Con profunda emoción y reconciliación con la vida, presencié el sábado 18 de octubre un espectáculo maravilloso programado por jóvenes nuestros, profesores de educación física, que con total inteligencia y creatividad organizaron un evento en el Monumento Nacional a la Bandera. Lo llamaron "Movimiento mayor", supongo que como una ingeniosa manera de referirse con delicadeza a las personas mayores. Jóvenes profesores de todos los distritos de Rosario entremezclados con ancianos de todas las edades hicieron una fiesta de verdadero color y sabiduría. Color que fue puesto por los primeros profesores que lograron que las miles de personas sentadas se pusieran de pie acompañando con palmas el original golpeteo de un martillo, y que cientos de ancianos "actuaran y bailaran" diferentes esquemas gimnásticos en el escenario. La sabiduría también fue puesta por ambas generaciones. Los jóvenes con la muy asombrosa condición de entender que "la diversión" es una parte fundamental de la vida ajena a la edad, y los mayores demostrando que también en la vejez, como en todas las edades, se puede seguir sintiendo unas maravillosas ganas de vivir. Fue contagioso. Porque el ser humano no muere cuando envejece, muere cuando se le termina la vida. Mientras tanto hasta donde su cuerpo y su mente se lo permiten, baila, canta, participa, ríe, comparte, siente. Esta juventud de profesores evidentemente saltando la barrera generacional así lo comprendió y los abuelos, por si quedaba alguna duda, se lo demostraron a quienes como yo pudieron entenderlo. Sin dejar de aplaudir todos, actores, profesores, autoridades y público en general terminamos bailando como un sincero homenaje a la vida.
































