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Una escuela religiosa creó una sala maternal para las alumnas madres

Es el colegio Marcelino Champagnat, de barrio La Boca, donde existe una opción ante el embarazo adolescente. Buscan contención.

Domingo 19 de Mayo de 2013

Gisela Juárez tiene 17 años. Cuando cursaba segundo año abandonó la escuela para dar a luz a Emir, su hijo que hoy tiene dos años. Se anotó en el colegio Marcelino Champagnat, de Rueda al 4500 (zona sudoeste), porque ahí hay una sala maternal donde puede dejar a su hijo mientras ella va a clases. Así logró retomar el cursado y está en 3er. año con muy buenas notas.

El caso de Gisela no es único. El embarazo adolescente se replica en distintas zonas de Rosario. Sin embargo, no son muchas las instituciones que ofrecen una solución a estas alumnas madres con el objetivo de que puedan terminar los estudios, que son obligatorios.

En el barrio La Boca, la escuela Champagnat, llevada adelante por la congregación de hermanos Maristas, empezó en 2010 con una sala maternal destinada a chicas que fueran mamás y cursaran en la escuela. Allí la docente a cargo, Sandra Lezcano, cuida a 9 chicos desde los 3 meses y medio hasta que pasan a jardín de 4. El único requisito es que las mamás vayan a clases. Y funciona.

En general, las mamás que dejan a sus bebés en el maternal de la escuela del barrio La Boca decidieron ser madres a muy temprana edad. Ellas reconocen que no fue una decisión fácil, que tenían anticonceptivos y que no les faltó la oferta del aborto. A esto se les sumó, en la mayoría de los casos, la oposición fuerte de los padres. Sin embargo, decidieron continuar y ahora van a clases acompañadas de sus hijos, también con mochila.

Yamila Báez quedó embarazada cuando cursaba séptimo grado en la escuela Ceferino Namuncurá. Se enteró de que iba a tener un hijo y la primera reacción fue de tristeza. "Después decidí que no me iba a importar lo que dijeran los demás, porque yo quería a mi hijo", contó la joven de 15 años que tiene a Ramiro, de 2.

"Al principio mis padres se enojaron, pero después empezaron a aflojar cuando vieron las ecografías. Ahora Ramiro es la luz de la casa, es lo único que tienen", contó la chica que vive con sus progenitores ya que el papá de su hijo, apenas se enteró del embarazo, le dijo que no se iba a hacer cargo y Yamila no lo volvió a ver.

"Tuve que pasar muchas cosas", repite Yamila. La internaron cuando llevaba 6 meses de embarazo y su bebé nació un mes después a partir de lo que permaneció internado en neonatología.

Tanto ella como Gisela coinciden con que la maternidad "te hace madurar de golpe".

Son adolescentes, pero también son madres con todo lo que ello implica. Dejar a sus hijos en el maternal y volver a la escuela no fue tarea fácil. Y si bien lo querían hacer, lo más difícil fue desprenderse de los niños cuando tenían que cursar.

La docente explicó que el tema del apego "hay que trabajarlo mucho en las mamás" y relató que "al principio venían todo el tiempo a verlos, pero les expliqué que tenían que aprender a dejarlos y de a poco fueron haciéndolo. Ahora los traen tranquilas, aunque saben que pueden venir en cualquier momento".

El maternal funciona de lunes a viernes, de 13.15 a 16.30, en el mismo horario que la secundaria.

Los chicos juegan, aprenden los primeros hábitos como lavarse las manos antes de comer y preparar la mesa, y reciben estimulación temprana.

"Desde que Ramiro empezó a venir (al maternal) habla un montón y la pasan re bien", comentó la joven mamá que añora que su nene termine en esa misma escuela la secundaria.

A su vez, los profesores del secundario son "muy comprensivos" contaron las mamás alumnas porque las dejan de salir para amamantar a sus bebés o si los escuchan llorar.

"Yo al principio no aguantaba dejarlo. A la semana quise largar todo, volver a mi casa con el nene y dejar la escuela", confesó Gisela, pero "después Franco (el preceptor) me vino a hablar y me dijo que era importante que yo terminara la secundaria, así que tomé fuerzas y seguí adelante", manifestó.

Rosa Paz lleva consigo una historia parecida. Está en primer año y tiene una beba de once meses, vive con el padre de su hija. "A mí me fue a hablar la maestra a mi casa y me dijo si quería terminar la escuela, me contó del maternal y volví", comentó la joven que este año retomó el secundario.

Una necesidad. Para estas chicas el maternal no es una opción sino una necesidad. Por más que vivan con sus padres, los abuelos de los niños tienen poco más de 30 años y generalmente trabajan. De este modo, no pueden hacerse cargo de los nietos.

A la vez son conscientes de la necesidad de la escolaridad. "Yo quiero ser alguien en la vida y para eso tenés que tener el secundario", subrayó Gisela y contó que "es muy difícil que te tomen en algún trabajo si hiciste toda la escuela completa". Ellas encontraron esta forma de salir adelante y el colegio las acompaña.

Criarlos, por sobre todo

“El aborto es muy común acá en el barrio. Cuando quedé embarazada, yo ni loca quería abortar. Me dieron la opción de tenerlo y después darlo en adopción. Y hasta me dijeron que podía abortar. Pero yo sabía que iba a ser mi hijo, que de cualquier manera lo iba a criar. Pasé muchas cosas y aprendí; creo que maduré de golpe. Ahora curso segundo año y hay dos días en que también hago computación. Mi hijo es la luz de mi casa”, sostuvo Yamila.

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