Siempre me gustó la docencia y desde 1960 hasta hace poco me dediqué a preparar alumnos, primordialmente de la secundaria, en temas relacionados con matemáticas, física y contabilidad. Desde ese lugar pude apreciar el retroceso experimentado en la educación con el paso del tiempo, manifestado por: 1) reducción de temas por materia, 2) reducción de variantes dentro del tema, 3) desprolijidad en las carpetas que se presentan (o no se presentan) para rubricar, 4) mayor ausencias a clase, 5) gran inactividad por paros y 6) desinterés generalizado por la enseñanza; etc. Todo lo reseñado, más otras causas de carácter social y económicas, llevaron a una notable deserción de alumnos que no obtuvieron su diploma y eso les impedía acceder a un trabajo. ¿Y qué hicieron nuestros sucesivos gobernantes ante esta situación? Lo más fácil: crearon los Eempa, que son escuelas nocturnas, con horarios reducidos, materias resumidas, objetivo académico reducido digamos al 50%; o sea: no importa lo que saben, lo importante es el diploma. Pero el problema no se terminó ahí, porque los Eempa, que nacieron con objetivos modestos, también se fueron desinflando hasta dar una educación paupérrima (he tenido alumnos que en un curso de física le dieron en toda la materia 3 problemas). El motivo de esta carta es la nota que salió el domingo 15 de junio en La Capital con el título “Terminá la secundaria”, donde en lugar de mostrar contenidos muestran las infinitas “facilidades” para que el alumno obtenga su diploma. Se me ocurre que este nuevo programa se superpone mucho con el anunciado meses atrás por la presidente para los ni-ni. Bienvenidas sean las becas y ayudas destinadas a gente de buena voluntad, pero no es bueno para casi nadie que las desparramen al por mayor porque resultan demagógicas y vulneran el sagrado nivel académico que debe tener cada disciplina de estudio. El Estado no debe asegurar que en un cierto período de tiempo van a terminar sus estudios equis estudiantes; lo que debe asegurar es que los que terminen tengan un nivel mínimo y aconsejado de conocimientos. Repito: becas y ayuda, sí. Vulnerar el nivel académico necesario. Jamás. Basta de apuntar al suelo. Empecemos a apuntar para arriba de una vez por todas. Y me permito recordarle a todos los habitantes que nada se hace sin esfuerzo.
































