El 27 de octubre pasado, a las 22.30, nuestra hija menor volvía caminando a nuestro hogar desde su establecimiento educativo. Transitando por la vereda que circunda el edificio de la ex Jefatura de Policía, hoy Museo Gallardo, por calle San Lorenzo y a escasos metros de Dorrego, fue interceptada por una pareja joven de 16 o 17 años y amenazada, navaja en mano, para que les entregara el dinero que tuviera (que no poseía). Ante la negativa y tras ofrecerles el bolso que portaba, fue impulsada hacia un lugar de la esquina fuera de la vista de los eventuales transeúntes. Fue en tales circunstancias que providencialmente apareció un taxímetro transitando por San Lorenzo. Advertido el conductor de lo que estaba ocurriendo encandiló la escena e increpó a los sorprendidos agresores, quienes intentaron justificarse diciendo que se "trataba de una broma", tras lo cual se dieron a la fuga. Preguntada nuestra hija por el taxista acerca de si había sufrido daño y ante el estado de nerviosismo padecido por la agresión sufrida, desinteresadamente se ofreció para conducirla hasta nuestro hogar, a escasas cuadras del lugar del hecho. Huelgan las palabras para resaltar la inseguridad que se ha enseñoreado en nuestras calles pero no para destacar la decidida actuación de este trabajador, de quien lamentablemente desconocemos sus datos personales, que lo ennoblece y enaltece como persona de bien.

































