Una nueva palabra: "hoministas" (II). La mujer sólo puede mandar en el marco del matrimonio, en donde su autoridad no es más que una delegación. En otras palabras: abandonada a sí misma, soltera o viuda, la mujer no posee una actitud que sólo el matrimonio pudo revelarle y garantirle. Las leyes nada pueden, los códigos son impotentes. La mujer toma posesión de un hombre cuando se entrega a él, y cuando un hombre se entrega lo hace extendiendo la mano sobre su conquista. La primera felicidad del hombre es amar y la de la mujer ser amada. Hay siempre actividad en la ternura masculina y siempre una cierta pasividad en la ternura femenina. ¿Quiénes son esas mujeres que rehúsan la protección de sus esposos, que quieren establecer en el amor una igualdad? Son mujeres que conocen muy poco de su naturaleza, de los sentimientos y de la femineidad. ¿Qué quedará del matrimonio si se le quita sucesivamente todo lo que constituía su nobleza y dignidad? Es difícil aceptar que el matrimonio se restrinja al rol de un vulgar contrato. Las hoministas podrán borrar quince palabras impresas, pero no podrán borrarlas del corazón del hombre y de la mujer. Son imborrables, porque son la esencia misma del amor humano. (1910)



























