El sábado 20, compré un pasaje para retornar a Rosario desde Capital Federal, por Empresa Argentina. Debiendo partir a las 22:30, el veterano ómnibus apareció en Retiro a las 22:25, para salir a las 22:40. Al abordar notamos que el aire acondicionado no funcionaba, y así se lo hicimos notar a los conductores. No obstante, el coche salió igual. A las pocas cuadras la atmósfera era agobiante y el coche se detuvo en zona portuaria donde permaneció varios minutos. Sin resolver el problema, al que se le agregó la rotura del eje-balancín, regresamos a la terminal de Retiro, en el sector de estación de servicio (parte inferior de la estación). Ya allí protagonizamos airadas discusiones, sin que nadie de la empresa se hiciera presente. Por su parte, los choferes manifestaban su imposibilidad de negarse a salir del taller aún sabiendo que el coche no estaba en condiciones. Sin dudas se trata de un gran problema de gerenciamiento, enancado en la permisividad de las autoridades de control por parte del Estado. Algunos reclamaron cambio de boletos; otros debimos esperar al coche de repuesto, que demoró casi dos horas en aparecer (cuando el galpón de la empresa no está tan lejos). La conclusión es que llegamos a Rosario con más de dos horas de retraso, habiendo estado expuestos a la inseguridad y a la irresponsabilidad de esta empresa, que en los últimos años se caracteriza por un pésimo servicio. Creo que siempre es necesario alzar el reclamo y la protesta, pues si así no lo hubiésemos hecho, habríamos permanecido varados en Retiro por bastante tiempo más. Por ello es importante alertar a los lectores de La Capital, al extremar los cuidados para elegir la empresa en la cual transportarse. En lo personal, no pienso volver a viajar por esa decadente empresa.
































