Como médico psiquiatra y docente universitario, siento la obligación de hacer algunos comentarios acerca del artículo "El saber occidental y oriental se unen para tratar dolencias", publicado en el suplemento Salud de este diario el miércoles 23 de mayo pasado. El subtítulo "Medicina china, Psicología y Neurociencias" puede inducir a graves errores conceptuales. Se considera a las neurociencias como un conjunto de disciplinas cuyo objeto de estudio es el sistema nervioso. Las mismas han logrado un alto desarrollo en las últimas décadas de la mano de técnicas que permiten el estudio del cerebro vivo. El conocimiento así originado se apoya en rigurosas observaciones empíricas que posibilitan la formulación de hipótesis basadas en la evidencia, generada a su vez aplicando estrictamente el método científico, que exige observabilidad y replicabilidad. La medicina china, y la acupuntura en particular, aun no han podido demostrar científicamente las conjeturas de naturaleza metafísica sobre las que se basan: la supuesta existencia de una forma de energía llamada "chi" que circularía en el cuerpo por canales denominados "meridianos", siendo la enfermedad el resultado del bloqueo de dichos canales. Sus defensores suelen sostener que posee una larga tradición y que los cuestionamientos que recibe obedecen a una conspiración de la industria farmacéutica. Sin embargo, que se trate de algo antiguo o que existan intereses comerciales no aporta evidencia sistemática sobre su eficacia. En el artículo abundan las apelaciones a conceptos vagos y polisémicos como "energía" u "holístico", de escaso rigor científico y bajo poder descriptivo. Más aun, el creador de esta práctica, señor Molto Ripoll, no da indicio alguno que ayude a entender cómo logró amalgamar despreocupadamente saberes de naturaleza tan disímil y superar los formidables obstáculos teóricos y epistemológicos que sin duda encontró en su camino. Si se pretendía enriquecer el debate o aportar otras perspectivas, hubiese sido deseable convocar la opinión de representantes de instituciones científicas reconocidas en neurociencias, ya que los comentarios de los profesionales citados en la nota fueron hechos estrictamente a título personal. No abrigo animosidad contra este sistema, quienes lo ejercen o quienes deseen recibir sus supuestos beneficios, tan sólo me preocupa que cuestiones sensibles relativas a la salud y enfermedad sean tergiversadas con fines poco claros.


































