Cuando la noche del sábado pasado Mariel Farías salió junto a su novio y un
grupo de amigos para ir a bailar a un boliche de Pueblo Esther, jamás imaginó que iba a amanecer en
un hospital con su brazo izquierdo perforado por ocho perdigones de balas de goma disparados por
policías que custodiaban el local. "Fue una verdadera pesadilla. Si en vez de pegarme en el brazo
me daban en el cuello o la cara, quizás me hubiesen matado", confesó la joven, de 22 años, que
trabaja como esteticista en un solarium y ahora deberá estar varios meses desocupada hasta que su
brazo, verdadera herramienta de trabajo, se recupere de las lesiones sufridas. La denuncia del
hecho fue presentada en la Dirección de Asuntos Internos de la policía, donde ayer amplió su
declaración y su prima, quien la acompañaba en el momento del ataque, brindó datos para la
confección del identikit de uno de los que les dispararon.
Todo arrancó a última hora del sábado 6 de marzo cuando Mariel y su novio,
Sebastián, salieron desde sus domicilios en Villa Gobernador Gálvez para ir al boliche Walhalla,
ubicado sobre la ruta 21 y Oroño, en Pueblo Esther. Con ellos, a bordo de un Fiat Palio de la
chica, fueron su prima Katia, su hermano y su cuñada. Todo transcurrió con normalidad hasta cerca
de las 6 de la mañana del domingo, cuando ya se aprestaban a retirarse. "En ese momento se armó una
batahola dentro del local y vimos que un muchacho amigo, que es discapacitado motriz y no es uno de
esos chicos que andan haciendo líos por que ya tiene 46 años, estaba tirado en el piso mientra los
patovicas lo sacaban a la rastra. No sé muy bien cómo empezó todo, pero nosotros nos acercamos a
defenderlo porque lo estaban maltratando y él se mueve con dificultad", recordó la joven.
Lo cierto es que cuando Mariel y su grupo se acercaron a los patovicas, la cosa
empeoró. "Nos empezaron a insultar y a manotear. A mi me provocaron varios rasguños en la espalda,
al igual que a mi cuñada. Y a mi novio uno de los patovicas lo agarró del cuello, le quitó el aire
hasta hacerlo caer casi desvanecido y entre cinco lo sacaron a la rastra del boliche. Lo mismo
hicieron con mi amigo discapacitado. En ese lío logramos salir mientras algunas amigas mías eran
retenidas por tipos de seguridad que les decían que la cosa no era con ellas".
Cada vez peor.Ya afuera del local la cosa fue peor, según la denuncia de la
joven. "Les empecé a gritar que dejen de molestar a mi amigo, que no le podían pegar a alguien
discapacitado, que dejen de abusarse de un tipo que estaba sangrando por los golpes que le habían
dado", contó Mariel a La Capital. Y en ese momento, dijo, "aparecieron algunos tipos de civil y
otros con uniformes que sacaron de un Renault 9 bordó pistolas y escopetas y empezaron a disparar
al aire mientras ya la gente salía del boliche. Fue un verdadero desastre, los chicos corrían y se
tiraban atrás de los autos buscando protegerse y estos tipos avanzaban a los tiros".
En medio de la hecatombe, Mariel logró llegar a su auto para irse lo más rápido
posible. "Lo tenía estacionado como a cien metros y en el medio del lío de gente que corría, se
subía a los autos y se iba como podía. Ya en el auto me acerque a la puerta para que puedan subir
mi novio y los demás que estaban conmigo y que venían corriendo con los policías detrás", contó.
También aseguró que "eran tres hombres y una mujer los que venían con armas persiguiéndolos". En
esas circunstancias, dijo la chica, "me cercaron el paso y uno de los policías le pegó un palazo al
capó del auto para que no me vaya. Me empzó a gritar que pare y yo, muerta de miedo, seguía andando
despacio. Mi novio y las chicas pudieron subir. Estábamos con los vidrios bajos y entonces uno con
una pistola se puso a correr al lado de la ventanilla de atrás, donde estaba mi prima, y le apuntó
a la cabeza gritándome que pare".
Mariel confió que, "muerta de miedo, lo primero que hice fue acelerar para huir.
Entonces metieron el caño de una escopeta por mi ventanilla, vi un fogonazo y me empezó a arder el
brazo. Estaba perdiendo mucha sangre pero no paré, logramos salir a la ruta y encarar para Villa
(Gobernador Gálvez)". Según la joven, cuando ya estaban en camino "siguieron tirando desde atrás y
creo que algún auto me siguió, pero no puedo asegurarlo porque estaba aterrorizada".
En Asuntos Internos.Cuando ya se habían alejado un par de kilómetros del lugar
Mariel tuvo que abandonar el volante. "Perdí la fuerza del brazo, sangraba mucho y le pedí a mi
novio que manejara". Así fueron hasta el hospital Gamen donde los médicos le dijeron que tenía que
hacer la denuncia si o sí. "En la guardia había un policía y que al escuchar lo que yo contaba se
fue a hablar por su celular. Me dio la impresión de que estaba avisándole a alguien lo que yo
denunciaba", dijo Mariel.
La joven esteticista dijo que no fue el sábado la primera vez que fue a
Walhalla, y que en las ocasiones anteriores "jamás vi líos o tantos policías como esa noche, mucho
menos disparando armas, sin identificarse". Más allá de afirmar que no sabe "si hubo otros
lastimados o lesionados", Mariel aseguró que ella no se va a quedar callada porque "me podrían
haber matado si en vez de dispararme al brazo lo hacían al cuello o la cara".
Tras se atendida en el hospital Gamen, donde constataron que tenía el impacto de
ocho perdigones en su brazo, la chica presentó la denuncia en la Dirección de Asuntos Internos de
la policía. "Le hicieron pericias al auto para comprobar los golpes y recolectaron varios
perdigones que quedaron adentro e impactos en la carrocería", concluyó.