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Sobre un gobierno de unidad nacional

Hace unos días se pronunció a través de los medios el gobernador de Córdoba acerca de la creación de un futuro gobierno de unión nacional, viejo apotegma justicialista propiciado en el último tiempo del ex presidente Perón.

Martes 02 de Septiembre de 2014

Hace unos días se pronunció a través de los medios el gobernador de Córdoba acerca de la creación de un futuro gobierno de unión nacional, viejo apotegma justicialista propiciado en el último tiempo del ex presidente Perón. Claro que antes de ello sería menester lanzar un proyecto de reconciliación nacional. La reconciliación es el restablecimiento de la concordia y la amistad entre dos o más partes enemistadas. Cuando hay enemistades, va de suyo que hay desencuentros. Es necesario recomponer la amistad social en forma inmediata. En cuanto al preocupante tema de la inseguridad no se puede continuar en este estado de crimen permanente, de la negación de la vida. Ha dicho el susodicho gobernador que la gente está hastiada de las rencillas feroces e interminables. Coincido totalmente, los cruces plagados de esgrimas, de retóricas, donde la denuncia altisonante no pasa de eso y luego no se prueba nada aunque la violación de la ley haya existido, se utiliza para posicionarse políticamente: eso realmente no sirve para nada. El enjuiciamiento ha de devenir a su tiempo luego de planteadas las formas de continuar con el acuerdo de la paz si se lograra. Estamos viviendo en un tiempo de convulsión que parece ser imparable. No vayamos tan lejos, miremos lo que ocurre en nuestra ciudad, todos vivimos con miedo al entrar o salir de nuestros hogares. Fijémonos, hasta le han baleado el domicilio del propio gobernador. Es estar al garete. El punto máximo: es como decir que han baleado a la máxima autoridad de la provincia, pues esa era la intención, el desamparo es absoluto para cualquier ciudadano de a pie. Los dirigentes políticos deben entender que la sociedad está aturdida y se desorienta minuto a minuto. Los padres no saben cómo mostrarles a sus hijos la realidad, cómo hacerles entender la muerte sin límite, ni tampoco la falta de represión a ese desatino continuo que estamos padeciendo. Para muchos pensar que los sectores encontrados puedan sentarse alrededor de una mesa a encarar la búsqueda de soluciones a estas demenciales situaciones de violencia les parece una utopía. Mientras tanto, los sectores políticos permanecen descerrajando diatribas entre ellos. Estamos muy preocupados y desorientados por la violencia como para oír agresiones e insultos. Observemos si no nuestro vicepresidente en ejercicio, posee tres procesos judiciales mientras conduce el Senado de la Nación y de tanto en tanto sustituye a la presidente; caso inédito en la historia política argentina y tal vez del mundo. Pero además, como bien dice el documento de los obispos “Felices los que trabajan por la paz”, de reciente publicación, el patético tema de la droga y sus consecuencias sociales, la corrupción a la que califica de “cáncer social”, y otros desvaríos que se intenta justificar desde el pináculo del gobierno. Para construir una sociedad saludable es imprescindible un compromiso de todos los integrantes del tejido social en el respeto a la ley; es menester impulsar que la reconciliación llegue a una concertación donde se selle sólidamente un pacto que se pueda sostener, y que esté plasmado en políticas públicas sobre temas viscerales. Ya nadie quiere escuchar ollas de grillos en las que todos gritan y nadie escucha dónde. Además, por si fuera poco, desde los programas de entretenimiento televisivos se ridiculizan a figuras que con buena o mala participación en las decisiones públicas fueron elegidos, a su tiempo, por la voluntad popular; ello propende al deterioro de las instituciones y sólo aportan a que los personajes aumenten pingües ganancias y solamente dejen sonrisas entre sus oyentes, pero que inculturisan al pueblo en forma significativa. No estamos en contra de la alegría pero que se logre por otros senderos. Si un dirigente político o un partido no han actuado diligentemente hay que cambiarlos no ridiculizarlos. Debemos caminar hacia la construcción de una sociedad seria para llegar a poder consensuar y dialogar en ara de terminar con los dislates y no que nos desternillemos de risa mientras en la puerta de nuestra casa estén matando a nuestro vecino o esperándonos para terminar con nosotros.

Héctor Malvar / DNI 6.050.203

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