El balance de estos duros días de pandemia entrega dos imágenes contrapuestas: por un lado, el drama del sector de la salud, que está pagando un alto precio en vidas debido al nivel de exposición que cotidianamente asume frente al virus; por el otro, la quema de barbijos en la Capital Federal.
Se trata de los dos extremos de una sociedad acosada por el Covid-19. En uno de ellos se sitúan el coraje y la abnegación de médicos/as y enfermeros/as, y exactamente en sus antípodas, el egoísmo y la irracionalidad de un grupo que niega la amenaza y olvida que su decisión de ponerse en riesgo expone también a su prójimo.
Claro que esa palabra, “prójimo”, ha sufrido una profunda devaluación en la Argentina. En su libro ¿Cambiamos? (Siglo XXI, 2019), Paula Canelo reflexiona acerca del país que instaló en la presidencia a Mauricio Macri: “Nuestra sociedad cambió. Se hiperindividualizó. Si alguna vez lo fue, la patria dejó de ser «el otro» para ser solo «yo». Gran parte de los argentinos prefirió dedicarse a lo suyo y aspiró a triunfar en soledad, no solo lejos del otro sino además, en muchos casos, en contra del otro”. El gobierno macrista terminó en una fabulosa crisis, que no le impidió cosechar cuatro de cada diez votos en la elección que consagró a Fernández-Fernández: este hecho señala la persistencia del modelo individualista en la ciudadanía. Lo preocupante es que el único camino que permite transitar de manera tolerable los rigores de una epidemia conduce hacia el ámbito opuesto: es decir, aquel donde impera una visión comunitaria, presidida por la empatía. Daniel Feierstein definió con exactitud lo que ocurre en un reciente reportaje: “La pérdida de la noción de comunidad es previa —aseveró—, el tema es si la situación límite que se vive no permite recomponerla”.
No se puede ser más exacto para definir el desafío que tienen los argentinos: hay que elegir entre dos universos valorativos opuestos. Y más allá de que en la difícil coyuntura que se vive muchos intentan diluir la responsabilidad personal, ésta existe, y de manera nítida: consiste en optar, simplemente, entre la indiferencia y la solidaridad, entre la enfermedad y la salud, entre la vida y la muerte.