Es increíble cómo se nos va la vida sin darnos cuenta. Y es tan rápido el diario vivir que son pocos los momentos que nos tomamos para mirar atrás. Sólo cuando algo nos sacude en forma tan terrible como la muerte de alguien querido somos capaces de recordar cuántos instantes de nuestro pasado están asociados a ese ser maravilloso que se fue. Es por eso que no puedo dejar de recordar mis años adolescentes escuchando aquellos temas que alimentaban el alma y hacían volar los sentimientos, como no puedo dejar de recordar la complicidad de mi padre, que compartió siempre conmigo el amor por su música y su poesía. Cuando digo que se me fue un ídolo lo hago porque creo que ídolo es aquel que da un ejemplo de vida, de lucha, de honestidad, de hombría de bien y de amor, y que es capaz de reconocer sus errores, como el de haber fumado toda su vida. Por eso la gente los elige sin equivocarse. Por tu voluntad inclaudicable, por tu pelea hasta el fin, por haber sido un buen tipo: gracias, Sandro que Dios te dé toda la paz que merecés. Aquí estarás para siempre en los corazones que supiste conquistar.


































