tienen que ocupar un lugar importantísimo en esa escuela que tendremos en los tiempos próximos.

>> A continuación, la entrevista completa de Adriana Puiggrós con La Capital

Entrevista a Adriana Puiggrós

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