"Los más pobres fueron quienes con las tropas de Belgrano salieron de Jujuy el 23 de agosto de 1812. Partieron a la tarde y el general fue el último en dejar la ciudad", indica Ana Teruel, doctora en Historia y profesora de la Universidad Nacional de Jujuy. "Recorrieron hasta Tucumán 360 kilómetros paralelos a la ruta 34, serían 1.500 personas (de los 2.500 a 3.500 pobladores), algunos que pudieron refugiarse en fincas rurales habían empezado el traslado en julio", explica la profesora.
Belgrano llegó al frente del descalabrado Ejército del Norte en marzo de 1812. Buscó rearmarlo luego de la derrota de Huaqui (hoy Bolivia), el 20 de junio de 1811. "Pero ante el avance de las tropas españolas con 3.000 hombres, al mando de Pío Tristán, Belgrano emitió el 29 de julio un bando ordenando dejar la ciudad para que los realistas hallaran la tierra arrasada y sin elementos que sirvieran al avance del enemigo. No se hablaba de éxodo, era una táctica. El Triunvirato ordenó que si los realistas avanzaban hacia Jujuy, «nuestro ejército retrograde» y se refugie en Córdoba", indica la investigadora del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet).
Jujuy era la ruta para el comercio de ganado con destino a las minas de Potosí y de las importaciones porteñas hacia el Alto Perú. Los europeos y sus descendientes criollos estaban en la cúspide de la pirámide social y eran poco numerosos, la población originaria era la mayoría, poblaba la Puna y vivía con sus hilados, ganados y de la extracción de sal y minerales como el oro, de algunos ríos. También había negros esclavos y libertos.
Los investigadores indican que hasta agosto de 1823 en la región jujeña se registraron 12 invasiones y 124 batallas, en la lucha por la independencia. Además, se produjeron otros éxodos documentados en 1814 y 1817. La guerra destruyó poblados, campos, recursos y se interrumpieron las actividades económicas.
"Al investigar esa gesta, vemos que Belgrano estaba muy enojado por los obstáculos que enfrentaba: más allá de las versiones simplistas, la realidad no era la de una región poblada por patriotas que peleaban contra un ejército español que bajaba", explica.
Al decidir el inicio de la marcha, las tropas enemigas se hallaban cercanas a Humahuaca, a sólo unos 100 kilómetros de la capital jujeña. La Puna ya estaba en manos de los realistas.
Una sociedad divivida. La sociedad jujeña, salteña, todo el Virreynato del Río de la Plata, estaba compuesta por gente que adhería a la revolución y otros muchos que defendían el orden social colonial. Habían pasado sólo dos años de mayo de 1810 y los rasgos coloniales estaban muy arraigados", explica la profesora a La Capital.
Resalta que "las familitas poderosas aparecen en uno y otro bando, algunas fracturadas y enfrentadas. Había disputas entre vecinos y amigos".
Al contrario de la visión simplista de la historia, la investigadora sostiene: "No era un choque entre españoles y americanos, ambos ejércitos se nutrieron de todos los sectores sociales y étnicos: españoles, americanos, mestizos y pobladores originarios. Hasta había jefes realistas que como José Manuel de Goyeneche y Pío Tristán eran peruanos y ex compañeros de estudio y armas de Belgrano.
"Queríamos evitar la visión de «patriotas y traidores»", agrega. Habían pasado sólo dos años de mayo de 1810 y las transformaciones recién empezaban. Muchos seguían fieles al orden colonial. Era muy fuerte el núcleo duro que defendía a España. Cuando Belgrano ordena el éxodo también en Salta, muchos no se movieron y quedaron en apoyo de los realistas".
Victorias y regreso. Sobre la vuelta de la población a su pueblo, Teruel relata que "fue muy duro, muchos vivieron muchos inconvenientes para retornar a Jujuy. Algunos se debieron quedar. Pero Belgrano no retrocedió hasta Córdoba y presentó batallla.
En el camino ya habían sufrido las tropas criollas del coronel Eustaquio Díaz Vélez, que fueron atacadas por la vanguardia realista. Pero en Tucumán, Díaz Vélez los enfrenta y vencen en Las Piedras, el 3 de septiembre. Luego vendrían las dos grandes victorias del ejército belgraniano, en Tucumán triunfaría en la batalla del 24 y 25 de septiembre. Meses después, el 20 de febrero de 1813, reafirmaría la presencia patriota en la zona al derrotarlos el 20 febrero de 1813. Entonces los jujeños regresaron a su ciudad, era un momento de ruptura, el fin de la colonia y comenzaba la formación de un Estado independiente.
Tras años de no conmemorar el histórico suceso, fue en 1923 que comenzó su celebración. El libro "Jujuy en sus documentos" es una recopilación del "Archivo Capitular" de Ricardo Rojas, con selección y prólogo a cargo de la historiadora Viviana Conti.