Como en la canción con versos de Rafael Alberti, se equivocó la paloma. La Capital en la edición del domingo 27 de diciembre ("La foto", página 2) daba cuenta de una paloma atrapada en la vidriera de un local céntrico desocupado. Pese a esa nota los responsables no se dieron por enterados. Y el martes 29 diciembre, en la misma sección, se volvió a publicar la foto de la paloma, pero esta vez muerta. Fui hasta allí y comprobé que en la vidriera del local yacía la paloma. Quizás en algún momento en busca de resguardo se equivocó la paloma y entró a un local donde se sintió atrapada. Buscó salir, luchó por su libertad hasta morir. Nadie supo, ni pudo auxiliarla. Como en la vida, ¿cuántos hombres con ideales de un mundo mejor se sienten atrapados por la insensibilidad humana y vuelan con sus sueños sin encontrar salida y llegan a morir? La paloma muerta, con su cuerpecito sobre la vidriera, deja una advertencia para esta ciudad, que muestra desinterés y negligencia. Muchísimos locales deshabitados o en alquiler permanecen por mucho tiempo abandonados sucios, malolientes, carteles aéreos con peligro de caerse, veredas rotas, cañerías que desperdician agua y una pobre imagen estética. No conozco las ordenanzas, pero si no existieran debieran promulgarse, y si las hay, se deben incentivar los controles. Los propietarios o inmobiliarias debieran ser responsables. Los transeúntes o vecinos linderos no pueden esperar que se concreten negocios o se vendan terrenos. Bien podrían los locales en alquiler o abandonados mantenerlos limpios, prolijos, exhibir en sus vidrieras afiches promocionando la ciudad, etcétera. También las obras en construcción, que son muchas, tendrían que ocuparse por mantener sus veredas en condiciones, no obstruyendo el paso de la gente. Falta mucho por hacer. Sobre la vidriera estaba la paloma muerta. Como en la canción, se equivocó la paloma..., pero al morir buscando su libertad nos dejó la oportunidad de decir cosas como éstas.


































