Quiero contar mi experiencia, aproximadamente en el año 1995, cuando mis hijas tenían entre cuatro y diez años y vivimos un momento angustiante con la enfermedad de la meningitis meningocóccica. Todos los días eran alarmantes los números de niños afectados. Nuestro pediatra y reciente secretario de salud municipal, Raúl Rivero (a quien le estaremos agradecidos de por vida por su amor, dedicación, tenacidad y profesionalismo que puso al servicio de todos los niños que veía), en ese momento le tocó recién asumido este gran tema. Guardé hasta hace poco el artículo con foto del cual recuerdo su título: "Paradigma de salud", en el cual se veía su foto y la de la médica cubana que vino a la Argentina por este tema tan angustiante que día a día se cobraba muchas vidas. La vacuna era la única salvación y, por fin, llegó el doctor Rivero y nos aconsejó en ese momento todo lo bueno que era vacunar a nuestros hijos. La campaña de vacunación llegó y fue gratuita y al poco tiempo ya disminuyó el problema y la enfermedad casi había desaparecido. Claro que muchas madres llevadas por comentarios secundarios hablaban de efectos secundarios, pero la repercusión fue grande y triunfó la sensatez. Que esto se repita si es necesario. Nuestro pediatra luchó junto a otros profesionales y lo consiguió: le estaremos siempre agradecidos. Adhiero al concepto de la ex concejala Daniela León: "Alguien tiene que empezar, que no tengamos que lamentar: mejor prevenir que curar".



























