Hace unos días, estaba dejando a mi hija en La Siberia y pude presenciar cómo un delincuente le robaba la cartera a una estudiante. Por mi temperamento quise reaccionar, pero la contención de mi hija pudo más y evitó que me convirtiera en un "justiciero" de los que desgraciadamente están llenos los cementerios. Mientras regresaba masticando bronca, pensaba que por una diferencia de minutos no le había ocurrido a mi hija y me dije: tengo la suerte de que mi hija vaya a una excelente facultad pública, a la que no hago ningún aporte. Entonces, ¿por qué no invertir en seguridad para que todos estemos más tranquilos? El gobierno no está preparado o no tiene los medios para protegerlos. Propongo entonces contratar entre los padres un servicio de seguridad para el predio, de forma transparente, a través de una fundación o institución controlada. Sé que cuando los alumnos salen de la facultad les puede ocurrir cualquier cosa. No hagamos como el avestruz. No nos escondamos para que después, cuando ocurra alguna desgracia, nos desgarremos las vestiduras.
































