En 2013 la Fifa tuvo que reconocer e investigar los arreglos de partidos realizados por 16 países en selecciones sub y ahora, una organización en Bélgica, que defiende los intereses del negocio de las apuestas, denuncia y arroja el manto de la sospecha sobre el casi más que seguro arreglo de 460 partidos de los cuales sobre 110 no existe la más mínima duda de que los resultados fueron acomodados mediante soborno a jueces, dirigentes y jugadores dentro del marco de las diferentes ligas europeas. Sin tener en cuenta muchos episodios de esta índole que se sospecha se han dado en varios partidos de distintos mundiales pasados, esto al parecer confirma la sospecha de muchísima gente respecto del asombroso grupo de los once, al parecer especie de superhombres del Barcelona, club a cuyo equipo fecha a fecha le salen todas, ante rivales que juegan prácticamente parados, sin ofrecer la más mínima resistencia, y al cual se sumó en primer lugar hace un par de años el Real Madrid, y ahora el Atlético Madrid, es decir, en eso de jugar 38, ganar 34, empatar dos y perder los restantes dos, con 120 o más goles a favor, como si hubiesen vuelto a la década de los cuarenta, cuando todos sabemos que hoy diez pataduras bien plantados, dedicados a ensuciar el juego o hacerlo trabado, complican hasta al más pintado y donde cualquiera le gana a cualquiera, en partidos donde predomina el amontonamiento de jugadores, sin orden ni estrategia, y todo esto justamente en un fútbol no muy dechado de virtudes como siempre había sido el jugado en la península, amén de haber sido tachado alguna vez como el más recio del planeta, pero que al parecer ahora los rivales del Barcelona, contradiciendo el concepto, han devenido poco menos que en senoritas. Algunos hasta dicen que en España hoy se marca así, pero si realmente se marca así, por qué los restantes 16 ó 17 equipos no se golean entre sí. Uno también se pregunta cómo puede ser que si un técnico de un club español que ve cómo fecha a fecha el Barcelona golea con cantidad llamativa de goles en cada fecha a sus rivales, no toma el más mínimo recaudo como ser colocarle una estampilla que lo persiga por todo el campo a Messi, Xavi e Iniesta, como mínimo. Es indiscutible los estragos que logra una marca personal, basta recordar en el fútbol local la de un Aimar a un Zanabria o en el orden internacional la de Messiano a Pelé o la de Reyna a Maradona. Alguien que vio a Pelé cuando no era nadie no tuvo dudas de lo que iba a ser. Todos sabían quién era Maradona cuando voló por primera vez a Europa para jugar en el Barcelona, pero cuando Messi (jugador sin variantes, que siempre hace lo mismo, salir disparado en diagonal) también cruzó el Atlántico, ¿quién sabía quién era? Por otra parte, el Santos de Pelé recibía invitaciones y desafíos de todas partes del mundo, de allí que como una especie de troupe, jugó en infinidad de canchas, muchas de ellas potreros en donde debió dirimir partidos de hacha y tiza ante los cuales no se arredró en lo más mínimo. En cambio, Barcelona ¿por qué no sale a jugar desafíos? ¿No será que es un cantante o grupo que pone la voz en las grabaciones cuya partitura musical o instrumental la ponen otros, por lo cual se haría imposible actuar en vivo en esas condiciones? ¿Qué se mueve, aparte del fabuloso negocio de unos pocos, detrás del probablemente tongo más grandioso de la historia del fútbol mundial? ¿El fabuloso negocio de las apuestas en extremo oriente? ¿Lavado de dinero? Por lo pronto, me resulta que cualquiera que tenga ojo clínico, un player sin variantes como el referido Messi nunca podría llegar a las realizaciones que aparentemente ha logrado. Cuando no existe algún tipo de condición extrafutbolística, este jugador no es más que eso, un jugador, no un superhombre. Al menos ya lo demostró en dos mundiales en los cuales fracasó rotundamente.
































