El sábado 18 de octubre pasado fui al parque Independencia a ver el partido de rugby entre GER (Gimnasia y Esgrima Rosario) y Los Caranchos. La propuesta de Caranchos, a decir del comentarista deportivo de La Capital, "rozaba el filo de los excesos". Pero esos excesos son solamente posibles si existe un árbitro que los permite. Y como no podía ser de otra forma, a los 30 minutos del primer tiempo, el número 9 de GER recibe un tackle de un jugador de Caranchos en off side, fuera de tiempo y en la cabeza. Cualquiera que haya visto partidos de rugby sabrá que constituye una grave infracción sancionada con las más severas penas. El referí solo cobró un penal y el jugador de GER terminó en el hospital, con traumatismo de cráneo, fractura del arco cigomático y hundimiento del malar necesitando cirugía. He defendido este deporte, lo he jugado y disfrutado, le he dado mis tres hijos y tengo mis mejores amigos en él. Nunca creí que se convertiría en un circo romano. Hoy mi hijo de 20 años y con interesantes condiciones técnicas como jugador, necesita una cirugía a causa de un arbitraje permisivo para los excesos y quizás no preparado para este nivel de competencia. Como el mismo árbitro me manifestó, "de los errores se aprende"; tuvo la suerte de que su error "solamente" significó una fractura de malar y demás y no algo mucho más grave. Seguramente estas palabras no pasarán de una carta de lectores y todo navegará en la mediocridad de nuestros dirigentes que nada harán para que esto no vuelva a ocurrir o esperarán que los reclamos "se enfríen" y el circo romano seguirá funcionando.
































