Lanata, Morales y 678 en definitiva son la misma cosa, responden a sus intereses corporativos, monopolios privados y oficiales sean funcionales a la oposición o al oficialismo de turno. Nos quedamos en oposición: desde siempre fueron cómplices de toda corrupción o golpe de Estado. Ese tire y afloje hecho públicos muchas veces, "yo te voto esto, vos votame lo otro". El gobierno nacional siempre fue discriminatorio, privilegiando a los de sus mismos colores partidarios. Y no desde hace 30 años, no echemos la culpa a la recuperada democracia en el 83. Nos quedamos en democracia: único sistema de gobierno legal y válido, con todas sus imperfecciones y errores gubernamentales y sus actores políticos. Somos un país signado por las antinomias y así nos ha ido. Las acciones privadas de los hombres son reservadas a Dios, y me pregunto: ¿y las públicas? Porque la Justicia… bien, gracias. Pero los jueces no son los culpables de nuestras desgracias, sino el pueblo mismo. Un pueblo que es argentino cada cuatro años que se juega un Mundial de fútbol, un pueblo que festeja y se deja manosear por Tinelli, que hasta hace tres años se prostituía el hombre buscando a esa mujer pública o un travesti en las zonas rojas. Hecha la ley, hecha la trampa nos identifica a los argentinos. No hay más rubro clasificado 69, pero le buscaron "la vuelta" y aparecen "señoritas que buscan compañía", o aquellas que ofrecen masajes, y las que en su caradurismo elevado a su máxima expresión buscan "relaciones informales", ¿si esto no es "touch and go" qué es, señores legisladores? Y me quedo con los legisladores, raza extinguida, porque no legislan, sólo aprueban leyes que envía el Poder Ejecutivo con los ojos cerrados. Y me quedo con lo de ojos cerrados, los ojos que no quieren ver la realidad, esa realidad que era única, según el tres veces presidente Juan Domingo Perón. La realidad de ir al almacén, la farmacia, la verdulería, la librería y ver la realidad que no hay tal congelamiento de precios, ni acuerdo de precios, pura cháchara, para disfrazar un Indec, cuyos índices siempre han sido cuestionados, porque siempre han sido dibujados para acomodarlos a los intereses de las deudas públicas y privadas. Sé poco de números, no me gustan los números, pero "la única verdad es la realidad", y esta me hace ver números distintos a los que maneja el gobierno. Me quedo en gobierno, en todas sus estructuras, municipales, provinciales y nacional, en sus integrantes y cuerpos legislativos. Una deshonra para la Patria, ostentación, falta de austeridad; periódicamente sospechados de corrupción. Una clase dirigente que no se merece este sufrido pueblo, cansado que les prometan diálogo y pacificación, actuando como rebaño de ovejas, esperando un plan social y un subsidio, siendo también cómplice de aceptar que le paguen "en negro" para recibir ayuda de un gobierno paternalista y demagogo, y que sigue apostando a este modelo por miedo a perder tales "beneficios". Y me quedo en beneficio para asociarlo a maleficio y preguntarme cuándo nos despertaremos de este hechizo. ¿Quién será el justiciero o príncipe encantado que desde el 2015 pueda con la simpleza de su corazón, sin odios ni rencores lograr que mi país y su gente seamos felices?






























