La asociación misionera Flor del Desierto pidió a la presidenta de la Nación el otorgamiento del grado de general de la Nación post mortem a Andrés Guacurarí y Artigas, el prócer guaraní olvidado por la historia oficial.

La asociación misionera Flor del Desierto pidió a la presidenta de la Nación el otorgamiento del grado de general de la Nación post mortem a Andrés Guacurarí y Artigas, el prócer guaraní olvidado por la historia oficial.
El originario encabezó las luchas de su pueblo en el litoral contra las invasiones portuguesas y paraguayas, además de gobernar y defender Corrientes de la centralización porteña. El pedido hacer referencia a la reparación histórica realizada por el gobierno con Angel Vicente Peñaloza y Juana Azurduy.
Juan Manuel Sureda, presidente de la asociación con sede en Posadas, indicó que iniciativa para rescatar la historia de Guacurarí, comandante general de Misiones, coronel de Blandengues de Montevideo y "primera espada" del general José Gervasio Artigas, entre los años 1815 y 1819, fue apoyada en el Congreso nacional por las diputadas Julia Argentina Perié, de Misiones, y María Elena Chieno, de Monte Caseros, de Corrientes.
Agrega que "sólo Artigas con sus lugartenientes, entre ellos su ahijado Andrés Guacurarí, resistieron tenazmente la invasión portuguesa de sus patrias chicas. Buenos Aires dejó hacer, casi indiferente. Mientras San Martín, a mil leguas de distancia, enfrentaba las fuerzas de la Corona de España en Chile y Perú. Españoles o portugueses eran lo mismo. Contrarios a la independencia americana. La causa de los patriotas era la autodeterminación de los pueblos y el elegir a sus gobernantes".
"Las luchas que llevara adelante Guacurarí y Artigas para lo que es hoy la mesopotamia argentina lo fuera realmente, son dignas de estudio y aún se hallan semiocultas en los repositorios y bibliotecas de Asunción, Montevideo, Porto Alegre, Río de Janeiro, Corrientes, Santa Fe, Buenos Aires y Madrid. De lo que pudimos rescatar se encuentran en las obras de Aníbal Cambas, Salvador Cabral, Jorge Francisco Machón y Oscar Daniel Cantero y alguna breve referencia en la «Historia de Belgrano», de Bartolomé Mitre", indica Sureda.
"En la batalla por Apóstoles el 2 de julio de 1817 —resalta Sureda— obliga a cruzar el Uruguay y retirarse a fuerzas luso-brasileñas invasoras. También recuperó Candelaria, capital de Misiones, en manos realistas", recuerda.
Luchó para recuperar San Borja, San Lorenzo y San Nicolás, pero en 1819 es hecho prisionero y llevado a cárceles esclavistas de Río de Janeiro, donde se pierden sus rastros hacia el año 1821.
El respeto en dos orillas y el odio "caté"
“Andresito era bajo, robusto y marcado por la viruela, hablaba portugués, castellano y guaraní. Era católico y devoto de San Francisco de Borja”, relatan Machón y Cantero.
Entre 1725 y 1750 su nombre se registró en la reducción de San Borja. Tras la invasión portuguesa de 1801 a las misiones, Andresito vivió con su madre en Santo Tomé, donde años después armó una fábrica de sables para aprovechar el sulfato ferroso en la zona y la habilidad de los guaraníes.
En Brasil es también reconocido por pelear contra la opresión lusitana. Pero los “caté” (gente bien) de Corrientes no lo perdonan por entrar a pie y desarmado el 21 de agosto de 1818 en su capital con sus guaraníes y banderas artiguistas, tras repartir tierras y liberar a gurises que eran explotados por familias patricias.



Por Florencia O’Keeffe
