El pasado miércoles 21 de octubre fue un día plagado de sorpresas para mí, todas vinculadas con mi salud. Soy asociado a una empresa de medicina prepaga y obra social (por que es ambas cosas) desde hace muchos años. La eligieron mis empleadores en un momento y luego continué con esa cobertura en forma voluntaria. Por unas afecciones de salud que no vienen al caso, mi médico de confianza me prescribe un estudio de última generación. Concurro a informarlo a Osde y a solicitar se lo autorice y para mi absoluta sorpresa me dicen que no "está reconocido". Primera sorpresa: ¿lo que mi médico necesita para opinar no está "reconocido"? ¿Quién no reconoce a mi médico y a su pedido? Solicité la debida explicación y me encontré con la segunda sorpresa: "Le vamos a reconocer el importe que hubiese correspondido si usted se hubiese hecho otro estudio". ¿Cómo? ¿Estamos disimulando un problema de dinero? Hace más de 25 años que pago puntualmente: ¿es razonable que me deba someter a un "simulacro" para poder recibir parte del dinero que deberé abonar en forma particular? Y se vino la tercera sorpresa: mientras aguardaba una resolución realmente razonable, la empleada recibe y autoriza una cirugía estética a una señora que realizaba su correspondiente trámite. O sea, para ver si mis órganos están enfermos mucho, poco o nada, no hay reconocimiento. Ahora, para embellecerse sí hay reconocimiento. Al final, la última sorpresa: la empresa que cuida mi salud, hace donaciones, patrocina muestras pictóricas, auspicia ediciones literarias o torneos de golf, ya sea en forma directa o a través de su fundación. Siempre según su propio criterio y deseo. Con mi dinero. Y el de todos sus socios. Mientras, yo pago mis estudios de salud.
































