Sandro se marchó un 4 de enero, y los Reyes no llegaron a tiempo para dejarle el preciado regalo de su salud. Todo el pueblo sintió su partida y las nenas pusieron un negro crespón en lo más hondo de esa incondicional y antigua fidelidad. En lo sucesivo, sólo podrán escuchar sus temas a través de películas y grabaciones; y tal vez sigan en cada cumpleaños, cada 19 de agosto, reuniéndose frente a la casa de Banfield donde ya no aparecerá la querida figura del Gitano, pero su espíritu siempre alegre les cantará una canción. Ahora bien, creo que el lugar del velatorio de Sandro no fue el adecuado. Debió ser realizado en el Luna Park porque es sinónimo de pueblo; el Congreso debiera ser del pueblo pero no lo es. El Luna es Justo Suárez, Gatica, Prada, Lause, Monzón, Loche, Pascualito, Galíndez, Accavallo, Ringo... Allí fueron velados Gardel y Julio Sosa. El Luna es Nelly Omar, Tormo, Guaraní, Los Chalchaleros, Los Nocheros, el Chaqueño, Mercedes Sosa, Víctor Heredia, Jairo, Charly, Fito, Perales, Sabina, Serrat y hasta Sinatra y Pavarotti. En cambio el Congreso que cobijó a algunos grandes como Lisandro De La Torre dio cabida a numerosos levantamanos que jamás presentaron un proyecto relevante, y a otros que han dormido una irreverente siesta en sus bancas dignas de mejores representantes. Como quiera que sea, la gente le iba a dar el último adiós a Sandro fuere dónde fuere; y si lo hubiesen velado en la orilla del Riachuelo, la magia del Gitano lo hubiera convertido en el Lago de los Cisnes.


































