En un reportaje al diario Perfil, Mauricio Macri se refirió a un porcentaje reducido de la población que está altamente politizado, que lee varios diarios, que piensa constantemente en los temas públicos, que forma parte del mundo del hacer y del pensar y que, por todo eso, forman opinión. Por llamarlo de alguna forma, lo mencionó como un "círculo rojo". Se trató, como se puede apreciar, de un comentario de un alto dirigente político de la Argentina que, como cualquier ciudadano, tiene derecho a opinar sobre la realidad de su país, alentando, además, la esperanza de que cada vez hubiera más gente interesada en la política. Increíblemente, el kirchnerismo le dio otra interpretación, por supuesto, funcional a sus intereses electoraleros. Después de las derrota del 11 de agosto en las Paso, todo vale. Por ello, no extrañó que horas más tarde, la Ciudad de Buenos Aires apareciera con afiches ilustrados con fotos de periodistas, políticos y empresarios opositores, a los que se identificaba como líderes de un golpista "círculo rojo". Por si quedaba alguna duda, la propia presidente de la Nación se refirió a ese misterioso círculo asignándole también intenciones "destituyentes". El dirigente kirchnerista Luis D'Elía fue más allá: reveló la fecha del "golpe", que será, según este adalid del antisemitismo, el próximo 8 de noviembre. Nadie en su sano juicio cree que haya en marcha un movimiento sedicioso. Por suerte, los golpes de Estado son hace mucho parte de un pasado ingrato de la Argentina. Tenemos muchos problemas, varios de los cuales han sido agravados por el actual gobierno, pero todos sabemos que sólo podrán resolverse en el ámbito de las instituciones democráticas. ¿Qué buscan, entonces, la señora de Kirchner y su comparsa, con esta agitación de fantasmas? Por lo pronto, dividir aún más a la sociedad, ahondar la grieta que, brutalmente, fractura a nuestro país. Siguen creyendo que el conflicto permanente, la línea siempre trazada entre réprobos y elegidos, los fortalece. Pareciera que no saben leer los signos de los tiempos ni los mensajes que llegan desde el Vaticano. Creen que basta una apurada foto con el Papa para purgar sus vicios. Pero cabe otra posibilidad. Puede ser que, ante la perspectiva de perder la mayoría parlamentaria, de no poder ser reelecta y de enfrentar un panorama económico difícil, la presidente baraje la idea de dejar el poder, para que otro sea el que deba pagar las facturas de la fiesta. No sabemos si esto pasa o no por la cabeza de quien nos gobierna. Sí sabemos que en julio de 2008, la madrugada del voto "no positivo" de Cobos, esa idea fue considerada por el matrimonio Kirchner, lo que le da alguna verosimilitud a la hipótesis que examinamos. En cualquier caso, todos los argentinos -y los dirigentes opositores, en especial- debemos exigirle a la primera mandataria que finalice el período para el que fue electa constitucionalmente. Es hora, además, de que asuma la responsabilidad de adoptar las políticas que el país reclama, para enderezar aunque más no sea parcialmente el desquicio al que el exacerbado populismo que desplegó durante su gobierno nos condujo. Le tocaron tiempos excepcionales, como no tuvo ningún otro presidente argentino en un siglo. Los despilfarró. Ahora debe dejar el "relato" y, de una buena vez, empezar a gobernar. Los argentinos queremos seriedad, previsibilidad, responsabilidad y compromiso con el futuro.




























