Me dirijo a los legisladores con el fin de expresar mi disconformidad y desagrado por el desempeño de sus funciones como representantes del pueblo en ambas cámaras, tanto a nivel provincial como nacional. Permítanme comunicarles mi hartazgo al escuchar repetidamente acusaciones, críticas, agravios, frases superfluas entre ustedes, que por cierto nada bien le hacen al país. Sin temor a equivocarme, considero que están ocupados y preocupados en asuntos particulares en lugar de plantear soluciones inmediatas a la comunidad a través de iniciativas o proyectos de ley. Estoy convencido de que ponen el acento en el aspecto discursivo, en discusiones bizantinas, y no en cuestiones inherentes al progreso social o desarrollo humano. Es verdad que algunos diputados y senadores de mi país trabajan bastante, proponen cambios, generan ideas, demuestran probidad y responsabilidad; pero en gran proporción exhiben insensibilidad, indiferencia e incapacidad para legislar. Desde el exterior, ven una Argentina con enfrentamientos de las distintas clases sociales, dirigentes políticos que han incrementado su patrimonio en poco tiempo, individuos desesperanzados y empobrecidos. Deben renunciar a los discursos vacíos de contenido, a las injurias incesantes. Una nación se construye en base a la educación, el respeto, el trabajo, la honestidad, la responsabilidad; empero mucho influye el accionar de su clase política, en su capacidad para brindar bienestar a los pobladores. Les ruego que sean consecuentes, o sea que toda iniciativa para favorecer a los ciudadanos constituya firmemente un fiel reflejo de sus palabras y sus pensamientos. Cambien la modalidad de ejercer un cargo público. Basta de enfrentamientos, disputas de poder, frases descalificadoras hacia quienes pertenecen a otra estructura partidiaria. Hay que buscar consensos, diálogos, acciones conjuntas. Por favor, háganlo por el bien de todos los compatriotas.


































