Cuando la democracia está renga y los reclamos populares no llegan a las autoridades por las vías establecidas (o sea, cuando los partidos y los legisladores tienen otras preocupaciones), la gente necesitada se las arregla para hacer ruido y que la oigan. Pongan la televisión y van a ver que esto ocurre en todo el mundo, porque parece que en todas partes la democracia está en deuda con el grueso de la sociedad. Los cortes molestan porque retrasan el traslado de personas y mercaderías a sus lugares de destino. Los necesitados que proceden así no tienen otra alternativa, porque para hacerse oír no disponen de diarios, ni radios, ni televisión, ni equipos de publicidad. Los particulares que protestan contra los piquetes no se interesan en analizar los motivos de los reclamos, porque lo único que los preocupa es su beneficio individual. Sin embargo, cuando los que hacen piquetes son los sectores de mejores ingresos, aquellos mismos particulares destacan las razones que los asisten y entonces apoyan los cortes de calles y rutas. En relación con esta cuestión se me ocurre la siguiente pregunta: ¿si no existieran los movimientos sociales, los que hacen los cortes y piquetes para que se tenga en cuenta su situación y necesidades, cómo estaríamos? ¿Qué sería de los argentinos? Aparentemente las cosas estarían bien, ordenadas y tranquilas, con muchos individuos que no tendrían pretextos para protestar por todo. Aunque con elecciones democráticas, los genocidas seguirían libres, la legislación laboral destruida, el neoliberalismo barriendo el trabajo y la vida, la jubilación privada medrando con el dinero de los trabajadores, la información en manos de tres o cuatro empresas concentradas, la educación y la ciencia siempre a la cola en los presupuestos, el gobierno mirando impasible cómo los golpes de Estado van volteando los gobiernos populares de toda América, los organismos financieros internacionales afilando las uñas de siempre para seguir comiendo nuestras entrañas. Todo en orden, pero en un ambiente terrorífico. Eso sí, con elecciones casi todos los años. Pero con un resultado muy parecido a la paz de los cementerios.

































