El ABC de cualquier libro de ética pública nos enseña que la "austeridad" desde el punto de vista de los que gobiernan y dentro del contexto republicano, se presenta como un imperativo por quienes administran la cosa pública. Entonces, se encontraría ínsita la exigencia de austeridad, y desde el punto de vista de los gobernados, sería un derecho exigirles su cumplimiento. Esto señala la teoría. La realidad demuestra lo contrario. Pepe Mujica, presidente electo del Uruguay, afirmó: "Donaré el 87 por ciento de mi sueldo para la construcción de viviendas, no cambiaré mi auto y seguiré viviendo en la casa de siempre". Del otro lado del río de la Plata, el matrimonio presidencial afirmó: "Seguiremos profundizando el modelo". Confesó días atrás el cónyuge de la presidenta: "Compré los u$s 2.000.000 para comprar un hotel en el Calafate". La actitud en estos casos es siempre la misma: ampararse en la vapuleada Constitución nacional. La amnesia les hace olvidar que el derecho no sólo es la ley. Entre una ribera y la otra nos divide el río de la Plata, sin embargo la distancia entre el primer político y los segundos sólo es calculable en años luz. ¡Tan cerca… pero tan lejos!































