Un nuevo revés judicial se sumó a los acumulados por Mario Roberto Segovia desde
su detención hace poco más de dos meses: la Cámara Federal de Apelaciones porteña convalidó uno de
los tres procesamientos dictados por un tribunal inferior por contrabando agravado de
estupefacientes hacia México, lo que supone la confirmación de su prisión preventiva y del embargo
millonario dispuesto en su contra.
El fallo confirmado supone que el dueño del Rolls Royce
Phantom residente en Fisherton afrontará un juicio oral y público en fecha a definirse.
El fallo ratificado es del juez federal Nº 6 de Capital
Federal, Marcelo Aguinsky, que procesó a Segovia como proveedor de más de media tonelada de
efedrina enviada a México. Este juez consideró probado que Segovia suministró los 524 kilos de
efedrina ocultos en un cargamento de 12 mil kilos de azúcar, despachados desde el depósito fiscal
Sadocks SA, del barrio porteño de Barracas, que llegaron en un contenedor al puerto de Naucalpán,
en México, en abril de 2008. El mismo juez concluyó que este rosarino de 38 años proveyó una carga
similar de efedrina destinada a México que no llegó a ser enviada.
Los argumentos. Para procesar a Segovia como proveedor de la efedrina a México, el
juez Aguinsky se basó en informes de la Secretaría de Inteligencia del Estado (Side), en pericias
telefónicas y otros elementos que determinaron, con sospechas suficientes, que "Segovia posee
amplias vinculaciones con la gran mayoría de procesados" por aquel delito.
Entre los procesados estaban los dueños del depósito fiscal
Sadocks SA (los rosarinos Rubén Galvarini padre e hijo), funcionarios aduaneros acusados de faltar
a sus deberes de control, un despachante de aduanas y las personas que utilizaron el nombre de una
empresa (Euromac SRL) como exportadora del azúcar en la que se disimuló la carga.
Otras dos acusaciones. La otra causa por la que procesaron a Segovia se inició en
julio de 2006, cuando la Aduana de Ezeiza encontró un bulto sospechoso proveniente de un
laboratorio francés que, según se determinaría luego, contenía aconitina y ricinina, sustancias
altamente tóxicas que, entre otros usos, se emplean para elaborar armas químicas por su mortífera
potencia.
El juez Ezequiel Berón de Astrada lo procesó a fines de
diciembre por comercializar esas sustancias prohibidas. Adujo que para hacerlo Segovia ocultó su
identidad usurpando el nombre de Héctor Germán Benítez, que su actividad declarada no se
correspondía con el tipo de negocio que intentaba concretar, que la dirección comercial que usaba
era un domicilio virtual y que engañó a las autoridades aduaneras en base a deliberada utilización
de datos falsos.
La caída. En su única declaración a la prensa, Segovia se declaró inocente de
todos los cargos en su contra. No especificó qué actividad explicaba su patrimonio, según dijo,
porque esperaba decirlo primero ante la Justicia.
Segovia debe esperar en prisión el juicio oral porque la
pena que puede caberle si lo condenan es alta y, además, por haber utilizado una falsa identidad,
de lo que surge para los jueces la idea de que si lo liberan eludiría la acción judicial.
La
Cámara Federal porteña hizo una evaluación positiva del procesamiento. "De los elementos
indiciarios en los que se ha hecho referencia precedentemente valoramos que a la luz de la sana
crítica racional resultan precisos, concordantes y no contradictorios. Y nos hacen concluir que
Mario Roberto Segovia intervino en los hechos que se le atribuyen", dice el pasaje más
significativo de un escrito de ocho páginas. Segovia además está procesado en otras dos causas por
delitos federales. Una la condujo el juez federal de Campana, Federico Faggionatto Márquez, abierta
tras el allanamiento a un laboratorio de metanfetaminas en Ingeniero Maschwitz donde detuvieron a
nueve mexicanos en julio. El proveedor de la efedrina con la que se hacían allí las metanfetaminas,
Mario Raúl Ribet, declaró que "sólo tiene un cliente al que le vende efedrina, de nombre Benítez,
que tiene un laboratorio en la ciudad de Rosario". Héctor Germán Benítez era el nombre que usaba
Segovia para enmascarar sus movimientos comerciales, que hacía desde una oficina de Entre Ríos
1031, frente a plaza Sarmiento. Segovia fue apresado el 23 de noviembre en el aeroparque porteño.
Tras la detención se realizaron en Rosario 14 allanamientos en la zona de Rosario. En su casa de
Alvarez Condarco al 400 bis fueron incautados el Rolls Royce, dos camionetas Hummer y una Land
Rover. También se decomisaron diez armas de fuego, lingotes de oro y 275 mil euros.