El tramo de la autopista que une a Carcarañá y Armstrong hace meses que está listo pero no se inaugura. Probablemente se esté dilatando la ceremonia para incluir también el tramo que va de Armstrong hasta Tortugas, que se encuentra casi listo. A pocos días de las elecciones, los beneficiarios políticos de esa inauguración, con bombos y platillos, obtendrían el máximo rédito político. Pero existe un inconveniente: en nuestro país poseemos una de las tasas de accidentes viales más altas del mundo y es precisamente la ruta 9 una de las que más vidas se lleva. El último sábado de mayo, en ese camino, cerca de la ciudad de Cañada de Gómez, en un solo accidente en el que chocaron frontalmente dos automóviles, murieron un joven matrimonio con dos de sus hijos y el conductor del otro vehículo. Sólo sobrevivió la hermana de los dos niños fallecidos. Cabe recordar que el impacto frontal es el accidente vehicular que más muertos y heridos graves ocasiona, y que prácticamente no existe en las autopistas. Ese sábado, a unos 3.000 metros de la tragedia, la flamante autopista continuaba aguardando que los responsables se dignen habilitarla. El día que por fin decidan hacerlo, en el clima festivo propio de ese acontecimiento, ¿se les cruzará por sus mentes todas las tragedias que podrían haber evitado en estos meses, sólo por haber actuando responsablemente?
































