La presentación espontánea en Tribunales de un testigo le permitió a la Justicia identificar al
organizador y ejecutor de la emboscada contra el micro de la barra brava de Newell’s Old Boys
ocurrido la madrugada del jueves pasado. Según la declaración, se trata de un vendedor de drogas
ligado a la segunda línea de la banda del barrio Las Flores identificada como Los Monos. En aquel
ataque resultó gravemente herido Walter Cáceres, de 14 años, quien murió 36 horas después con tres
tiros en su cabeza y otro en la espalda. Además, otros dos hombres resultaron baleados.
Pero la declaración del testigo no quedó en esa acusación. También
denunció los lazos de corrupción entre la comisaría 11ª, con jurisdicción en una parte del barrio
La Tablada, y uno de los sectores del narcotráfico del sur de la ciudad (ver aparte). Eso motivó el
descabezamiento de la cúpula de la seccional de Lamadrid al 200 bis, es decir a escasos 200 metros
de la casa de Roberto Pimpi Camino, el ex líder de la barra leprosa.
Otro de los aspectos que relató el testigo el fin de semana fue que el
blanco del ataque era Diego Panadero Ochoa, el actual dueño del paraavalanchas leproso. Y dio un
elocuente dato: el precio ofrecido por el trabajo criminal fue de 10 mil pesos, una cifra similar
al canon que las barras rosarinas pagan a Los Monos por cada partido jugado en la ciudad.

































