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Vecinos de Parque Regional Sur exigen mayor seguridad en las cascadas del Saladillo

Así lo manifestó Sergio Nazzi, uno de los vecinos autoconvocados, a diez días del fallecimiento de una mujer de 25 años, la segunda víctima en dos meses en el salto de agua.

Sábado 01 de Marzo de 2014

Una muerte que podría haberse evitado es un “límite” para muchos de los vecinos del Parque Regional Sur (entre Rosario y Villa Gobernador Gálvez) que alberga a las cascadas del Saladillo. Así lo manifestó Sergio Nazzi, uno de los vecinos autoconvocados, a diez días del fallecimiento de una mujer de 25 años, la segunda víctima en dos meses en el salto de agua. Sin medias tintas, reclamaron por enésima vez vigilancia y seguridad en el lugar.

   “Queremos que se destine a la zona sur la misma vigilancia que hay en los parques o espacios públicos del centro, es vital la presencia de la Guardia Urbana Municipal (GUM), es necesaria la colocación de más barandas protectoras, carteles que adviertan la peligrosidad de acercarse a ciertos sectores de la barranca y más luz perimetral en el parque”, exigió Nazzi.

   El pasado 17 de febrero joven se ahogó en el arroyo tras desmoronarse la barranca, a la altura de Batlle y Ordóñez y a unos 30 metros de la cascada. El hecho lamentable, podría haber sido aún peor, ya que la mujer estaba acompañada por su pareja y tres chicos que pudieron ser rescatados.

   En esa oportunidad, el fiscal Florentino Malaponte se presentó en el lugar del accidente y reconoció “ciertas deficiencias en el resguardo” de la barranca. “En algún momento -había dicho- la Municipalidad puso baranda, pero el arroyo fue comiendo la barranca y así se generan desmoronamientos con frecuencia”.

   Algo que también había resaltado Malaponte tras el accidente, y por testimonios de algunos testigos, es que la familia estaba sentada sobre el borde de un segundo nivel de la barranca. Y describió a la escena como “imprudente”.

   Esa muerte no fue la única. A mediados de diciembre del año pasado también murió ahogado un joven de 25 años al caer a las aguas con su moto, tras un confuso episodio.

   Tras esta última tragedia, los vecinos retomaron sus viejos reclamos que los llevó hasta formar un grupo en Facebook denominado “Salvemos las cascadas del Saladillo” o “No a la destrucción de la cascada”. Allí, no son pocos los que aseguran sentirse “olvidados” por el municipio.

   “Este último accidente nos hizo reunir nuevamente para volver sobre el reclamo de que la provincia agilice urgentemente lo que la Justicia ya ordenó: que se estudie y ejecute el proyecto de un ingeniero (Bessone) que cuenta con el apoyo de los vecinos”, remarcaron.

   En febrero del año pasado, el juez de primera instancia de distrito en lo Civil y Comercial de la 12ª Nominación, Fabián Bellizia, hizo lugar a un recurso contencioso administrativo sumario presentado por los vecinos, por lo que determinó “la realización de un estudio de impacto ambiental, previo a la concreción de las obras proyectadas en las cascadas”.

   En el segundo punto de la resolución del magistrado se indica que tal estudio debe efectuarse de acuerdo a indicaciones técnicas en materia de protección del patrimonio natural y cultural. Y se precisa que su evaluación y aprobación deberá estar a cargo de la Secretaría de Medio Ambiente y Desarrollo Sustentable de la provincia.

   También el juez planteó que se firme un convenio con la Facultad de Ingeniería y Ciencias Hídricas de la Universidad Nacional de Litoral “para cotizar y estimar los tiempos de desarrollo del proyecto del ingeniero Bessone, que prevé la caída vertical de la cascada”.

   “Un accidente geográfico y lugar de esparcimiento tan valioso, con patrimonio arqueológico, en cualquier lugar serio del mundo sería protegido y promocionado como paseo turístico, pero acá es abandonado”, consideró Nazzi.

   Otro vecino, Cristian Novoa, dijo que si se hiciera en este parque “el 10 por ciento de las mejoras que se hacen en otros más cercanos al centro” la cosa cambiaría mucho.

   Pero además, hay que agregar que el arroyo, donde a fines del siglo XIX Manuel Arijón construyó su majestuosa casa con dos miradores por el valor paisajístico de la zona, está contaminado. Una anécdota cuenta que el propio Arijón tenía artrosis y viajó a Suiza a visitar a un médico que le indicó que se bañara en ese arroyo. Hoy esa terapia sería casi un acto de locura.

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