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Y hacia fin de año todo desastre es implacable

En estos días de fin de año, que por ahora siguen siendo los últimos días de diciembre, por lo menos para nosotros y los países occidentales, cada uno tiene su propio fin de año.

Domingo 22 de Diciembre de 2013

En estos días de fin de año, que por ahora siguen siendo los últimos días de diciembre, por lo menos para nosotros y los países occidentales, cada uno tiene su propio fin de año.

   Estoy escribiendo antes de que llegue Noche Buena, noche en la que celebramos de una manera totalmente ajena al personaje central de este acontecimiento. Personalmente me gustaría que fuera distinto pero la costumbre hace que casi siempre sea lo mismo.

   Se come, se toma, si se puede se hacen regalos, y a penas tenemos un vago recuerdo de ese que nació en un humilde pesebre. Ignoro cómo son las celebraciones de quienes tienen otros conceptos religiosos y que si bien, aceptan las reglas del juego impuestas por la mal llamada sociedad occidental y cristiana, no creo que olviden sus propios principios, su forma de vida.

   Todos sabemos que tres son las religiones monoteístas, pero para los musulmanes y para los judíos, se trata de cosas muy diferentes. Ni hablemos de los conceptos religiosos más primitivos.

   Según dice la historia, el origen de la celebración de la Noche Buena se remonta a los inicios del imperio Romano, donde el mes de enero estaba dedicado a bifronte Janus, dios que mira hacia delante y hacia detrás, al año que se va y al principio del que viene, por eso lo representaban con dos rostros, uno barbudo y viejo, y el otro joven.

   Esta costumbre romana fue poco a poco entrando en Europa donde, con la finalidad de que el año entrante fuera dichoso, se realizaban banquetes e invitaban a comer a los amigos.

   En la Edad Media la Iglesia trató de oponerse a estos rituales paganos, pero no logro hacer nada al respecto, la cena de noche vieja y noche nueva se convirtió en una festividad popular a principios del siglo XX, sumando la tradición de las doce uvas, que según cuentan, tuvo sus orígenes en un pueblo de Alicante, costumbre que hoy se practica en países como España y consiste en comerse 12 uvas, una por cada campanada a las 12 de la noche del 31 de diciembre.

   Con la llegada de los españoles a América, se impusieron estas fiestas religiosas en algunas comunidades indígenas.

   Recordemos que el calendario que hoy nos rige es el Gregoriano, y con la cuenta de 365 días, se siguió la costumbre ancestral de celebrar el fin de año el 31 de diciembre que en el hemisferio norte coincide más o menos con el solsticio de invierno del 25 de diciembre.

   Así fue como se fusionaron a esas fiestas de fin de año, la celebración del nacimiento de Jesús, o Navidad, el 25 de diciembre. Después del Concilio de Nicea, en 325 d.C., convocado por el emperador romano Constantino, donde se estableció un día para el nacimiento de Jesús, tomando el Evangelio de Lucas pero casualmente, Jesucristo comparte muchas características con los dioses solares de las distintas culturas del mundo, tal el caso de Buda y Shiva, en la India; Osiris y Orus, en Egipto, o Mytra, en Irán, por mencionar sólo algunos, y todos ellos nacieron en el solsticio de invierno.

   Esta “coincidencia” obligó a los teólogos a datar el nacimiento de Jesús en el solsticio de invierno, es decir, el 25 de diciembre; sobreponiéndola a las distintas fiestas paganas.

   Posteriormente, San Agustín afirmó que “no se celebraba el nacimiento del Sol, sino del Creador del Sol”.

   Por lo que en nuestras tierras, específicamente después de la Conquista, la evangelización impuso distintas celebraciones católicas, entre ellas la Navidad, que ya tenía siglos de conmemorarse en Europa.

   Como comprenderá el lector, lo que hemos expresado es producto de búsquedas en libros, también en internet, pero no se trata de ninguna manera, que seamos especialistas en este tema, sobre todo porque pensamos en nuestra propia experiencia, sobre la celebración de estas fiestas.

   Demos un ejemplo que puede parecer trivial pero no lo es; siempre me sorprendió la diferencia que había en los habituales regalos a los niños; muchos hacían ese ritual para la navidad, otros tantos tenían la costumbre de regalar para el seis de enero, que era día de reyes.

   Esta forma parecía más popular, por ejemplo en la revista Patoruzú que ignoro si sigue publicándose, ese cacique indio generoso y lleno de plata (un personaje inolvidable de la historieta argentina) llevaba los regalos a los más humildes junto con Upa para el día de reyes.

   Ignoro en qué momento, ocurre esta modificación del día de los regalos, porque aunque fueran distintos los días, siempre se daba por sentado que había que dejar los zapatitos para que Gaspar, Melchor y Baltazar, dejaran allí sus regalos.

   Sabemos que los Reyes Magos tienen unos dos mil años de antigüedad mientras que Papá Noel nació en el siglo XIX y los reyes no siempre fueron tres y Baltasar no fue negro hasta el siglo XVI.

   La historia vincula a los reyes con el nacimiento de Jesús de Nazaret que como narra el evangelio fueron a visitar al niño Jesús a un establo, donde los recibieron María y José y ellos les entregaron cofres con mirra, oro e incienso para simbolizar la riqueza.

   Estos datos se pueden conseguir pero de muy joven tuve deseos de conocer los nombres de sus camellos, pero nunca pude encontrar un documento sobre ello; creo entonces que habría que inventarlos.
  Ahora, los reyes magos han sido olvidados en línea general, han sido reemplazados por Papa Noel o Santa Claus, quien no tiene nada que ver con nosotros. De tener que elegir, nos gustaría más verlo a Patoruzú, a Upa, y a Pampero, el caballo del cacique.

   Recordemos que Patoruzú es un cacique tehuelche creado por Dante Quinterno. Su primera aparición pública se produjo el 19 de Octubre de 1928 en la historieta Las aventuras de Don Gil Contento del diario Crítica, con el nombre de Curugua-Curiguagüigua.

   El apodo de este superhéroe indígena proviene de una de las golosinas más populares en la época de su aparición, las pastillas Oruzú.

   El 27 de Septiembre de 1930 aparece en la tira Julián de Monte Pío, del diario La Razón, y en poco tiempo llegó a ocupar el lugar protagónico, desplazando al propio Monte Pío.

   Las mayores aventuras del personaje se dieron a partir de 1935 cuando aparece en el diario El Mundo. Un año más tarde, en noviembre de 1936, comienza a tener su propia tira, que, de salida quincenal, se convierte en una de las más populares del país.

   Upa es el hermano menor de Patoruzú, usa para defenderse su enorme panza. Con una extraña y graciosa voz, torpeza al moverse y una mentalidad por siempre de niño, se convierte este personaje en uno de los mas queribles. Y Pampero, caballo salvaje y criollo, fue domado por Patoruzú sin riendas, frenos ni estribos en dos noches y a partir de allí, mantuvieron una irresistible corriente de simpatía, comprensión y amistad.

   Esas eran nuestras historias, y bien podíamos imaginarlas, pero la influencia de los países nórdicos ha logrado vencer nuestras viejas costumbres.

   Una breve aclaración sobre el título, se trata de algo muy personal, no sé si soy al único al que le pasa, pero las fiestas me ponen particularmente triste, más ahora cuando sé que inevitablemente van siendo mis últimas fiestas.

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