
Si existía alguna duda sobre la realidad, de que el sistema representativo proporcional con su aderezo del sistema D’Hont, padres de la lista sábana de elección de representantes, es el cáncer linfático que mató a la República y por ende a la democracia, acompañada con las libertades individuales y públicas. La aprobación de las leyes que formatearán al Poder Judicial a gusto del Ejecutivo de turno, lo confirman. ¿Qué diputado del partido de gobierno se animará a votar en contra de los deseos de la presidenta, por más que le repugne el fin?, sería un suicidio político. ¿Qué diputado de un minúsculo bloque unipersonal no prestará su voto a cambio de concesiones? La Argentina enfrenta una realidad política que con un grito agónico, solicita de los que viven de la política, que utilicen los recursos para adecuarla a la realidad. El voto directo para presidente es una trampa para el futuro, gana el que posea el Conurbano. Votar un representante basado únicamente en población y no en territorio va contra los intereses nacionales. La elección indirecta para presidente y el sistema uninominal para representantes es la única opción. Hace más de cincuenta años que venimos despoblando el interior y sobrepoblando los centros urbanos. Así, ¿tenemos futuro como Nación?
Julio R Sánchez
Por Matías Petisce
