El pasado 11 de octubre se publicó mi carta sobre la renovación del certificado de discapacidad. Me impulsó escribirla otra carta que en la misma sección se publicó el 8 de octubre, firmada por Adelaida Hernández. Esta mamá relataba la penuria que significaba dicho trámite, repitiendo casi lo mismo que yo reflejé en otra carta de lectores, un año y medio atrás. Esta sección del diario permitió que nos pusiéramos en contacto una cantidad de padres de chicos discapacitados. También que la directora provincial de Inclusión para Personas con Discapacidad, Adriana Ciarlantini, me convocara a una reunión para el 4 de noviembre. Concurrí acompañada por Adelaida y por Silvia Buonamico, otra mamá que habitualmente escribe sobre estos temas. Fue una reunión de casi tres horas, cordial, donde fuimos más allá del tema del certificado de discapacidad. Planteamos que existe normativa a nivel nacional, provincial y municipal, pero que no se cumple. Que la mayoría de quienes tienen hijos con discapacidad desconocen toda esa legislación, y mal se puede reclamar por aquello que se ignora. Expresamos que es necesario desburocratizar los trámites porque, insistimos, nos roban un tiempo que para nosotros es precioso. Fuimos con un planteo general, no a resolver un problema personal. Tanto Silvia Buonamico como yo no tenemos nada que gestionar actualmente. Sí Adelaida, quien a raíz de su carta fue convocada y se le entregó en el día el certificado de discapacidad para su hija con síndrome de Down y con validez por diez años, y esto ocurrió una semana antes de la entrevista. Nos preguntamos y preguntamos en voz alta: ¿qué pasa con aquellos papás que quizás tienen menos información, carencias, falta de apoyo y asesoramiento? ¿Cómo viven este camino de acompañar a sus hijos en la discapacidad? Nos queda claro que queda mucho por andar. Que hay un abismo entre nuestras necesidades y los tiempos de la administración pública. Que es necesario una amplia campaña a través de los medios de comunicación para que todos sepamos qué derechos nos asisten, para que la sociedad en su conjunto acepte al diferente y lo integre, para que se multipliquen las escuelas especiales y sobre todo las de formación laboral, públicas y gratuitas, garantizando el acceso de todos estos niños a la educación. Que se concentre en un solo lugar cantidad de trámites que para realizarlos nos obligan a deambular por distintas oficinas, como por ejemplo el pase libre para el transporte urbano de pasajeros, por mencionar sólo uno de tantos ejemplos que podríamos enumerar. Adriana Ciarlantini dejó abiertas las puertas para seguir conversando, y destaco que lo hizo con muy buena predisposición. Pero reitero, es mi interés y de quienes hoy coincidimos en una reunión que el diario no sea el medio "necesario" para resolver un trámite o para poder sentarnos como simples mamás a charlar con la directora del área. Agradecemos a La Capital y a Ciarlantini por habernos convocado.

































