Robaron un súper y pidieron un juez para entregarse
Robaron ayer a la mañana un supermercado chino en barrio Tablada y corrieron. Todo fue tan
rápido que, además de la pistola calibre 22 de un vigilador privado, se llevaron un billete de 10
yuanes chinos. Eran dos, pero no tuvieron suerte. Mientras corrían como desaforados, efectivos de
la comisaría 16ª y de la Agrupación Cuerpos les salieron al cruce...
27 de noviembre 2008 · 01:00hs
Robaron ayer a la mañana un supermercado chino en barrio Tablada y corrieron.
Todo fue tan rápido que, además de la pistola calibre 22 de un vigilador privado, se llevaron un
billete de 10 yuanes chinos. Eran dos, pero no tuvieron suerte. Mientras corrían como desaforados,
efectivos de la comisaría 16ª y de la Agrupación Cuerpos les salieron al cruce. Se metieron en la
casa de la mamá de uno de ellos, en un pasillo de Ayolas 75 bis, y pidieron un juez. "Si no, no nos
entregamos nada", gritaron.
Después de tres horas bajaron la guardia. Tenían un puñado de pesos, dos armas
cortas y una tumbera. Ambos habían salido con permiso de prisión y no volvieron: uno de Coronda y
el otro de la redonda como se conoce a la cárcel de Riccheri y Zeballos.
"Vine porque no se quería entregar. Ya no sé que más hacer con este hijo mío.
Voy a ir a hablar con el juez de Coronda para que no le dé más la salida transitoria, porque no
vuelve. Que cumpla con su condena". Mojada en el cuerpo por la lluvia y con los ojos en lágrimas,
Catalina enfrentó a los medios a la entrada del pasillo de Ayolas 75 bis, donde su hijo negociaba
con la policía. Catalina es la madre de Walter Alfredo Giusti, de 39 años, quien hasta abril del
año pasado cumplía una condena por robo calificado en la cárcel de Coronda. Junto a Giusti estaba
Carlos Emanuel Ramos, de 27 años, también evadido pero de la prisión más grande de Rosario: la
Unidad 3.
La aventura. Con las primeras gotas de garúa, Giusti y Ramos llegaron al
supermercado chino de Garay al 70. Eran las 9.20 cuando irrumpieron. Llevaban un revólver calibre
32 y una tumbera. Fue de manual. Redujeron al empleado de vigilancia privada y le quitaron una
pistola Bersa calibre 22. Luego prosiguieron con varios clientes y con Lin Zeng Zeng, de 33 años,
encargado del lugar.
Además del arma arrasaron con unos 300 pesos en efectivo, una calculadora, un
reloj pulsera y tarjetas de la colectividad chino-argentina. Se fueron a la carrera. Pero un vecino
que los vio entrar llamó a la policía. Los ladrones corrieron pero a pocos metros ya tenían encima
a efectivos de la seccional 16ª y de la agrupación Cuerpos.
Quizás fue el instinto de supervivencia, o algo parecido, lo que llevó al dúo de
malandras a entrar por el pasillo que se abre en Ayolas 75 bis, y que tras pasar por las entrañas
de la manzana la comunica con Chacabuco. Desde Ayolas hicieron unos 30 metros y se refugiaron en
una humilde casa que es propiedad de Catalina, la mamá de Giusti. Los dos hombres se metieron y
trabaron la puerta. "No nos vamos a entregar. Que venga mi vieja y el juez", aseguran que le gritó
Giusti a los policías. Poco había pasado de las 9.30, cuando en minutos Ayolas entre Chacabuco y
Esmeralda se llenó de móviles y uniformados. Había efectivos de la comisaría 16ª; de la Inspección
3ª Zona; Orden Público; Agrupación Cuerpos y de las Tropas de Operaciones Especiales (TOE). También
se apersonó el juez de Instrucción Jorge Eldo Juárez.
Bajo la supervisión del juez Juárez comenzó una negociación que terminó cerca de
las 12.30 con los dos bandidos reducidos. En el medio se largó a llover con furia. "Espero que
salgan rápido, voy a tener que poner un fuentón, mi casa se llueve toda", se sinceró Catalina.
Según precisaron fuentes allegadas a la causa, incautaron un revólver calibre 32, una pistola Bersa
calibre 22 y una tumbera. Parte del efectivo, un reloj pulsera, un Nextel y una calculadora. Se
supo que Giusti en abril pasado se había ganado la salida transitoria de la cárcel de Coronda,
donde purgaba una condena por robo calificado. Según su madre, le faltaban tres meses. Ramos debía
volver a la redonda.
Con el lugar asegurado, Giusti y Ramos salieron con sus cabezas tapadas y
férreamente custodiados. Y uno de los dos volvió a tener mala suerte. Lo subieron al móvil 2870 del
Comando Radioeléctrico que no arrancaba por nada. Los empujaron a mano. Y nada. Le dieron un
empellón con otro móvil. Y tampoco. Cansados de tanto empujar, a unos pocos metros de Esmeralda,
los uniformados sacaron al preso y lo colocaron en otro móvil. Todo bajo una intensa lluvia de
verano.