El “modelo” tiene averías por doquier y debilidad insalvable. Después de nueve años de vigencia, retrocedimos al 2001, es la recidiva. Ambos momentos los generaron gobiernos inoperantes, con el agravante de que el actual es además intolerante, falaz y corrupto. Por el estado de insatisfacción social, la violencia y los saqueos de entonces se vislumbraban, siendo tomados con condescendencia por no pocos de los políticos que hoy nos gobiernan, quienes ahora buscan ocultar una realidad social similar a la anterior. Dicen que fueron organizados por sindicalistas opositores, grupos destituyentes y delincuentes comunes. Antes como ahora, seguramente no faltaron quienes alentaron y sacaron ventajas de las condiciones propicias del real escenario de pobreza e indigencia sin el cual nada hubiesen podido hacer. Si realmente los que actuaron eran todos delincuentes comunes, su masividad de un extremo al otro del país confirmaría el otro problema importante que el gobierno se niega a reconocer: la inseguridad. Las realidades no se las puede hacer desaparecer con mentiras, no hay magia posible para ello.






























