En estos días, La Capital ha publicado noticias sobre la culminación de la restauración de la última unidad tranviaria que circuló en la ciudad y su puesta en marcha por las vías que sobrevivieron en la avenida Wheelwright. Desde mi óptica de porteño que quiere a esa ciudad, sólo caben felicitaciones para los pacientes emprendedores de tamaña tarea que contribuirá a que los jóvenes conozcan ese medio de transporte absurdamente suprimido en beneficio del medio automotor hace ya más de 40 años. Al mismo tiempo reflotará el debate acerca de qué medios de transporte público merece Rosario. O sea: ¿seguiremos exclusivamente con los ruidosos, humeantes y onerosos ómnibus actuales como sistema central o los reubicaremos en los barrios como tributarios de otros medios tales como trenes urbanos y tranvías? Esta no es una pregunta menor, ya que en los países del llamado Primer Mundo es lo que se ha hecho. Muchos países nunca eliminaron sus redes tranviarias (salvo Francia y creo que sólo en París, en los años 30). Por el contrario, las mantuvieron, ampliaron y modernizaron a tal punto que hoy vemos a espléndidos vehículos eléctricos nuevos o perfectamente mantenidos circulando por sus calles como estructura central del movimiento de personas (Barcelona, Melbourne, Berlín, Amsterdam, Praga y más recientemente algunas grandes ciudades de EEUU). Acá hicimos al revés. Buenos Aires eliminó su gran red tranviaria (800 kilómetros y más de 3.000 vehículos) y los sustituyó por automotores. En Rosario, pasó lo mismo y en otras ciudades que quedaron presas de los sistemas de colectivos que hicieron su aporte al deterioro del medio ambiente y al uso excesivo de combustibles no renovables. A esto se sumó la supresión de los trenes urbanos o suburbanos (como en Rosario, Tucumán, Mendoza) o el deterioro impresionante de éstos (como en la Capital Federal y el Gran Buenos Aires), y así estamos. Nunca viajamos tan mal y tan caro como ahora. Entonces, a la hora de repensar en volver a lo bueno que tuvimos, mejorado y actualizado claro está, bienvenido el aporte de los amantes de los tranvías, entre los que me cuento, para incidir en las urgentes decisiones que hay que tomar para cambiar de fondo la situación y salir de los discursos inoperantes y los remiendos fugaces.

































