El día 22 del corriente salí de compras en la búsqueda de un regalo para mi hija, recorrí varios negocios de electrodomésticos buscando la promoción que más me conviniera. Pase por los más reconocidos de calle Córdoba y finalmente un excelente vendedor de Fravega “Primeros siempre”, supo facilitarme la tarea y conseguí buen precio y promoción para comprar un teléfono celular. Efectuamos en contados minutos, a lo sumo 15, la operación incluido el pago; al finalizar me invitaron a pasar al sector de activaciones. Cuando llegué habría unas 10 personas esperando, eran las 15.45, obviamente los sistemas colapsados pero el tema que una sola empleada, además agotada y sin comer, era la que debía atendernos a todos. Había que hacer fila, cuando eran las 16.15 y todavía nadie se había movido, reclame al subgerente, quien me expresó que no podía darme solución alguna, que si quería me anulaba la compra, coaccionándome para que no lo molestara más. En ese momento se presentó un soberbio diciéndome que era el gerente general. Y por su “cargo” le pedí una solución, es decir refuerzos a la empleada ya que es una fecha de mucha demanda, y me respondió que trabajaban con el mismo personal de todos los días y que no me siguiera enojando; tuvo una postura inmutable, repitiendo que no me iba a dar solución alguna. Me retiré del local recién a las 17.30. Y al pedirle al señor gerente su nombre, cortó con la mano despectivamente un trozo de papel y dijo: “Anótelo usted, señora. Soy el gerente general de la sucursal”. Un maleducado, incompetente, soberbio que pasea por el local haciendo acto de presencia y exhibiendo su “título” que no tiene la capacidad, para eso está la autoridad, de solucionar inconvenientes, prevenir, brindar atención y no para colgarse una corbata que no lo hace “persona”, sino payaso. Y para eso estamos los clientes, para recibir la buena atención que merecemos, aún después de haber comprado.






























