Van a cumplirse tres meses del asesinato de la joven Ángeles. Durante todo ese tiempo no menos de cuatro canales de televisión le dedican un promedio de dos horas diarias y en horarios “pico”. Propinan tertulias con abogados, médicos legistas, periodistas, opinólogos, adivinos, parientes, funcionarios, vecinos, amigos, psicólogos y todo tipo de personas que encima, bien que con las protocolares excepciones del caso, infligen agresiones estéticas. Una cáfila que en general opina a tontas y a locas imbuidos de una enorme seguridad. Ya quisiera uno estar seguro de algo como ellos están seguros de todo. Se incurre así en lo que la teología moral llama “pecado de escándalo”. Se dirá que ese tipo de programas amarillistas genera rating. Me temo que ya asquean. Se promocionan letrados; acaso se perturba a la familia de la víctima, se bestializa al espectador. La infortunada adolescente merece estar en paz y que la Justicia decida: tamaño exhibicionismo mediático, linchamientos incluidos, delatan nuestro modesto (quise decir retrógrado) grado de civilización. Somos un país indecoroso, precapitalista y subdesarrollado. Y, para colmo, Vargas Llosa: “El subdesarrollo es la principal causa del subdesarrollo”.


































